Lo que de verdad importa PDF Imprimir E-mail
Opinión - Luis Villegas Montes
Escrito por Luis Villegas Montes   
Martes, 20 de Junio de 2017 16:51

Luis Villegas Montes.

“¿Qué es lo que de verdad importa?”; a diario, la respuesta, el sentido y el alcance, que le damos a esa interrogante perfila y determina nuestro futuro; el problema es que, perdidos en nuestra cotidianidad, con frecuencia no somos conscientes de qué queremos, a dónde vamos, para qué estamos aquí.

La verdad es que yo no tengo ni idea de qué es lo que de verdad importa; si acaso, a veces, un pálido atisbo asoma unos de sus ojitos y ahí estoy yo, viéndolo sin comprender. El fin de semana, por ejemplo, bien mirado, fue un fin de semana milagroso.

El acontecimiento más importante es que, por fin, regresó Adolfo se le concedió volver y mí se me figuraba, que no lo volvería a ver… ah, caramba, no, ésa es una canción; en fin; se fue uno y regresaron dos.

Me explico: Se fue con una bolita de grasa en la quijada y regresó con una bolota que entre hoy y mañana le operan. Ése es un asunto crucial, por si Usted no lo recuerda, según la mitología griega, Zeus decidió tragarse a su amada Metis -la “Sabiduría” para unos, para otros, la “previsión” o la “prudencia”-; pues bien, Zeus se la comió porque alguien le dijo (méndigos chismosos) que tras su primera hija, la diosa volvería a quedar embarazada de un hijo que destronaría al dios de dioses; para evitar esas complicaciones postparto, Zeus se la almorzó y al cabo empezó a padecer unos tremendos dolores de cabeza; llamó a Hefestos, vino, le abrió el cráneo de un hachazo y ¡zas! ahí estaba, armada hasta los dientes de los pies a la cabeza, Atenea. Pues bien, como yo no quiero que me salga un nieto soldado ni una nieta soldadera de la mandíbula del divino Adolfo, su tío Noel le mete cuchillo hoy en la tarde.

Ése fue el primer milagro; el segundo es que me llevé a Luisita, mi nieta, a las albercas; narrarles los pormenores de cómo y porque terminamos hechos bola en el agua, que estaba friísima, cosa que yo no me explico con estos calorones, es largo de contar así que ahí la dejamos; el asunto es que nos fuimos a una granja a festejar el cumpleaños de mi primo Martín y de su nieto Cristóbal y había una pila y unos niños; total, Luisita cayó como pajarito a eso de las diez de la noche.

El tercero es que el domingo, con el asunto ése del “Día del Padre”, María me habló desde China, platicamos un ratito (de Luis ni sus luces); y de ahí nos fuimos con mis primos a festejarnos; ahí estábamos todos, incluida mi mamá que hoy, precisamente hoy 20 de junio, cumple años; si digo cuántos, a lo mejor se enoja; total, que son muchos, yo paso del medio siglo y me tuvo a los treinta y tantos, ahí Usted, si lo desea, échele números.

Como sea, lo que quiero decir es que la vida está llena de esas menudencias; de esas risas; de esas cervezas en la compañía adecuada; de ese cigarrito de contrabando que me tiene los pulmones hechos garras, ni modo; de esa compañía espléndida que se integra con las personas que te quiere y quieres.

“¿Qué es lo que de verdad importa?”; le voy a decir: Lo que de verdad importa es vivir al máximo ese ratito de dicha que Dios tiene la fortuna de depararnos cuando ocurre; y después que el mundo ruede.

El segundo motivo del título de estos párrafos se explica por una película que fui a ver el pasado fin de semana y que se llama precisamente así: “Lo que de verdad importa”. No más le digo una cosa: Vaya a verla. No le voy a contar la trama, sólo le comento que la recomiendo porque es una película que, el cien por ciento de lo que recaude, se va a dedicar a una causa benéfica; siendo entrañable y divertida, y muy bien hecha, la película tiene el plus de invitarnos a hacer consciencia; le dejo las palabras de su director, Paco Arango: “Porque el cáncer nunca va a ejercer su dominio en la risa de un niño enfermo. Porque sí es posible mejorar la vida de quienes nos rodean. Con una sonrisa. Con un guiño. Con un achuchón. Porque siempre se puede hacer más. Porque la magia existe y los milagros también. Y eso es… ‘Lo que de verdad importa’”.

Vaya, contribuya, diviértase y, por esta vez, sí compre las palomitas en el cine; no más para que no digan que soy díscolo.

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