La Columna de Jaramillo PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Carlos Jaramillo Vela   
Lunes, 05 de Febrero de 2018 21:13

Carlos Jaramillo Vela.

Maclovio Murillo: procacidad e imprudencia.

Informe del Gobierno de Chihuahua: ¿Tácita mordaza a diputados?.

Encuesta de López Dóriga: Meade con 44%, por arriba de Anaya y López.

César Jáuregui: “¡Ay, no!,… no tengo nada qué declarar”.

Penosas, en verdad, las expresiones del Consejero Jurídico del Gobierno del Estado, ventiladas públicamente la semana anterior a través de un importante medio de comunicación, en alusión a la despectiva forma en que el funcionario se refiere tanto a su compañero de gabinete, Cesar Jáuregui, Secretario General de Gobierno, como a los representantes de los medios de comunicación. Da pena ajena constatar el soez lenguaje y el discriminante trato con los que Maclovio Murillo se conduce al hablar sobre el Secretario y los periodistas de Chihuahua.

Quienes ocupan los puestos más altos de la administración pública estatal -como es el caso de Murillo- tienen el deber jurídico, político y moral de conducirse con decoro todo el tiempo, así como de respetar la Constitución General de la República, la particular del Estado y las leyes que de ellas emanen. Actuar a contrapelo de tales principios y preceptos no solo constituye una transgresión a las normas legales y a las máximas de la lógica y el sentido común, sino también una falta de respeto a la opinión pública, así como una deslealtad hacia la superioridad -el Gobernador y el Secretario General, en este caso-. La falta tacto y la vulgaridad son dos defectos diferentes, pero cuando ambos convergen en la actuación de un funcionario causan estragos en la imagen gubernamental. Seguramente hoy Javier Corral y Cesar Jáuregui maldicen la impertinencia de Murillo, y recuerdan con amargura el adagio que afirma que “No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre”.

La estrategia desplegada por el titular del poder ejecutivo de Chihuahua para la rendición formal de su informe de gobierno se interpretó, por el diputado Pedro Torres, como una tácita mordaza a la natural y legítima aspiración que existe en los diputados del Congreso del Estado para manifestar al gobierno actual sus puntos de vista y posicionamientos respecto a la situación socio-política de Chihuahua. Sí, pese a los ofrecimientos que desde el comienzo de su administración hizo Javier Corral a los diputados locales para debatir con ellos en el congreso cuantas veces fuera necesario, su postura fue puesta en entredicho.

Un día antes del informe, Torres, Diputado de MORENA, declaró públicamente: “Me parece lamentable que habiendo sido él un legislador muy aguerrido, que él contestaba los informes de los presidentes o de gobernadores, va a presentar su informe por escrito evitando crítica y respuesta de los legisladores, … muy lamentable que la voz del pueblo que nosotros representamos que son los chihuahuenses no vaya a tener un espacio en el informe del gobernador y que en un ambiente muy cómodo para él con gente que le va a aplaudir y echar porras, ahí sí se va a aventar un mensaje, … no está ejerciendo como gobernador, está rehuyendo al debate, está rehuyendo a la crítica”.

En días recientes -el 29 de enero- el conocido periodista Joaquín López Dóriga publicó en su portal electrónico los resultados que hasta esa fecha se habían acumulado en la encuesta que a través de dicho medio hizo respecto a la elección presidencial del año en curso. Ante la pregunta lanzada al público por el comunicador: ¿Si hoy fueran la selecciones, por quien votaría? el 44% de los participantes respondió a favor de José Antonio Meade (PRI), el 32% optó por Andrés M. López Obrador (MRN), un 15% dijo simpatizar con Ricardo Anaya (PAN-PRD) y 9% optó por candidatos independientes.

Buen ejercicio, sin duda, el practicado por López Dóriga, sin embargo hay que considerar que entre mayor sea la muestra de población electoral encuestada, será mayor la proporción de certeza del sondeo. Asimismo, es pertinente recordar que las encuestas suelen ser “fotografías del momento”, y aún faltan varios meses para la realización de los comicios. En los recientes días se han comenzado a escuchar voces de analistas que afirman que aunque quizás Meade como candidato no sea muy superior a los demás aspirantes, como presidente sería mejor que cualquiera de ellos. Interesante razonamiento, pues en julio de 2018 México decidirá su futuro, y lo que el país necesita en la conducción de su gobierno no es un magnífico candidato, sino un buen presidente. 

El corolario del desliz de Maclovio Murillo se reduce, por lo pronto a un silencio, una ausencia, y a lo que parece un ardid. Un silencio: porque, a fin de “no hacer más grande la herida” o “no avivar el fuego”, el día primero de febrero, cuando César Jáuregui, Secretario General, arribó al recinto del Poder Legislativo, donde minutos más tarde Javier Corral, Titular del Ejecutivo, entregaría el Informe de Gobierno, al ser abordado el por los medios de comunicación respecto al bochornoso episodio protagonizado en su contra por el Consejero Jurídico, el Secretario sólo acertó a decir “¡Ay, no!… no tengo nada qué declarar”.

Una ausencia: porque ese día a Murillo no se le vio en ninguno de los dos eventos del informe, a pesar de que por su investidura formal debía estar entre la comitiva de miembros del gabinete que acompañó a Corral, tanto en el protocolo legal efectuado durante la mañana en la sede del Congreso del Estado, como en el acto público que el senador con licencia llevó a cabo por la tarde, en compañía de sus correligionarios de partido Ricardo Anaya y Diego Fernández de Cevallos.

Un ardid: porque en otras declaraciones del aún Consejero Jurídico, publicadas dos días después del escandaloso incidente, con el mismo lenguaje impropio empleado en sus  revelaciones iniciales éste no solo se jacta de no ser corralista ni panista, sino que además afirma que desde hace tres meses presentó a Corral su renuncia, sin que el mandatario la aceptara. Esta versión propalada por el mismo Murillo hoy campea por los cuatro vientos, y hace suponer que resulta inminente su retiro o remoción del gabinete corralista, pues parece un “argumento” o “estratagema” preparado -con o sin la orden de Corral- para darle al funcionario de marras una salida “lógica”.  

 

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