Problemas contemporáneos de México PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Isaías Orozco Gómez   
Domingo, 06 de Agosto de 2017 10:36

Isaías Orozco Gómez.

Para mis convicciones ideológicas, políticas y socioeconómicas en aras de un país más justo y auténticamente equitativo, de un México Nuevo, que ante todo, responda sin simulaciones, a las más sentidas y penosas necesidades del pueblo mexicano, de los trabajadores (hombres y mujeres) y sus familias de la ciudad y del campo, históricamente sumidos en la pobreza con sus  diversos matices; durante el foro “Encuentro Chihuahua: problemas contemporáneos de México”, las tres participaciones que me parecieron más apegadas al tema central; y, por lo tanto, más objetivas por ser más acordes a la crítica realidad de todo el país, fueron las intervenciones de las distinguidas señoras Martha Tagle Martínez y Clara Jusidman. Así como la del activista social: Emilio Álvarez Icaza.

Lógicamente, de ninguna manera, deben subestimarse los no menos ilustrativos pronunciamientos, hechos por el resto de los curtidos invitados a tan importante ¿y necesario? evento político-electoral. Por lo pronto, en la presente colaboración trataremos de explicitar – libro en  mano y a la vista–, lo expuesto por el Gobernador del Estado, en su primera intervención (referente a las tesis del francés Thomas Piketty, profesor de Economía en la École d’ Économie de Paris), en la cual propuso entre otras cuestiones, el incremento al salario de los trabajadores cuando menos del 50 por ciento, como medida para combatir la desigualdad social. Y, un IMPUESTO GLOBAL SOBRE EL CAPITAL, un efectivo impuesto sobre la renta, progresivo, que no pueda evadirse como hoy día, y que impactaría sólo a los poquísimos  ricos potentados del país.

Así pues, Thomas Piketty, en su obra: “La crisis del capital en el siglo XXI crónicas de los años en que el capital se volvió loco”, en la parte tercera titulada, ¿Cómo cobrarle impuestos a los ricos? Y más específicamente en el tema: ¿Liliane Bettencourt paga impuestos? Fundamenta:

 “Mas allá del evidente conflicto de intereses con el poder vigente, el caso Bettencourt ilustra a la perfección algunos desafíos fundamentales que enfrentan las sociedades contemporáneas: el envejecimiento de las fortunas, el lugar cada vez más importante de la herencia –fenómeno de evolución lenta pero que pone profundamente en cuestión el ideal meritocrático, y, sobre todo, lo injusto que es nuestro sistema fiscal. Pero antes de seguir adelante, veamos que el caso Bettencour saltó a la primera plana de los medios franceses el 16 de junio de 2010, a partir de la publicación  de una serie de escuchas telefónicas en el periódico digital Mediapart. Las grabaciones clandestinas realizadas por el mayordomo de Liliane Bettancourt, empresaria, principal accionista del grupo L’Oréal y dueña de una de las principales fortunas de Francia, confirmaban las sospechas de evasión fiscal por parte de la multimillonaria. Por otra parte las escuchas evocaban la posibilidad de conflictos de intereses vinculados al ministro de Trabajo Éric Woert, cuya esposa trabajaba para la sociedad que administraba la fortuna de Bettancourt y las acciones del grupo L’Oréal. [N. de T.]

Continúa Piketty: “’Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común’, dice el art. 1 de la Declaración de los Derechos del Hombre. A todas luces, el hecho de que Liliane, octogenaria, y su hija Françoise, quincuagenaria, controlen el capital de L’Oréal y formen parte de su directorio es de muy poca utilidad  para la economía y la sociedad francesas. No son emprendedoras [empresarias sí];  son herederas, rentistas y, por sobre todo, personas ocupadas en pelearse como mercachifles. Lo lógico sería que un sistema fiscal racional, es decir, justo y eficaz, fundado en la utilidad común, les impusiera fuertes cargas impositivas para que de manera gradual vendieran sus títulos a accionista menos ricos y más dinámicos.

