COYAME. PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Villegas Montes
Domingo, 03 de Noviembre de 2013 05:19
“Coyame” es una palabra que he escuchado casi desde que enfoqué mis ojitos pestañudos y vivaces por primera vez; pese a ello, a la vuelta de 47 años, etimológicamente no sé lo que significa. Pero no se confundan mis 31 lectores -Sí, con gozo inenarrable, doy fe de que cada día son más mis apreciados lectores y lectoras. A este ritmo, para el año 2213 me estará leyendo la friolera de 2 mil 496 pares de ojos-; no se confundan, decía, porque, en muchos sentidos, “Coyame” es un referente en mi vida. 
Coyame es mi abuela Esther, el calentoncito portátil de petróleo y el agua hirviendo con cáscaras de naranja esparciendo su aroma de azahares en la morada modesta y minúscula, mientras bebe café y me cuenta, por enésima vez, cómo el General Villa, al que conoció de lejos, se sentaba debajo de los árboles de la plaza principal para escuchar las historias de los viejos de entonces, para luego derramar puñados de monedas en sus manos ásperas y encallecidas, de la textura de los sarmientos. Coyame es Coyame en mi recuerdo; Coyame es Lola, mi mamá, quien para mi buena suerte nació ahí hace muchos años; Coyame es mi papá Homero, pletórico de anécdotas, quien trabajó toda su vida en el corazón de la región; Coyame es mi papá Jesús (algún día contaré esa historia), pasando rasante en su avión, mientras “Mamá Fito”, la abuela de todos, centenaria, saltaba de júbilo (lo que le costó la vida). Coyame es el Coyame de las ánimas nocturnas, fuegos que recorrían sus áridas planicies, alimentando la imaginación de sus moradores con sus historias de aparecidos, pero fiel constatación de que en las entrañas del desierto yacen los mantos petrolíferos que los gringos nos roban día tras día, hora tras hora; Coyame es la Iglesia de la Virgen del Pilar, a donde Lola, niña, en el mes de mayo, llevaba ramos de flores; Coyame es “La Ciénega”, el rancho de mi abuelo Jesús (y del que dicen las malas lenguas que acaba de comprar el Gobernador, entre una docena de fincas y haciendas en los alrededores); Coyame es sol, trabajo, sudor, “ganado”, fiesta, tragedia, alegría, llanto y sotol -tempestuoso elixir que recién acabó de completar su nombre-. Coyame es parte de mi biografía no porque lo conozca y haya estado ahí decenas de veces, no; lo es porque crecí en él, escuchando multitud de historias y nombres evocadores: “Nieves Cervantes”, “Néstor Baeza”, “Jesús Montes” o “Inocente Santillán” (mi bisabuelo, por cierto, enterrado en el atrio de la Iglesia). 
Increíblemente, en la pasada elección del mes de julio, en Coyame hubo un empate. Resulta irrelevante que más de dos docenas de votos los haya obtenido el Candidato del PRI de entre vecinos de otros municipios; que haya invertido más de dos millones de pesos en su campaña, rebasando el tope de gasto en más de un 700%; o que se hayan pagado votos a 2, 5 y 10 mil pesos cada uno; lo cierto es que se declaró un empate. 
El pasado domingo 27 de octubre arrancó la campaña dentro de la elección extraordinaria, pendiente de celebrarse el próximo 24 de noviembre. Yo estuve ahí, acompañado de tres de las mujeres más importantes en mi vida: Lola, mi mamá; Adriana, mi esposa; y Luisita, mi nieta (solo faltó María, quien, por supuesto, declaró que no estaba dispuesta a llenarse de tierra las pestañas, aunque la causa de la democracia la reclamara). 
Como sea, al PRI, a su candidato, al Gobierno del Estado, al Gobierno Municipal en funciones, al Gobernador César Duarte y a todos los que se nos atraviesen o se nos paren enfrente, tenemos algo que decirles: Ese domingo se repetirá la elección pero no el resultado. Ya robaron a los habitantes del Municipio una vez, no los van a volver a robar. 
No lo digo yo, que conste; yo me limito a ser un mero transcriptor; un amanuense, digamos; lo dicho, lo dijo Mario Vázquez, Presidente del PAN estatal, quien ofertó sin restricciones todo el apoyo del Partido; lo dijo César Jáuregui, Coordinador de los diputados del PAN en el Congreso local y se comprometió a estar presente desde que despunte el día hasta que se declare la victoria; lo dijo Roberto Cervantes, el candidato a Presidente Municipal, quien ofreció duplicar su esfuerzo en la campaña que recién inicia; finalmente, lo dijeron los cientos de electores que estuvieron en el acto de arranque y quienes, incluso, amenazaron con tomar las instalaciones de la Presidencia y hacer todo lo que en su mano esté porque, esta vez sí, su voluntad se respete y se imponga, por sobre los discutibles y sospechosos intereses del Partido en el poder. “No nos vamos a dejar”, dijeron. 
Yo, desde estas líneas, con la vista nublada, solo puedo aplaudirles porque es hora de que en Chihuahua le pongamos un alto a los excesos del poder. Exactamente como el 14 de noviembre de 1910, cuando de Cuchillo Parado (nombre insólito que desbocó mi imaginación durante mis primeros 10 años de vida) partió Toribio Ortega Ramírez para incendiar la República;[1] en Coyame, le vamos a poner el ejemplo al resto de México; en Coyame, empieza la reconquista del Estado de Chihuahua; y en Coyame, Acción Nacional le declara la guerra al Gobierno por la gubernatura, el Congreso y sus 67 municipios, en 2016. No más a la corrupción, al nepotismo, al saqueo, a la simulación, a la improvisación, a la mentira, a la estulticia, al doblez moral y al dolor evitable.2 Chihuahua: Nos vemos en Coyame el próximo 24 de noviembre. 
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[1] JORDÁN, Fernando. (2007): “Crónica de un País Bárbaro”. Ed. Azar. Págs. 285-287. Así lo consignan, también, Rosario Rodríguez Ramírez en su libro “Coyame: Tras las huellas de la Revolución Mexicana” y Francisco de Ontiveros en su obra “Chihuahua, Textos de su Historia”. Volumen VI: Continuidad y Ruptura. México. Pág. 207.
2 Para decirlo en la centrada voz de Carlos Castillo Peraza.
 

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