Perfil humano. El otro México: la Península de Yucatán PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Eduardo Fernández   
Lunes, 23 de Enero de 2017 13:19

Eduardo Fernández.

Una buena forma de terminar el 2016 e iniciar el 2017 es cambiar unos días el clima frío chihuahuense por el cálido costeño de la Península de Yucatán, por lo que nada mejor que iniciar con un festejo de año nuevo en el paradisiaco Cancún.

La ciudad de Cancún es tranquila si se compara con el sector hotelero al que arriban turistas de todo el mundo. Su aeropuerto internacional es el segundo de mayor actividad en el país, después desde luego del aeropuerto de la Ciudad de México.

La vegetación y sus playas convierten a este lugar en uno de los sitios preferidos tanto del turismo nacional como del internacional. Ha logrado mantener su prestigio pues continúa siendo seguro y se puede transitar sin problema por sus calles, lo cual ya no se puede decir del que fuera tradicionalmente el centro turístico mexicano, Acapulco.

A solo cuatro horas en autobús está Mérida, la Ciudad Blanca. El seis de enero celebró sus 475 años de vida con las tradicionales mañanitas en la Catedral y festejando además el haber sido designada como Capital Americana de la Cultura 2017. A unos 47 kilómetros se encuentra Puerto Progreso, un agradable poblado de unos 40 mil habitantes con buenas playas y clima.

Mérida es todavía una ciudad pacífica que recuerda lo que eran nuestras capitales estatales hace todavía pocas décadas. La modernización al menos no le ha afectado su centro tradicional y menos su ritmo de vida, aunque ya se presentan síntomas de un acelerado crecimiento pues su población ha aumentado bastante así como las nuevas construcciones en sus alrededores.

La habitual tranquilidad y seguridad de esta ciudad se refleja con el titular de la edición local de un diario nacional: “Yucatán, libre de la ola de pillaje”. En la capital y el resto de Yucatán no se dieron los saqueos y enfrentamientos de otras entidades debido al “gasolinazo” aunque también hubo protestas, pero en orden y pacíficas.

El recorrer parte del rico legado maya era imprescindible por lo que tomé un tour a Uxmal y la Ruta Puuc. La primera parada fue a un pequeño cenote, luego al mirador en el punto más alto de la península (a unos pocos cientos de metros de altura sobre el nivel del mar) y luego a Kabah, un santuario en el cual supuestamente nació el enano hechicero que le dio nombre y lustre a Uxmal.

Uxmal, “la tres veces construida”, es sin lugar a dudas una de las más bellas ciudades prehispánicas mayas que bien puede rivalizar con Chichen-Itzá, una de las 7 nuevas maravillas del mundo y a la cual no fui pues ya la había visitado años atrás. En la noche se presenta en Uxmal un show de luces con música y el relato de la historia de este mágico sitio.

De Mérida a tan solo dos horas en camión se llega a Campeche, la capital del estado del mismo nombre. Esta ciudad costeña estuvo protegida de los piratas por una muralla de la cual todavía queda una buena parte así como por dos fuertes, el de San José y el de San Miguel. En este último se encuentra el Museo Arqueológico de Campeche con vestigios de la cultura maya.

La ciudad de Campeche es aún más soñolienta que Mérida pues además de ser más pequeña conserva su tradicional forma provinciana de vida  que ha caracterizado el ser “campechano”. Su centro histórico rodeado por parte de la muralla la convertiría en una versión mexicana de Cartagena, sobre todo por su historia relacionada con los piratas.

La Península de Yucatán es un mundo verde, cálido y hospitalario que está al extremo este del territorio mexicano, lejano pero a la vez cercano pues existen vuelos a cualquiera de las poblaciones citadas. Después de visitar estas tierras del Mayab, ahora entiendo la añoranza de quienes las han visitado y el deseo de conocerlas por buena parte de los mexicanos.

 

Perfil humano

El otro México: la Península de Yucatán

Eduardo Fernández

Una buena forma de terminar el 2016 e iniciar el 2017 es cambiar unos días el clima frío chihuahuense por el cálido costeño de la Península de Yucatán, por lo que nada mejor que iniciar con un festejo de año nuevo en el paradisiaco Cancún.

La ciudad de Cancún es tranquila si se compara con el sector hotelero al que arriban turistas de todo el mundo. Su aeropuerto internacional es el segundo de mayor actividad en el país, después desde luego del aeropuerto de la Ciudad de México.

La vegetación y sus playas convierten a este lugar en uno de los sitios preferidos tanto del turismo nacional como del internacional. Ha logrado mantener su prestigio pues continúa siendo seguro y se puede transitar sin problema por sus calles, lo cual ya no se puede decir del que fuera tradicionalmente el centro turístico mexicano, Acapulco.

A solo cuatro horas en autobús está Mérida, la Ciudad Blanca. El seis de enero celebró sus 475 años de vida con las tradicionales mañanitas en la Catedral y festejando además el haber sido designada como Capital Americana de la Cultura 2017. A unos 47 kilómetros se encuentra Puerto Progreso, un agradable poblado de unos 40 mil habitantes con buenas playas y clima.

Mérida es todavía una ciudad pacífica que recuerda lo que eran nuestras capitales estatales hace todavía pocas décadas. La modernización al menos no le ha afectado su centro tradicional y menos su ritmo de vida, aunque ya se presentan síntomas de un acelerado crecimiento pues su población ha aumentado bastante así como las nuevas construcciones en sus alrededores.

La habitual tranquilidad y seguridad de esta ciudad se refleja con el titular de la edición local de un diario nacional: “Yucatán, libre de la ola de pillaje”. En la capital y el resto de Yucatán no se dieron los saqueos y enfrentamientos de otras entidades debido al “gasolinazo” aunque también hubo protestas, pero en orden y pacíficas.

El recorrer parte del rico legado maya era imprescindible por lo que tomé un tour a Uxmal y la Ruta Puuc. La primera parada fue a un pequeño cenote, luego al mirador en el punto más alto de la península (a unos pocos cientos de metros de altura sobre el nivel del mar) y luego a Kabah, un santuario en el cual supuestamente nació el enano hechicero que le dio nombre y lustre a Uxmal.

Uxmal, “la tres veces construida”, es sin lugar a dudas una de las más bellas ciudades prehispánicas mayas que bien puede rivalizar con Chichen-Itzá, una de las 7 nuevas maravillas del mundo y a la cual no fui pues ya la había visitado años atrás. En la noche se presenta en Uxmal un show de luces con música y el relato de la historia de este mágico sitio.

De Mérida a tan solo dos horas en camión se llega a Campeche, la capital del estado del mismo nombre. Esta ciudad costeña estuvo protegida de los piratas por una muralla de la cual todavía queda una buena parte así como por dos fuertes, el de San José y el de San Miguel. En este último se encuentra el Museo Arqueológico de Campeche con vestigios de la cultura maya.

La ciudad de Campeche es aún más soñolienta que Mérida pues además de ser más pequeña conserva su tradicional forma provinciana de vida  que ha caracterizado el ser “campechano”. Su centro histórico rodeado por parte de la muralla la convertiría en una versión mexicana de Cartagena, sobre todo por su historia relacionada con los piratas.

La Península de Yucatán es un mundo verde, cálido y hospitalario que está al extremo este del territorio mexicano, lejano pero a la vez cercano pues existen vuelos a cualquiera de las poblaciones citadas. Después de visitar estas tierras del Mayab, ahora entiendo la añoranza de quienes las han visitado y el deseo de conocerlas por buena parte de los mexicanos.