 “Pues bien, lo que sucede es exactamente lo contrario. Liliane anunció, y con orgullo, que pagó un total de ‘397 millones de euros’ de impuestos sobre sus ingresos y fortuna en un período de diez años. Sin darse cuenta, nos revela que su tasa de imposición es muy inferior a la de los asalariados de L’Oréal, y de todos aquellos que sólo viven de su trabajo. Según las revistas, su fortuna se estima en 15 mil millones de euros. En diez años, pagó entonces el equivalente a 2.5% de su patrimonio en impuestos, es decir el 0,25% por año. Supongamos que su fortuna, manejada por la mujer de un ministro, le generó en promedio un rendimiento del 4% anual (lo que no es nada del otro mundo). Esto significa que su tasa de imposición media en el curso de los últimos diez años fue de poco más del 65 de sus ingresos anuales (un 6% de 4% da un 0,24%). ¿Cómo es posible esto y cómo es posible que, en estas condiciones, Liliane Bettencourt se beneficie con las medidas del denominado escudo fiscal? Simplemente porque el concepto de ingreso fiscal utilizado por ese escudo no tiene nada que ver con el ingreso económico real.

 “Por razones ideológicas, y probablemente también por incompetencia –abunda Thomas Piketty–, el escudo fiscal instituido por el poder vigente funciona de hecho como una maquinaria que SUBVENCIONA  a los rentistas [a los grandes  capitalistas]. Supongamos que Liliane declara 15 000 millones de euros en concepto de impuesto de IMPUESTO SOBRE LA FORTUNA [ISF]. En principio, deberá pagar cada año cerca de 1,8% de su fortuna en concepto de ISF, es decir, 270 millones de euros de impuestos. Con un rendimiento del 4%, su fortuna debería aportarle  un ingreso económico real de 600 millones de euros por año. Pero Liliane no precisa tanto dinero para pagar a su mayordomo, a su mucama, etc., le alcanza sin dudas con pagarse 10 millones de euros en dividendos anuales sobre los beneficios de la sociedad que maneja su fortuna, Clyméne (el resto se acumula tranquilamente en dicha sociedad).

Precisa Piketty: “En este caso, el fisco considera que su ingreso fiscal es de 10 millones (y no de 600). Con un impuesto sobre el ingreso del 40%, es decir, 4 millones [euros], Liliane paga un total de 274 millones de impuestos, es decir, más que la mitad de su ingreso fiscal de 10 millones. Esto es injusto, nos explican apasionadamente los tenores del partido gobernante: ¡Liliane trabaja más de seis meses por año para el fisco! Es verdad, Liliane trabaja duro. Por eso tendrá derecho al escudo fiscal, es decir, a un cheque de 269 millones que, en líneas generales, le devuelve el ISF.

 “Así, de manera totalmente legal –asevera Piketty–, las Liliane del mundo pueden pagar 5 millones de impuestos por ingresos de 600 millones, es decir, una tasa de imposición inferior al 1%. De esta manera, cuanto más grande es el rentista, menos importante es el beneficio fiscal y mayor el descuento. Una bella invención, es verdad […] Duerman tranquilos [caritativos capitalistas de Francia y del mundo], todo está cocinado”.

Valga la información transcrita, para quienes preguntaron sobre Piketty. Sobre el incremento al salario mínimo, a reserva de tratar el importantísimo asunto en otra colaboración,  hay que recordar que Nicolás Maduro, el controvertido actual Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, se les adelantó –tanto a mancera como a otros– en el incremento al mismo, pues ya decretó un aumento  del 50% para todos los trabajadores venezolanos.

Por lo demás, gran reto  y responsabilidad pública ha asumido el gobernador Javier Corral Jurado, pues aquí en nuestra muy explotada y lastimada Patria, no sólo se evade el fisco, sino que persisten los capitales “golondrinos”. Y con esas intenciones, a la mejor se incrementa la “fuga de capitales”.

Como quiera que sea, yo insisto en mi profundo deseo: Qué bien que haya ricos, pero qué mejor que no haya pobres.   

 

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