Automóviles a la banqueta, peatones a la calle PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Viernes, 12 de Enero de 2018 14:05

Benito Abraham Orozco Andrade.

La necesidad que nos impone el ritmo de vida que cada vez es más ajetreada, de tener que desplazarnos a grandes distancias en un automóvil -o a cortas distancias por comodidad-, ha venido a llenar no nada más las ciudades, sino también las zonas rurales de “carros” y “trocas” de origen nacional y extranjero.

A diferencia de décadas atrás, el poder tener un vehículo se ha facilitado relativamente, ya que se puede adquirir con créditos accesibles cuya liquidación parece interminable y los altos intereses finalmente vienen haciendo sumamente onerosa esa compra (pero aunque se viva en casa de renta o hipotecada, lo importante es verse bien y no perder el estilo), o por otra parte a menor costo comprar un automóvil usado.

Quienes ahora estamos gozando de cierta “experiencia acumulada”, seguramente recordaremos que de niños en nuestros hogares difícilmente se podía contar con un carro o troca, y mucho menos con uno por cada miembro de la familia, como actualmente es posible.

Si bien antes podíamos encontrar uno que otro automóvil sobre la banqueta, lo cierto es que ante la queja de algún vecino o de un ciudadano inconforme se le podía llamar a la oficina de tránsito para que hicieran lo conducente, y en la mayoría de las ocasiones era atendida esa queja.

Pretender hacer lo mismo en estos días, con todos y cada uno de los vehículos que estorben al peatón para que pueda circular libremente y de manera segura por la banqueta, indudablemente pondría en serios aprietos a las autoridades correspondientes, pues lejanamente tendrían la capacidad necesaria para ello.

Vemos por doquier negocios que, sin la menor preocupación o consideración hacia los peatones, delimitan sus cajones de estacionamiento desde la pared de su respectivo inmueble y hasta la carpeta asfáltica de la calle por donde deben circular los automotores, ocupando completamente la banqueta por la que se supone deben caminar las personas. Aunado a lo anterior, igualmente se encuentran estorbando, pero de manera permanente, árboles o pedestales para la basura.

Huelga decir que el asunto que nos ocupa es añejo y que no se le puede atribuir su responsabilidad a alguna determinada autoridad. No obstante, quienes actualmente detentan el poder público sí tienen la obligación de implementar las medidas necesarias para darle orden al desarrollo urbano de las ciudades de hoy y de las futuras.

Desde hace algunos años se dispusieron carriles en algunas avenidas y calles para la circulación de bicicletas, en un propósito de reconocer y promover dicha actividad de manera más segura; sin embargo, para el peatón no ha habido esa consideración, pues como se ha venido comentando, a éste le resulta sumamente complicado caminar por las banquetas.

Muchos tenemos la oportunidad de contar con algún vehículo para desplazarnos a casi todas partes, y no nos percatamos, y/o no padecemos, los riesgos y malabares que miles de personas sufren para poder ir a la escuela, al trabajo, a visitar a algún familiar, etc. Si de por sí el pésimo servicio de transporte público les es por demás adverso en sus traslados, pues no estaría por demás que se les considere y respete a esos peatones su derecho a circular libremente y sin riesgo u obstáculo alguno por las banquetas.

Aunque difícilmente pudiera ser a corto plazo, el emprender una acción gubernamental para abatir lo expuesto, indiscutiblemente redundaría en darle una imagen de civilidad no sólo a nuestras ciudades, sino a la propia administración pública que se anime a “aventarse ese tropo a la uña”.

 

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