Combate a la pobreza PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Villegas Montes
Escrito por Carlos Jaramillo Vela   
Martes, 06 de Mayo de 2014 15:34

Carlos Jaramillo Vela.

Quien pensaría, años atrás, durante la época del llamado “milagro mexicano”, que los tiempos se complicarían severamente, no solo en México sino también en vastas regiones del mundo, llegando incluso a amenazar la estabilidad social y política de los estados nación. La pobreza lacerante es una realidad en muchos países de Latinoamérica; los gigantes de la región no son la excepción, México, Brasil y Argentina padecen sus respectivas problemáticas en lo concerniente al rezago social y las consecuencias sintomáticas que de ello se derivan, entre cuyas principales manifestaciones figuran la desintegración familiar, la descomposición social y la exacerbada delincuencia.

Hoy América Latina sufre; en no pocos de sus hogares, barrios, calles y ciudades se respira necesidad, marginación y violencia. Hay quienes culpan de la difícil situación social al globalizante modelo de política económica que prácticamente impera en todo el mundo. Sin embargo, si el problema deviene de ahí, la solución no se desprenderá del mercado, ni de las reglas de la libre empresa; el camino hacia el desarrollo social y humano habrá de construirse a partir de las políticas sociales y de bienestar colectivo que los Estados implementen sobre una base fiscal sólida.

La segregación y demás males socioeconómicos que el neoliberalismo pueda provocar, no deben ser objeto de la contemplación pasiva por parte de los entes gubernamentales. Frente a la vulnerabilidad de amplios sectores de la población que ven canceladas las oportunidades de movilidad social provenientes del bienestar material y el progreso cultural y espiritual, se debe oponer la contrarrestante fuerza representada por políticas públicas factibles, cuya eficacia sea capaz de proveer las mínimas condiciones de alimentación, salud, educación e ingreso, para los grupos sociales desvalidos.

La imperiosa necesidad de aminorar los enormes contrastes socioeconómicos y culturales, generando las condiciones que permitan alcanzar un grado aceptable de equilibrio y armonía social, no solo se funda en razones de axiología política y moral, sino que constituye también un objetivo de fundamental importancia para la estabilidad, seguridad y supervivencia del Estado, pues ¿qué objeto tendría la existencia del Estado Nación, si este fuera ineficaz para arreglar la vida colectiva en torno al elemental principio de satisfacción de las necesidades básicas de los gobernados? Debido a ello, el apremio por atenuar la compleja problemática derivada de desajustes como la inequitativa distribución de la riqueza y la exclusión social, va más allá de la teoría política y el discurso gubernamental, para adentrarse en el terreno del pragmatismo real, que no se explica a través de concepciones doctrinarias, sino por medio de resultados fácticos cuyos argumentos son las incuestionables evidencias. En materia de bienestar social, y combate a la marginación social y la pobreza, los resultados suelen ser más aleccionadores que los conceptos.

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