Perfil humano. Las elecciones del 4 de junio, ¿preludio del 2018? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Eduardo Fernández   
Lunes, 19 de Junio de 2017 04:36

Eduardo Fernández.

Una buena parte de los analistas políticos coinciden en que las pasadas elecciones estatales son un preludio de lo que sucederá en los comicios del año entrante, aunque también hay otros que difieren ello argumentando que son casos distintos.

Los resultados de las votaciones en los estados de México y Coahuila no son precisamente positivos debido a que predominaron las irregularidades denunciadas por la oposición de todos los colores.

En el Estado de México fueron escandalosas las compras de votos por parte del PRI para poder sacar adelante a su candidato Alfredo del Mazo con todo sus tarjetas rosas, aunque fuera por un magro margen muy lejano al contundente logrado por el actual gobernador hace seis años.

La estrategia aplicada por el partido en el poder en Edomex fue calificada como una elección de estado debido a la participación activa y parcial de los tres niveles de gobierno. Por esta entidad desfilaron el presidente de la república y sus secretarios, incluido el ex rector de la UNAM, repartiendo todo tipo de ayuda para los más marginados que abundan en el estado.

Del Mazo recibió la constancia como próximo gobernador pero habrá que esperar la reacción de Morena pues su candidata se quedó a pocos puntos de la victoria. El PAN anunció que pedirá la anulación de la elección para la gubernatura y el PRD es probable que haga lo mismo.

En Coahuila los candidatos opositores formaron un frente para exigir también nuevos comicios debido al gran cúmulo de actos ilegales que campearon en la campaña. Aunque Riquelme recibió su constancia por parte del organismo electoral estatal, los dos puntos con que ganó no le garantizan que la población lo considere como un gobernador legítimo.

Bueno, hasta el ex gobernador Humberto Moreira le externó vituperios y mentadas a su hermano Rubén Moreira, quien lo sucedió en la gubernatura y no lo respaldó para obtener una diputación local que le garantizara el fuero ante la posibilidad de ser enjuiciado por sus corruptelas y el haber aumentado cien veces la deuda de su entidad durante su sexenio.

Un mal precedente para el 2018 son las dos elecciones comentadas pues en lugar de mostrar los avances en materia electoral más bien parecen ser típicas a las celebradas antes de la reforma electoral de 1996.

El esperado choque de trenes del año entrante puede se menguado y hasta controlado si se legisla una segunda vuelta y un gobierno de coaliciones. En el caso de las dos entidades citadas los dos finalistas tendrían que volver a contender al no haber obtenido el vencedor el 50 por ciento de los votos más uno.

En lugar de que los comicios impugnados se definan en los tribunales electorales serían los ciudadanos quienes decidirían en forma mayoritaria por alguno de los dos candidatos. La propuesta de esta fórmula aplicada en otras naciones democráticas tiene años sin ser resuelta por los legisladores federales, tal vez porque no les convenga a las directivas partidistas.

En cuanto a los gobierno de coalición en buena parte solucionarían el contar con un programa que unifique a las fuerzas políticas y ciudadanas en lugar de confrontarlas sin beneficio alguno para el resto de la sociedad. Sería una forma de que todos ganaran (al menos la mayoría) en lugar de la vieja fórmula de que si alguien gana los otros pierden todo.

Una reforma electoral se requiere antes del proceso electoral del 2018 si se desea realmente que avance la transición democrática en México. Por ello se debe aprender de las fallas y remediarlas a tiempo antes de tener que pagar el alto costo social que conllevan los conflictos postelectorales.

 

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