Severidad y ética en las entrevistas PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Sábado, 18 de Noviembre de 2017 14:54

Benito Abraham Orozco Andrade.    

De acuerdo con la Real Academia Española severo significa “riguroso, áspero, duro en el trato o el castigo” y ética “recto, conforme a la moral”, conceptos que en algún punto pudieran complementarse, incluso en una entrevista periodística.

No obstante, cuando en el entrevistador existe una predisposición insana respecto del entrevistado o del propio tema de la entrevista, y formula sus preguntas con el único propósito de llevarla a un resultado por él preconcebido, esto es, sesgando el interrogatorio y soslayando las respuestas ofrecidas para imponer su propia “verdad” y no la expresada por el entrevistado, aquí es donde no tiene cabida la ética.

Más aún, si el entrevistador sólo lleva la intención de preguntar sintiéndose dueño de la verdad o representante y/o defensor de la sociedad, poniéndose en los zapatos de un juzgador sin tener la autoridad ni los conocimientos para ello, entonces nos encontramos ante una conducta deshonesta, nada profesional.

Para el periodista y escritor boliviano Luis Ramiro Beltrán Salmón, “por ética periodística puede entenderse, en particular, la manera moral de ser y de hacer del periodista regida por su profunda identificación con principios y normas de adhesión a la verdad, a la equidad, al respeto por la dignidad y por la intimidad de las personas, al ejercicio de la responsabilidad social y a la búsqueda del bien común” (http://www.saladeprensa.org/art534.htm).

Si atendemos a la opinión del prestigiado periodista boliviano, entonces la “rudeza innecesaria” hacia el entrevistado, así como la interrupción durante sus respuestas o simplemente el no dejarlo hablar y “poner palabras en su boca”, hace del entrevistador un verdadero “tirano del periodismo”.

Definitivamente no debemos generalizar cuando se habla de deshonestidad en los medios periodísticos, pues en ese ámbito existen muchas personas con gran prestigio derivado de su profesionalismo, pero desafortunadamente en diversos programas de televisión o de radio que cuentan con una gran audiencia, ya sean locales, nacionales o internacionales, desafortunadamente abundan esos “tiranos del periodismo”, quienes después de haber “sobajado” a los que cobardemente ven como sus contrincantes (pues en este caso el periodista tiene la sartén por el mango, ya que él decide hasta qué punto le da al entrevistado la oportunidad de defenderse), pretenden posicionarse ante los espectadores como los paladines de la sociedad o de una parte de esta, tergiversando y exagerando las palabras expresadas como respuestas.

Sin embargo, el entrevistado que amablemente accede a responder los cuestionamientos que le formula el entrevistador, tiene a cambio un trato que atenta contra su dignidad y, en no pocas ocasiones, contra su intimidad, lo que resulta completamente contrario a la ética periodística de la que habla el boliviano Beltrán Salmón.