La escuela ayudará a recuperar los valores perdidos? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Jueves, 13 de Julio de 2017 05:05

Mario Alfredo González Rojas.

Con una reforma educativa que más sabe a reforma laboral, no vamos a salir del profundo abismo en que nos encontramos en el país. Y sólo fue a instancias de la gran presión que hicieron grupos inconformes con la "reformita", que se procedió a llenarla de añadidos y parchecitos, en un afán de presentar a la sociedad mexicana un documento que le diera sólidas bases a la educación. Pero de que se encuentra ésta destartalada, se encuentra destartalada. De paso hay que decir, que eso de "aprender para aprender", manejado con énfasis por Aurelio Nuño y cuanto funcionario aprovecha la ocasión para subrayarlo, ya era cosa vieja, puesta entre comillas y negritas por pasadas reformas, de las que ya se ha recordado en estos días en relación, al estribillo de la actualidad. Ya se ha dicho hasta el cansancio que hay que ir al razonamiento, y no quedarse sólo en la memorización, para que se entienda lo que se enseña, y también se ha repetido eso de que hay que enseñar a los alumnos a ser autodidactas, ya es cosa vieja, y en tal sentido, la reforma de Peña Nieto no tiene nada de novedoso, está hecha sobre las piernas o mejor dicho encima del escritorio, sin una consulta a la base, a los docentes, quienes son los que se enfrentan a la realidad cotidianamente en las mal acondicionadas aulas.

A la vez que se insiste en las bondades de la reforma, se habla con desmesura de la recomposición del tejido social, como si todo fuera obra de los simples discursos. El tejido social no se configura en la medida ideal, si se persiste en las prácticas corruptas en que incurren políticos, gobierno y empresarios, a lo que se aúna una educación que adolece de tantas inconsistencias. Se perdieron los valores que le daban consistencia a la sociedad, ya nadie piensa en la necesidad de educar a los niños y a los jóvenes a partir del respeto a los demás, y en ese arranque de salida, se puede esperar lo peor para el mañana. Las ejecuciones están a la orden del día, se ofrecen empleos de sicarios como cualquier trabajo, sin importar que la paga no sea alta, que al cabo, como dijo José Alfredo Jiménez, "la vida no vale nada".  La única salvación la podemos encontrar en la educación, no hay otra expectativa real y práctica.  Los contenidos de educación no motivan a los alumnos a aprender, y para abreviar, viendo la situación en una de sus aristas, es deplorable que ya no se enseñe civismo, siendo una materia tan elemental, tan básica para empezar a comprender el mundo que nos rodea.  Hace años, en secundaria se impartía civismo con mucha euforia,  con muchos ejemplos prácticos, haciendo que el alumno comprendiera realmente lo que pasaba a su alrededor, y no que viera la escuela como pura teoría.

El nivel de civismo en secundaria se componía de la siguiente manera: en el primer año, se estudiaba al hombre y la sociedad; en segundo, el hombre y la economía; y en el tercero, el hombre y el derecho. O sea, en los tres cursos, se resumía el escenario en que se movía la persona, un escenario en que se hacía notar que estábamos inmersos en una colectividad local, regional, nacional, mundial, y que el aspecto relativo al dinero tenía que ver con la producción y el trabajo honesto y finalmente, que las leyes eran la forma para vivir, para convivir en armonía y en paz. Había que pensar en ser un buen ciudadano, en absorber lo que ahora se llama la cultura de la legalidad. Yo vivía en Ciudad Juárez y de vez en cuando iba a El Paso, Texas, y frecuentemente me tocó presenciar algunos hechos muy bochornosos, como los siguientes: a las personas que se pasaban de una calle a otra, cuando el semáforo estaba en rojo, los agentes de vialidad, las hacían en plan de castigo, ir y venir de una calle a otra; y también vi, a compatriotas, que en cuanto cruzaban el puente hacia Juárez, ya en suelo nacional, arrojaban al suelo la bolsa vacía de papitas o la cáscara de plátano, etc.

No nos componemos, necesitamos al policía gringo junto a nosotros para comportarnos de acuerdo con las normas, y a un gendarme mexicano, a veces lo podemos convencer de cierta forma para que no nos sancione. Esa es la diferencia. Cómo vamos a impedir llegar a lo más profundo del abismo? Se perdieron valores como el respeto a los padres, a los maestros, a los mayores, a los reglamentos, etc. La escuela es la única salvación, pero con pseudo reformitas como la de Peña Nieto, que lo único que buscan es perjudicar los salarios y prestaciones de los trabajadores de la educación, no vamos a ninguna parte. 

 

El Clima

Más información sobre el tiempo en Chihuahua