Ciclo del Teatro Griego: entre la Tragedia y la Comedia PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Villegas Montes
Domingo, 02 de Noviembre de 2014 19:24

Luis Villegas Montes.

Una reflexión personal.

Así y no de otro modo: “Ciclo de Teatro Griego: Entre la tragedia y la comedia”, es como debió denominar el Congreso del Estado de Chihuahua a esa farsa conocida como: “Comparecencias de los servidores públicos”, que se singularizó por el desfile de personalidades quienes, en supuesta representación de la Administración estatal, nos conmovieron hasta la náusea, unos; o nos hicieron reír hasta las lágrimas, otros, vista su ignorancia infinita e inexcusable. Eso o, ¿por qué no?, también podría haber sido titulada tipo película truculenta: “Las comparecencias de los secretarios de Estado en Chihuahua: La Gran Farsa”. Después de todo, como en las tragedias griegas, todo empezó mal, continuó mal y terminó mal; aunque hubo en medio momentos hilarantes que recuerdan las comedias de Aristófanes. El denominador común de todas y cada una de las comparecencias fue la ignorancia, seguida del silencio. La mayoría de los cuestionamientos de fondo no obtuvieron respuesta, ya porque el Secretario del ramo “no sabía” o “no traía el dato”; ya porque temblaba como una hoja frente al capricho del viento.

Este último fue el caso de Octavio Legarreta, Secretario de Desarrollo Rural, quien fue incapaz de responder sin evasivas algunos de los cuestionamientos que se le formularon; por ejemplo: “¿Cómo y en qué se gastó el presupuesto anual de la Secretaría a su cargo en solo un mes? ¿Cómo se explica ese sobreejercicio? ¿Quién lo autorizó? ¿Cuándo? ¿De qué partida o partidas se extrajo? ¿Cómo explica el peculado electoral a favor de la CNC (filial el PRI)? La nota, no obstante, la dio el Secretario cuando explicó el asunto de los huevos y las pollas (en referencia a las aves de la familia de las gallináceas, que conste).

¿O qué decir del inefable Guillermo Márquez Lizalde quien, muy posiblemente, se enteró de las responsabilidades propias de su función precisamente el mismo día que le tocó comparecer. En una de las más lastimosas actuaciones en ese carrusel de incompetentes, el flamante Secretario de Desarrollo Urbano y Ecología no quiso, no pudo o simple y sencillamente no supo qué responder a dos de los cuestionamientos más apremiantes vinculados a la irresponsabilidad a su cargo (ni modo de llamarle “responsabilidad”): El primero, el relativo al peor fracaso en las políticas públicas en materia de transporte, de que se tenga memoria en Chihuahua: El Vivebús; el segundo, en tratándose de planeación urbana, el caso “San Jerónimo”, en Ciudad Juárez, por el que se pretende impulsar un desarrollo urbano situado a 15 kilómetros de la mancha urbana en aquella frontera, en perjuicio de miles de juarenses, que a diario padecen los estragos de la inseguridad, de miles de kilómetros cuadrados de calles sin pavimentar o de miles de viviendas deshabitadas; y todo, para favorecer a una familia (la de Eloy Vallina) que ahí adquirió 20 mil hectáreas de terreno y gracias a los buenos oficios de los tres últimos gobernadores y la millonaria inversión pública, ha visto multiplicada su fortuna de manera espectacular.

Quien demostró un excepcional manejo del timing, fue el Fiscal General, quien a cada pregunta respondía como Cantinflas, con largas parrafadas insustanciales para luego, al momento de “entrar en materia”, sonara la campana salvadora en la voz del Presidente del Congreso anunciándole: “¡Laaaaaaastiiima, lástima, don Jorge González Nicolás! ¡Ya será para la próoooooxima!”.

Otro al que no faltó quien quisiera sacar en hombros al grito de: “¡Torero! ¡Torero!”, fue al Secretario de Hacienda, Jaime Ramón Herrera Corral. Como hábil diestro, este primer espada de las finanzas públicas se echó al ruedo para sortear con particular estilo las certeras preguntas que se le vinieron encima y que él esquivó sin excesiva gracia pero sí con singular cinismo. A la pregunta directa: ¿Qué pasó con los nueve mil quinientos cinco millones treinta y siete mil setecientos dieciséis pesos que el Presupuesto de Egresos de 2014 asignó a su Secretaría, dentro del eje de Desarrollo  E2, Desarrollo Regional y Competitividad y que no han sido ejercidos? El Secretario, recio, categórico, firme, por demás elocuente en su silencio, no respondió nada. A otra serie de cuestionamientos, esta vez en relación con la denuncia por peculado que pesa en su contra y otros servidores públicos de la administración estatal por ser accionistas del Banco Progreso de Chihuahua, S.A. de C.V: “¿A cuánto asciende su participación en dicha institución bancaria? ¿Cuál es el origen de los recursos? ¿Qué otros funcionarios de la actual administración son socios de ustedes?”, el Señor Secretario contestó que él no era el representante de dicha persona moral. ¡Olé! ¡Bravo matador!

Del Secretario General de Gobierno, mejor ni hablar; su respuesta, previsible desde el primer instante, flotó en el aire desde que subió a tribuna: “Pregúntenle a Tachiquín”.

Y podríamos seguir.

Lo cierto, es que este ciclo de teat…, perdón, de comparecencias, sirvió para poner en evidencia las razones de porqué tiene que ser el Gobernador el persona el que salga a defender los supuestos logros de su administración: No tiene equipo. Por eso mismo, debe ser él quien juegue en todas las posiciones de delantero, mediocampista, defensa y portero, sin particular acierto. Todo sea dicho. Nos vemos en la glosa.

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