Hablando de corrupción: ¿qué tal un borrón y cuenta nueva? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Sábado, 12 de Agosto de 2017 14:11

Benito Abraham Orozco Andrade.

“Si quieres derrotar la corrupción, debes estar listo para enviar a la cárcel a tus amigos y familiares.” Lee Kuan Yew, ex primer ministro de Singapur.

Han sido múltiples los discursos y los intentos de leyes efectivas que hemos conocido en contra de la corrupción, que difícilmente nos brindan una esperanza de que las cosas cambien. Ofrecimientos en ese sentido van y vienen, pero seguimos viendo cómo continúan quedando libres personas que, a la vista de lo que poseen, evidentemente han sido corruptos. ¿Negligencia o confabulación de quienes mal integran las indagatorias respectivas? Ahí queda la duda.

Nos encontramos en un país en el que la impunidad descaradamente prevalece sobre el Estado de derecho, tan es así, que bien pudiera afirmarse que es una regla que quienes delinquen y pertenecen a la clase política y/o acaudalada, no reciben el castigo que se merecen.

Millones y millones de dólares han sido extraídos indebidamente del erario, que seguramente con ese dinero, siendo repartido no sólo entre los más pobres, sino entre los pobres en general, la historia de México sería otra no tan vergonzosa.

¿Es una condición inherente a los mexicanos que nos vean la cara de tontos? ¿Queremos seguir permitiendo que nos sigan robando y permitirnos ser cómplices cuando haya oportunidad? ¿Estamos conscientes de que finalmente los únicos perjudicados somos los que día a día tenemos que seguir trabajando, que por cierto somos la gran mayoría?

La corrupción se encuentra tan enquistada, que no podemos siquiera imaginar la posibilidad de ser un país completamente distinto, con una buena calidad de vida para todos sus habitantes. ¿Será factible que cambiemos radicalmente nuestra forma de ser y de pensar? POR SUPUESTO QUE SÍ SE PUEDE, y el hartazgo que prevalece en la sociedad en general, por tanto y tanto corrupto sin castigo, por la inseguridad, por la pobreza, por la discriminación, etc., bien pudiera ser el caldo de cultivo de ese cambio positivo.

El caso de Singapur, entre otros países, es un claro ejemplo de que la corrupción se puede abatir -por muy sólida que sea-, con un consecuente éxito en distintos rubros, sobre todo en el económico, pues a nivel internacional ha mostrado una gran competitividad. Se ha mencionado que las claves del éxito de esa nación asiática, consisten en: la eliminación de la corrupción; la reforma judicial y educativa; un gran impulso al empleo, y; la creación de empresas estatales.

No obstante, la historia y la idiosincrasia del pueblo singapurense son muy distintas al del mexicano, por lo que, DE HABER VOLUNTAD Y DECISIÓN de la sociedad toda, y no únicamente de quienes se dicen sus paladines, habrá que buscar las medidas primarias e inmediatas para sacar a esta gran nación, que es México, de ese lastre que todo lo pervierte: la corrupción.

Por lo pronto, ante la coyuntura de hartazgo referida, y ante el cambio de gobierno federal y gobiernos estatales –en algunas entidades- para el próximo año, sería pertinente ir pensando y diseñando un BORRÓN Y CUENTA NUEVA en materia de corrupción, amén de otras medidas para sacar adelante a nuestro país.

Para empezar de cero, muy importante sería que EN EL MARCO DE UNA AMNISTÍA, aquellos servidores o ex servidores públicos, empresarios, particulares, etc., que sean o hayan sido corruptos, confiesen y devuelvan todo lo adquirido o condonado indebidamente, sin que posteriormente les sean perdonados delitos que no hayan dado a conocer en esa oportunidad única.

Quien haya sido jubilado con cargo al erario sin cumplir con la temporalidad y/o demás condiciones para ello, que lo declare para que en la medida de lo posible se le dé la oportunidad de poder satisfacer todos los requisitos y, ahora sí, disfrutar esa jubilación sin problema alguno. Lo mismo para quien indebidamente haya adquirido un título universitario o de otra índole.

Que aquella persona o funcionario público que haya participado indebidamente en un proceso judicial, perjudicando a alguien en sus bienes o en su libertad, que lo manifieste y le restituya al ahora ofendido lo que corresponda.

Lo señalado son algunas ideas que, acompañadas de un ánimo férreo de hacer justicia a la sociedad toda, y sin la recurrente y repugnante pretensión y estrategia de darnos una democracia a cuenta gotas, pudieran ser tomadas en cuenta por algún líder o lideres con una honestidad y sensibilidad social que no deje lugar a dudas -y que nada tenga que ver con el “clásico” político o líder social demagogo-, provocando y promoviendo una sinergia nacional que concientice, involucre y  beneficie a todos.

Indudablemente lo anterior nos pudiera parecer sumamente utópico, sin embargo, algunos países ya nos han dado la muestra de que SÍ ES POSIBLE LLEVAR A CABO UN CAMBIO TAN RADICAL.

 

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