Deseos secuestrados PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Villegas Montes
Lunes, 08 de Abril de 2013 07:21

Nosotros teníamos un solo baño. En la casa donde crecí (no mucho) vivíamos cinco personas y nadie resultó herido jamás en un conflicto doméstico como resultado de usarlo o no.

Lo digo porque no falta quien se queja de vivir apretujado y con un solo cuarto de aseo. ¿Recuerda lo que dice Sabina de su hija de veinte años? “Se la llevó un extraño y no perdí una hija, gané un cuarto de baño”.
 
Pues no, en esa casita uno podía tranquilamente meterse al baño y quedarse a vivir en él hasta que llegara el tiempo natural de emigrar a algún otro sitio dentro de la misma morada: Una recámara, la cocina o la sala. Teníamos una sola televisión; un aparato de segunda con patas de madera (¡una televisión con patas! ¡De madera!) que perecía un pequeño animal antediluviano y que, como el teléfono, llegó a reinar tarde en nuestras vidas; nadie nos matamos por su causa (aunque a veces ganas no nos faltaran). Pero me estoy saliendo del tema; a donde yo quería llegar es a que la estrechez en la que vivíamos no fue, por sí misma, un factor a tomar en cuenta respecto de nuestras vidas futuras. A partir de ese punto, para todos nosotros, para los tres que quedamos vivos -mi mamá, mi hermana Patty y yo-, todo fue cosa de ir mejorando. En la casa donde ahora vivo hay varios baños y, por ejemplo, cuando María se mete a bañar, no temo que se quede a vivir en él; temo, en cambio, que salga casada y con hijos. Cada mañana, María no sale del baño, le promovemos un juicio sumario de desahucio.
 
A donde quiero llegar es que no necesitamos tres o cuatro baños -nadie con una anatomía ordinaria los necesita-; como tampoco necesitamos tres o cuatro televisiones (tenemos tres), tres docenas de camisas (o vestidos o faldas), 200 corbatas, 80 canales de televisión, dos o tres fincas, cuatro o cinco cuentas bancarias con montones de ceros a la derecha, no; para vivir se necesita bien poco.
 
Sin embargo, este mundo que nos ha tocado vivir se caracteriza por la necesidad de poseer riquezas, por un lado; y de vivir una vida excesivamente relajada y cómoda, por el otro. Incluso, ambas cosas parecieran sinónimos; la riqueza es signo externo de bienestar y el “bienestar” lo podemos, literalmente, calcular sobre la base de lo que tenemos o dejamos de tener en el banco o en una caja fuerte. Nuestra vida se rige por la superfluidad; somos pobres de espíritu; debemos tener; tener y acaparar, porque somos incapaces de tenernos a nosotros mismos o de reconquistarnos a diario; a veces ni siquiera nos soportamos, por eso bebemos cada vez más alcohol; los índices en el consumo de estupefacientes se han disparado entre la juventud;1 y por eso mismo hay quienes son capaces de vender un riñón para comprar un iPod.2
 
Hace 65 años John K. Galbraith escribió “La Sociedad Opulenta”; donde cuestionaba uno de los fundamentos del libre mercado: La soberanía del consumidor. Galbraith demostró que las “preferencias” de los consumidores de un país desarrollado, una vez satisfechas las necesidades básicas, no se crean de modo espontáneo, sino merced a los mecanismos de persuasión elaborados por publicistas y empresarios; de hecho, la producción no responde a las preferencias o necesidades del consumidor, sino a las preferencias y deseos de los fabricantes; en general, la producción deriva de estos; los consumidores son constreñidos (inducidos) a comprar lo que se produce: “Tan grande ha sido el cambio que muchos de los deseos del individuo ya ni siquiera le son evidentes. Se vuelven evidentes sólo cuando son sintetizados, elaborados y alimentados por la publicidad y el arte de vender, y éstos, a su vez, se han convertido en unas de nuestras profesiones más importantes y talentosas”.3 De hecho, los gastos anuales mundiales de publicidad durante 2012 ascendieron a 470 mil millones de dólares; la suma que destinó el Programa Alimentario Mundial de las Naciones Unidas en 2010 apenas sí alcanzó los 3 mil 500 millones; menos del 1% de aquella cifra; en realidad, menos de las tres cuartas partes de un uno por ciento.4 Como resultado, cada vez necesitamos más aquello que menos necesitamos o que, simplemente no necesitamos en lo absoluto: ¿Quién diablos en su sano juicio -que no esté loco ni sea un imbécil, quiero decir- necesita un vehículo a un costo de un millón y medio de dólares que alcance velocidades de 407 kilómetros (Bugatti Veyron)? ¿Para qué? ¿Quién mentalmente sano -sin taras ni complejos del tamaño del monumento a la Revolución- paga por su guardarropa dos millones de dólares en la Casa Bijan, en Beverly Hills (aparte de nuestro querido señor Presidente de la República don Enrique Peña Nieto)?
 
En el colmo del absurdo hemos transigido con poses y frases cargadas de cinismo que, bien miradas, demuestran un ego enfermizo; como aquella atribuida a Carlos Hank González: “Un político pobre es un pobre político”, que en cualquier país civilizado le habría merecido a su autor la cárcel de por vida; visto que siendo un humilde profesor de primaria pudo heredar a uno solo de sus hijos, Carlos Hank Rhon, una fortuna de mil 400 millones de dólares.6
Habitamos un Mundo donde hemos perdido el rumbo; agobiados por un “estilo” de vida que corrompe las fibras íntimas de nuestro ser y nos condena a que ni siquiera algo tan personal, como nuestros deseos, nos pertenezca.
 
Luis Villegas Montes. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla , Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
 
1 Nota de la redacción que bajo el título: “Aumenta consumo de nuevas drogas sintéticas: ONU” publicó en fecha 5 de marzo de 2013 el sitio sipse.com. Visible en: http://sipse.com/mundo/aumenta-consumo-de-nuevas-drogas-sinteticas-onu-18969.html
2 Nota de la redacción que bajo el título: “Adolescente vende riñón en China para comprar un iphone” publicó en fecha 7 de abril de 2012, el periódico El Universal.
3 KENNETH GALBRAITH, John. The Affluent Society. Fortieth Anniversary Edition. Houghton Mifflin Company. EUA. 1998. Pág. 2.
4 MILLET, Daniel. Las Cifras de la Deuda. 2012. Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. 2012. Págs. 5 y 6.
cuando no cae resbala, pues resulta que ya vistió de gloria al Presidente Peña Nieto;1 lo que por otro lado quiere decir -alabado sea el Señor y para bien del Erario-, que ya no se viste a un costo de 50 mil dólares por tacuche, en la exclusiva Casa Bijan, en Beverly Hills.2
5 Nota suscrita por Jenaro Villamil, bajo el título: “Peña Nieto: la Historia de un Guardarropa de 2 mdd”, publicada en fecha 9 de junio de 2011, por la revista Proceso.
6 Nota suscrita por Roberto González Amador que bajo el título: “Sólo 11 empresarios poseen la mitad del ingreso anual de todos los mexicanos” publicó en fecha 8 de marzo de 201 el periódico La Jornada.
 

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