Una reflexión personal. Tengo, tengo... PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Villegas Montes
Viernes, 24 de Abril de 2015 05:13

Luis Villegas Montes.

 

Hace medio Siglo (el que estoy a punto de cumplir), don Nicolás Guillén, entrañable poeta cubano, escribió: “Tengo lo que tenía qué tener”; es una regla muy simple; que, suele ocurrir, olvidamos del todo.

 

Mucho de lo que somos, de lo que hacemos, de lo que dejamos de hacer (o de ser) se rige por ese simple designio: “Tengo que ya aprendí a escribir, y a pensar y a reír (…) vamos a ver, tengo, lo que tenía qué tener”; y luego nos enfadamos; porque lo que tengo (o lo que soy) no coincide con nuestras expectativas, con nuestros deseos o -peor aún- con la visión que tenemos (o tienen los demás) de nosotros mismos.

 

A veces, luego de leerme o escuchar (o leer en prensa ajena) la mala fe con la que, en ocasiones, se reciclan mis artículos,  se me cruza por la cabeza la mala idea de dejar de escribir; aunque, venturosamente (como la rana René), luego abandono, por absurdos, por errabundos, por pusilánimes -por idiotas, pues-, esos pensamientos. Soy lo que soy y en lo bueno, como en lo malo, tengo lo que me merezco; ni una coma, ni un punto, ni una letra, de más o de menos.

 

Y este que soy -permítanme mi querida lectora, mi apreciable, lector, la digresión-, escribe; y escribe mal, escribe para mal, escribe de mal en peor, pero escribe; y eso, lo de la escribidera, lo empecé a hacer antes de cualquier otra contingencia, de tal suerte que no puedo -ni debo- prescindir de lo que soy o he sido a partir de un asunto tan baladí como ese de que te llamen, para bien o para mal también, “magistrado”. Y si ni antes -ni ahora- he escrito para complacer o para agradar, no es hora de empezar a hacerlo (o de dejar de hacerlo) en estas fechas a título de algo tan precario o discutible como un cargo público que, además, podría quedar en un asunto de unos cuantos meses y Dios dirá.

 

El 17 de marzo de 2010, en un artículo que titulé: “STRIPTIS”, escribí: “Durante semanas me rondó la inquietante idea de mandar este correo y al fin me decidí. De antemano, sé que estas líneas me van a granjear la malquerencia de alguno pero el propósito de escribir no es agradar, sino expresar lo que se piensa, se cree o se siente respecto de determinado asunto (…) Escribir es descubrir poco a poco el alma. Es despojarse, exhibirse, desnudarse. Es posible, por supuesto, simular, pero no sólo resulta innoble, resulta además triste e inútil, pues debe uno ser muy tonto para creer todo lo que lee sin más. (…) las palabras descubren un aspecto del que las pronuncia o las redacta: Porque vacían o muestran, porque engañan u ocultan, las palabras son inseparables de su autor y lo persiguen como una jauría furiosa o lo secundan como un coro”.1

 

Así que, para esos que, no sé por qué razón (idiota -y desde aquí los reto a que me demuestren lo contrario-) piensan que tendría que dejar de escribir, sirva esto como una declaración en forma para decirles que, como don Vicente Fernández -quien no deja de cantar mientras le sigan aplaudiendo-, yo no voy a dejar de escribir mientras me sigan leyendo (gracias, gracias, gracias a mis 47 lectores constantes y sonantes); y los otros… los otros que se vayan al carajo.

 

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