Justicia Electoral PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Valentín Ramírez Llanes   
Martes, 02 de Agosto de 2016 07:49

Valentín Ramírez Llanes.

Se hizo justicia. La justicia popular que deviene, luego de emitir el sufragio responsable, que se refleja en la voluntad popular para definir de manera contundente a un triunfador.

El Tribunal Estatal Electoral no dudo en dar un juicio justo, apegado a derecho, sin que fuera denigrado por el cochupo, la voluntad adicional que pervierte las buenas relaciones, y la justeza en la responsabilidad de una sentencia y, por primera vez, en mucho tiempo, en casos delicados como el de una impugnación electoral, la justicia se hizo presente.

El pleno del Tribunal Estatal Electoral (TEE), asumió su función como juez ante una controversia electoral, y cumplió cabalmente con la tarea de impartir justicia con sustento en la ley, sin asteriscos de duda, aleccionamiento, perversión y desvío de conductas, que en los últimos años habían sido la tónica en las relaciones entre gobierno y autoridades judiciales en todos los niveles -incluyendo la electorales- dejando de lado el equilibrio entre los dos extremos que exige la justicia, abriendo invariablemente paso a la voluntad autoritaria.

El resultado de la sentencia no dejó duda de que, ahora si, tal vez por las circunstancias política que prevalecen en la entidad, y la alerta permanente de la gente, la decisión fue justa, apegada a derecho, especialmente tomando en cuenta el justo equilibrio que deja una revisión exhaustiva, libre, abierta, con espíritu ecuánime e imparcial, que deje de lado la vergüenza del encargo adosado por el contubernio desde el poder, y el resultado no pudo ser otro, mas que ratificar el triunfo del candidato originalmente ganador, que empieza a despejar, cómo parteaguas de aquí en adelante, las relaciones entre el poder y la justicia, entre la voluntad ejecutiva y los encargados de hacer llegar la justicia en todos los ámbitos, con honradez y rectitud, sin caprichos, ni salamería.

Sin duda el contexto político en el que se encuentra la entidad, y desde que se dieron a conocer los resultados de la elección para la gubernatura, influyeron para que al interior del tribunal, encargado de dictar sentencias de tipo electoral, se respirara un aire de auténtica libertad en la toma de decisiones, sobre la base de datos y evidencias, que dejó abierta la compuerta de una responsabilidad compartida con fundamento simplemente en la justicia. Dar a cada quien lo que cada cual merece, sin menoscabo de lo que se tiene.

La tarea no fue fácil, porque sobre los magistrados había muchas presiones. de todo tipo, y desde diversas plataformas, incluso muchos suponíamos que seguiría prevaleciendo la relación de dominación adulterada y obscena entre gobierno y autoridades electorales encargadas de hacer prevalecer la justicia, así como la perversidad y el autoritarismo sobre la libre voluntad y la justicia, antes que la sujeción a los hechos, datos y evidencias, en una tarea honesta derivada del análisis de variables de una problemática de acuerdo a lo que dice la ley.

El clima previo a esta decisión -independientemente de que se pueda apelar ante la sala superior de justicia electoral- presagiaba una sentencia como la que se dio; antes del dictamen, se sentía un ambiente de expectativa con deseos de justicia, que permeaba antes, durante y después de la  celebración de la asamblea pública en el local del Tribunal Estatal Electoral, que ya se se anticipaba a lo que sucedería: imposición de la justicia y ecuanimidad en una sentencia, como debe ser la aplicación de la juris, apegada estrictamente a derecho, a secas.

Sentencia, que en la necesaria revisión exhaustiva y responsable de los datos, dejó ver incluso fallas garrafales de las autoridades del Instituto Estatal Electoral y del propio INE, que muestran como las instituciones encargadas de planear, promover, organizar, dirigir y vigilar los procesos electorales, debe preocupar cabalmente, porque fallar al hacer cumplir la ley electoral en este tipo de procesos no es cosa menor, luego de eliminar 107 casillas por irregularidades, y ratificar la emisión de más boletas que las utilizada, que, aunque mantuvo el principio de certeza, es una muestra palpable de que se debe mejorar, si no se quieren tener graves problemas a la hora de organizar un proceso de este tipo.

