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Opinión - Devenir
Escrito por Luis Javier Valero Flores   
Domingo, 06 de Mayo de 2018 09:14

Luis Javier Valero Flores.

“Mucho pueblo para tan poco gobierno” le espetó López Obrador a Corral. Una sola línea blanquiazul, descalificar al tabasqueño

 

La lucha por el “voto útil”. Llamado a conformar un frente anti-AMLO


No solo el Coordinador de Estrategia de la campaña de Ricardo Anaya, Jorge Castañeda, sino también el candidato a senador por la primera fórmula, Gustavo Madero, pusieron en el centro de sus actividades y discursos el ataque y descalificación a López Obrador.

 

Otro tanto hace el gobernador chihuahuense, Javier Corral, excesivamente elogiado por Castañeda en el curso de la conferencia impartida en la Facultad de Contaduría de la Uach el pasado jueves, además de responder a los dichos del tabasqueño.

 

Criticado severamente por el candidato de Morena, el mandatario Javier Corral reaccionó ágilmente el 1o. de mayo.

 

Ese día dio a conocer que el muy destacado empresario Víctor Almeida, principal propietario de lo no menos poderosa empresa Interceramic, se sumaba a la campaña de Anaya. Minutos más tarde se sabría que, además, sería el coordinador de la campaña del queretano en Chihuahua, justamente en el momento en el que el candidato puntero de la contienda destapaba la información que una parte de la cúpula empresarial del país se había reunido con Anaya, al que determinaron apoyar, esfuerzo al que, según López Obrador, se había sumado Peña Nieto.

 

“El presidente no negocia” le respondió el mexiquense.

 

“Minoría rapaz” les endilgó el candidato de Morena, como hace 6 años, como hace 12, como siempre les había llamado y ello concitó, de inmediato, automáticamente, el respaldo a los más poderosos empresarios de México, de los candidatos Meade, del PRI, y Anaya, del PAN, además del puntilloso deslinde y crítica de Peña Nieto a quien aparece, hasta ahora, como contundente favorito para ganar la elección.

 

Más sosegado, en una entrevista (Tercer Grado, 3/V/18) que recordó las que Televisa le hacía a los presidentes de la época del partido casi único, López Obrador insistió en llamar de la misma manera a los integrantes del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, con mucho los hombres más ricos de México (Bueno, ahí está, también, la empresaria María Asunción Aramburuzabala Larregui, ex propietaria de Corona) y fue más lejos la denominarlos dueños de México e insistir en que no quieren dejar de ganar rapazmente; son los responsables del desastre que tenemos, les dijo nuevamente, además de deslindar a Roberto Hernández (ex propietario de Banamex) y a Carlos Slim de sumarse a la operación política en su contra.

 

Tales declaraciones han tensado la relación entre el candidato y la cúpula empresarial y llevaron al panismo a cometer otro grave error. Las declaraciones de AMLO encontraron un muy extendido respaldo en la población y dejaron pasmados a quienes se les consideraba algo así como los tótems del periodismo, Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola y Denisse Maerker, en una entrevista que querrán olvidarla pues en la práctica le dieron trato de presidente a López Obrador, casi ni querían hablar, o se dejaban llevar por el discurso del candidato morenista.

 

Pero el equipo de Anaya va en otra ruta. Salieron en la defensa de los oligarcas, en el momento en el que la abrumadora mayoría de la población los repudia.

 

Quizá no les alcance, ni el tiempo, ni las preferencias electorales para la estrategia de su campaña. Castañeda vino a Chihuahua (en un acto más que electoral en las instalaciones capitalinas de la Uach, acompañado de prácticamente todos los candidatos de la alianza PAN-PRD-MC, Gustavo Madero, Miguel Riggs, Alan Falomir, Patricia Terrazas y el dirigente estatal, Fernando Alvarez) a insistir en la necesidad de incidir en el “voto útil”, sobre todo aquel, dijo, de los simpatizantes de AMLO que no estén  completamente convencidos de esa candidatura.

 

Sostiene que la ventaja sobre Anaya es de 10 puntos y que si logran atraer cinco del morenista, que se sumen al panista, lograrían el empate, lo que, en el papel, pareciera al alcance de la mano del queretano, pero que no encuentra sustento con lo que está ocurriendo en todo el país, y no solamente en las encuestas.

 

Socarrón, El Peje adujo en la entrevista de los periodistas de Televisa (además de los invitados, Raymundo Riva Palacio, de El Financiero, y René Delgado, de Reforma), que no hay ira en la gente que, al contrario, que hay un ambiente de fiesta; “la gente anda contenta”, decía, mientras les dedicaba una  condescendiente sonrisa, al tiempo que los invitaba “a acompañarme, para que vean”.

 

En tanto, el otro mundo, el del empresariado más beneficiado de las políticas económicas de los gobiernos de Miguel de la Madrid a la fecha, justamente en los años en los que México se hundió en la corrupción, en el atraso económico, en el agravamiento de la deuda pública, en el fortalecimiento del crimen organizado, del crecimiento de la degradación social, del empeoramiento de la inseguridad; del salvaje incremento de la deuda pública de estados y municipios y del empobrecimiento de la mitad de la población, reaccionaron enérgicamente en contra de López Obrador.

 

Entre ellos, los 10 más ricos, deben su fortuna a alguna de las decisiones de los presidentes, o de las concesiones otorgadas, derivadas de las reformas “estructurales” realizadas en el pasado, aunque no con ese nombre: Propietarios de bancos, de minas, de empresas telefónicas, de los grandes negocios al amparo del petróleo o la generación y venta de energéticos; en la práctica, beneficiarios de las decisiones de los hombres del gobierno y que, ahora, ante la eventualidad de la llegada de un nuevo grupo político al gobierno, con posturas y proyectos distintos a los prevalecientes hasta ahora, hiperreaccionan.

 

Y digámoslo claramente, el “Proyecto de Nación” impulsado por López Obrador no tiene que ver con algún modelo socialista. Con dificultades pudiera asemejarse al modelo de los países nórdicos europeos. No, es más mesurado. De todos modos ha desatado el pánico entre los más ricos.

 

También en otros actores ha despertado tal enjundia. El viernes, el gobernador chihuahuense se lanzó, directísimo, en contra del tabasqueño: “No es que haya regresado el verdadero López Obrador, siempre ha estado ahí: intolerante, autoritario, faccioso, deshonesto y mezquino; sucede que sumó temporalmente una capacidad para generar confianza: Culminó el engaño: volvió el ‘complot’ y la 'minoría rapaz”.

 

Respuesta tan severa, de un protagonista político que, por su papel de gobernante, debiera ser mesurado y apartarse de la contienda electoral, sabedor que en esa calidad recibiría las más severas críticas de los oponentes políticos, los que se harán eco de la situación existente y que daría pie a la contundente descalificación que le hiciera AMLO desde Delicias días atrás: El de Chihuahua es “mucho pueblo para tan poco gobernador”, al criticar diversas acciones del gobernador Corral, en particular el de no pagarles a los maestros de la Sección 42, “págales”, le dijo, “no violes la Constitución”.

 

Lejos de un debate de altura, el mandatario chihuahuense le respondió puerilmente, “Si soy poco gobernador, AMLO sería poco presidente”.

 

El problema es que, el tabasqueño va adelante, no solamente en las preferencias en la elección presidencial, sino también en las de senadores y diputados federales.

 

De acuerdo con Massive Caller (3/V/18) los candidatos de “Juntos haremos historia” van adelante en 22 entidades, por 7 del PAN, y uno en cada caso, por el PRI, MC e independiente.

 

Si así fueran los resultados, Morena tendría ