Una reflexión personal. Pachecos… y Pachecas PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Villegas Montes
Sábado, 07 de Noviembre de 2015 07:30

Luis Villegas Montes.

Como es del conocimiento público, el día de ayer, la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió, con cuatro votos a favor y uno en contra, el uso lúdico o recreativo de la marihuana, al considerarse que la prohibición de su consumo “va contra el libre desarrollo de la personalidad”.1 “¡Hágame usté el refabrón cavor!” -Diría mi apá-.

Dicha resolución hace aguas por todos lados… y antes de continuar permítaseme, de favorcito, no hacer referencia a los cuatro mentecatos que promovieron los respectivos juicios de garantías. Uno de los cuales, muy orondo, el imbécil, declaró: “Hoy somos cuatro pero mañana podemos ser 120 millones. Es una decisión histórica. Le pusimos el primer clavo al ataúd de la política prohibicionista. Años de sangre y violencia ven hoy la luz al final del camino”.2 Dando por sentado el subnormal que en México existimos veinte millones de pachecos y pachecas (acuérdense del asunto del género) felices de la infausta resolución; o que “quemarle los pies a Judas” es el remedio para terminar con la corrupción, la pobreza, la falta de oportunidades, la inequidad social, etc., que son factores íntimamente relacionados con el fenómeno en su conjunto. Estúpido.

Lo cierto es que existen por lo menos cinco consideraciones que sirven para cuestionar la resolución:

o   La primera es que, de aquí en adelante, no es posible esgrimir argumento alguno para impedir el libre uso, por razones lúdicas o recreativas, de cualquier sustancia psicotrópica, como una expresión del desarrollo de la personalidad. Ya puestos, sobre la base de estas “razones”, no existe ningún motivo para distinguir entre marihuana y cocaína, por ejemplo; o entre anfetaminas y heroína. Muy su gusto será el de quien pueda, o quiera, pasarse el fin de semana con una aguja clavada en el brazo y masticando hongos hasta que se le caigan los dientes;

o   El segundo es que con esta determinación queda de manifiesto, más que nunca, que el Poder Judicial, al amparo de la ancha manga de “tutelar los derechos humanos”, se convierte en un legislador de facto. Ahora resulta que los artículos 235, 237, 245, 247 y 248 de la Ley General de Salud, vigentes desde de 1984, son inconstitucionales. Todo esto resulta chabacano, por decir lo menos, pues no existe ninguna modificación sustancial al orden jurídico constitucional que avale esa interpretación; excepto la reforma del 2011, claro está, que a partir de esta resolución podrá dar para cualquier cosa que se les ocurra a los señores y señoras, ministros y ministras;

o   Para peor, con este gesto (no hay otro modo de llamarlo), toda la teoría detrás de las nociones de división de poderes -así como la necesidad de equilibrio entre estos (uno como hacedor de la ley, otro como ejecutor de la misma y el tercero como el encargado de resolver los conflictos jurídicos)- y de representación de la voluntad popular (que encarna el órgano legislativo) se acaba de ir al carajo;

o   En cuarto lugar, no existe ningún análisis respecto de las implicaciones a largo plazo de la adopción de esta medida; es claro que la eficacia de la sentencia es relativa… de momento; el asunto es que la discusión de fondo, informada, pertinente, respecto del resto de las implicaciones de la medida (el uso masivo de otras sustancias, su comercialización, etc.) queda cancelada porque un puñado de sujetos (y sujetas) -una élite ilustrada ni más ni menos, minúscula para colmo- acaba de decidir, ahora sí, en nombre de 120 millones de mexicanos y mexicanas el futuro del país en tan importante materia, y

o   Finalmente, no hay razón alguna ya, para emprender políticas públicas contra el tabaquismo, el consumo excesivo de alcohol o tendentes a combatir la tragazón de porquerías como consumir “papitas”, refrescos o “pastelitos” a granel; porque en aras de un malentendido derecho al desarrollo de la personalidad -cuya expresión más señera es fumar “mota”-, ahora es posible incurrir en esos excesos sin onerosos cargos de consciencia. Después de todo, bajo el argumento contundente de que se está uno divirtiendo, como dice el viejo refrán: “El que puede lo más, puede lo menos”.

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1 Nota suscrita por David Saúl Vela, con el título: “Mariguana gana batalla en la Suprema Corte”, publicada el 4 de noviembre de 2015, publicada por el periódico El Financiero.

2 Ibidem

 

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