Contundente victoria PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Valentín Ramírez LLanes   
Lunes, 06 de Junio de 2016 11:32

Valentín Ramírez Llanes.

El 5 de junio de 2016, representa el triunfo de la justicia popular, sobre el abuso del poder. El triunfo de la voluntad indisoluble de la gente, sobre la arbitrariedad, la corrupción y el exceso.

No hay nada mas impactante que la realidad. Sobre todo cuando la realidad se impone. Cuando así sucede, no hay mucho que decir. Solamente describir la realidad tal cual fué y no como debiera ser o como quisiermos que fuera. Y el milagro se hizo. La gente salió a votar, vence al fantasma del abstencionismo, y derroca al autoritartismo, al abuso escandaloso de poder, y ahí están los resultados.

El hartazgo sobre la prepotencia, aunado al ingrediente del pecado de la soberbia, penetraron la gruesa piel de una ciudadanía desperciada en su inteligenca y sensibilidad por la clase política enquistada en el poder, y se integró el coctel que propició una victoria contundente y una ejemplar derrota, que le da una contundente lección a la pervesión de la política. Victoria implacable para unos. Derrota inexorabe para otros.

La gente es inteligente. No necesita de guias tendenciosas. Distingue muy bien entre lo saludable, lo sensato y lo desaseado, lo petulante. Y la muestra se dio, no solo por la alternativa que el candidato y el partido ganador representaban a la ciudadanía. Fueron definitivas las acciones prepotentes. Las injusticias evidentes. La desfachatez. La desverguenza. La prepotencia. El hartazgo. El uso y abuso del poder.

Fue definitiva la decisión convergente expresada por una ciudadanía que salió a las urnas a reflejar con valor una voluntad indefectible para emitir su opinión a través del sugrafio, que asegura más de 50 por ciento de votantes en esta elección. Y que se respete esa decisión.

Se derrumbó al demagogia. Fracasó la conducción perversa de la voluntad popular a través de la palabra. Los hechos hablaron y dejaron la marca de una voluntad abierta, plural, incluyente, valerosa y decisiva.

Se derrumbó la falta de respeto a los otros poderes. Ganó la gente. Victoria de la ciudadania. Triunfo contundente y definitivo del voto popular y de la gente en las urnas.

Falló el carrusel, el ratón loco, la rueda de la fortuna, las cabezas de cerdo y las sillas voladoras.

En fin, fallaron el acarreo, las agresiones, los batazos, los intentos por inhibir el voto, el contuvernio descarado con algunos medios. Simplemente la gente salió de sus casas y parsimoniosamente selló el triunfo de una voluntad comprometida con miras a cambiar la relación gobierno-gobernados.

Es un llamado urgente a cambiar la vida de la cosa pública. Una lección ejemplar para los que viven de la política, para los que se van y para los que llegan. Para los que abusan infectiblemente del poder y la prepotencia de la autoridad.

La elección desterró las expresiones de prepotencia. El abuso de poder. La ceguera de la autoridad. El desacato a la ley y a las minimas reglas de convivencia entre poder y demandantes.

Desterró el predominio y la hegemonía de una voluntad que se creía superior en base al atropello, la injusticia, la intromisión, la extralimitación de funciones, la arbitriariedad, el engaño, la infracción, el fraude y la desconsideración hacia los gobernados.

La gente se expresó contra el engaño. Contra la impunida. Contra la perversión de las costumbres. Contra la ignominia y el servilismo envilecidos, premiados por un sistema sustentado en el favoritismo y la ventaja para sus zalameros seguidores.

Fue ejemplar la demostración de fe política de la ciudadanía, dispuesta a frenar la abyección desde el poder, el oprobio, el influyentismo, el comedimiento, el exceso, la tirania, la corrupción.

El 5 de junio de 2016, representa el triunfo de la justicia popular, sobre el abuso del poder. El triunfo de la voluntad popular indisoluble, sobre la arbitrariedad y el exceso.

El triunfo de la sencillez y la humildad del pueblo sobre la vanidad ejercida desde el poder, la  soberbia, el orgullo mal entendido. La victoria de la integridad y compromiso de los votantes para poner un hasta aquí al descrédito y la presunción; ltriunfo sobre la insolencia, la altivez, la barbarie, el colmo, la desfachatez y el envilecimiento, aparte de la deshonestidad y la desverguenza.

La victoria del éxito sobre sobre el desprecio y la intrascendencia que raya en la bagatela y la futulidad trasnochada e insignificante. Nadie puede luchar contra los enemigos de adentro, son más peligrosos y contundentes en la propia casa. Los enemigos de afuera al menos están enfrente. La gente se hartó del poder desmedido y presuntuoso que desembocó en el fondo de un cazigazgo político demoledor.

Habló el mostruo de mil cabezas, y definó la elección. El poder no es para poder, es para servir. La lección ahí está, se dejó ver en la expresión ciudadana de la gente, y por mucho.