Lo relevante de este acto, que da esperanza, es el ingreso de la política a otros estadios superiores, reflejo de un cambio en esta cultura de la dominación y autoritarismo desde el poder, al refrendarse la ratificación contundente de la voluntad popular, expresada en más de un millón de sufragios, reflejo del respeto irrestricto a una voluntad popular contundente, que no debe ser sobajada, como desafortunadamente suele suceder en esta país, y más aún en el estado, de ejercer el derecho y aplicar la ley al antojo del gobernante en turno.

La victoria original de Corral, y la sentencia emitida por el Tribunal Estatal Electoral, representan una excelente oportunidad de establecer bases sólidas para empezar a vivir una real alternancia democrática en la entidad, que poco a poco, paso a paso, vaya trasformando la estructura de un gobierno inmoral, envilecido y licencioso, que supere las pervertidas relaciones entre el poder, las instancias de gobierno y los gobernados.

Nadie, o pocos, muy pocos, esperaban que la sentencia fuera diferente a la dictaminada tajantemente por el TEE. Era prácticamente imposible pensar que la impugnación del PRI, con la pretensión de anular las elecciones para gobernador, obligaran a cambiar radicalmente la geografía y la biografía electoral tan contundente, posterior a los resultados de la elección formal, y que fuera a darse una sentencia aleccionada, tutelada, orquestada y conducida desde los entretelones del poder, como ha sucedido, sobre todo por la enorme cantidad de votos de diferencia y por la circunstancia de que el poder prácticamente cambio de manos y deja totalmente descobijados, anticipadamente, a los detentadores de ese poder omnímodo, que pierde fuerza antes de salir.

La decisión fue clara: de las cuatro causales de nulidad impugnadas por el PRI sobre el resultado de la elección, entre las que se encontraban la entrega de paquetes de boletas a las asambleas electorales fuera de ley, la recepción de la votación por personas distintas a las que la ley indica, así como el dolo o error en el cómputo de los votos a favor de un candidato, y finalmente las multicitadas 171 mil boletas sobrantes entre las que se emitieron, entregaron y las que se recogieron, y una vez realizada la revisión de manera exhaustiva y con fundados argumentos, se determinó que no afectaron de ninguna manera la certeza del resultado definitivo entre el primero y segundo lugar, y la sentencia se inclinó favorable a la confirmación del resultado de la elección, con modificaciones, pero que no dejó lugar a dudas de lo justo de la sentencia: se ratifica el triunfo de Javier Corral Jurado como gobernador del estado de Chihuahua, y la vida sigue su curso.

Eso si, se dejan ver un sinnúmero de fallas en el proceso electoral, que de no haberse dado un triunfo tan contundente, todavía después de la revisión, con ventaja de más 115 mil votos entre primero y segundo, bien pudieran haberse generado graves problemas si la diferencia fuera menor, porque además de que legalmente se anularon 107 casillas, se modificó el cómputo final de la elección, eliminando 24 mil 230 votos entre todos los partidos, que son muchos.

Lo cierto es que derivado de este análisis minucioso se dictó una sentencia apegada a derecho, en base a un exhaustivo trabajo de recolección de documentos, análisis y deliberación de los magistrados, que demostró autonomía y justeza al momento de emitir un dictamen, sustentados en los principios rectores de certeza, imparcialidad, máxima publicidad y objetividad, sobre los que se apoya el proceso electoral, a los que obliga la ley, y que fueron revisados a fondo por los Magistrados.

Se impone la justicia. El respeto a la voluntad popular, y se sienta un precedente relevante y de gran impacto para la vida política del estado de Chihuahua. Así sea.