Carstens, las concertacesiones de ahora PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Javier Valero
Miércoles, 16 de Diciembre de 2009 19:09

Conforme pasan los días aparecen las evidencias de que el país es presa de las negociaciones entre priistas y panistas, de un modo tal que superan, con creces, las sostenidas en las etapas anteriores. Felipe Calderón, derrotado –al igual que Fox- en las elecciones intermedias parece más dispuesto a entregar la plaza aún antes de las elecciones del 2012 y desde ahora concierta con la mayoría priista en la Cámara de Diputados y como si fuera un eco, en la de Senadores, amén de las legislaturas locales (en las que, por puritita coincidencia en diecisiete de ellas con mayoría priista se han aprobado reprobables regresiones consistentes en la penalización del aborto, incluidos los casos contemplados hasta ahora en varias legislaciones) arriban a acuerdos que evidencian manifiestamente que los acuerdos son de largo aliento.

 

Estamos, así ante la posibilidad cierta de que el largo lapso para concretar la transición democrática (que antes pensábamos se podría dar en cuanto se venciera al régimen de partido de estado) sea abortado –quien lo dijera, por quienes ahora se oponen obcecadamente a la despenalización del mismo- y demos lugar a un régimen bipartidista en el que ninguno de los avances democráticos alcanzados en los cuatro lustros anteriores muestren sus bondades y al contrario suframos verdaderas regresiones, marcadas, sobre todo, por los enormes privilegios asumidos por la nueva clase política mexicana.

Y parte esencial de tal entramado es el nombramiento de Agustín Carstens como Gobernador del Banco de México, elegido por el senado. Su larga trayectoria en los organismos financieros nacionales e internacionales tiene un origen: El PRI.

Su propuesta responde al interés inmediato de Felipe Calderón de contar con un funcionario que no desmienta las muy frecuentes mentiras lanzadas por el ahora titular del Banxico, enfrentadas durante los tres primeros años del actual sexenio por el anterior, Guillermo Ortiz, quien obligó en varias ocasiones a la Secretaría de Hacienda a rectificar las alegres y optimistas cifras del crecimiento económico y la inflación que el régimen calderonista se empeñaba en ofrecerles a los mexicanos.

Todo eso es parte del pasado gracias a la actitud obsecuente del PRI. Merced a ello, las facultades extra-constitucionales (así les decíamos también en tiempos de la luenga presidencia priista) de Calderón se prolongarán al acordar el nombramiento de Carstens quien aseguró, al momento de asumir el cargo, que urge “alinear la política monetaria, fiscal y financiera” del Banco de México y Hacienda. Como si todavía formara parte el gabinete, Carstens aseguró que “el Ejecutivo federal busca hacer eficiente la colaboración entre el Banco de México y la Secretaría de Hacienda… ha habido celo excesivo en hacer valer la autonomía de ese instituto”. ¿Hace falta agregar más?

Así ahora, mientras una de las firmas más destacadas en la evaluación de la deuda pública y descalificaba la mexicana, como meses atrás cuando iniciaba la crisis y Carstens la calificaba como un catarrito, ocurre igual, dijo que “el mercado nos califica todos los días y el desempeño de los mercados ha sido muy favorable”. ¡No pasa nada! ¡En 2010 habrá una recuperación sostenida y vigorosa de la economía! dice nuestro perito financiero, de quien Calderón dijo que uno de los “innumerables logros”, como secretario de Hacienda, fue haber manejado de manera responsable “las finanzas públicas, lo que permitió sortear la más grave crisis económica que se ha visto en el mundo”.

Y mientras el senador panista, Fernando Elizondo, le expresó apoyo incondicional al funcionario, la priista María de los Ángeles Moreno expresó su discrepancia con Carstens “en la estrategia económica y en la tibieza y la lentitud de las medidas aplicadas para la recuperación”, de todos modos respaldaría su nombramiento al frente del Banco de México, “aunque no se trata de un cheque en blanco”, ya que le pedirán cuentas de su gestión, ¡Ajá!

¿Cómo se las pedirán si el nombramiento tiene vigencia hasta el 2015, es decir, después de las elecciones presumiblemente ganadas por el PRI? Y todavía se quejan del elevado abstencionismo. Son iguales, dice la voz popular.

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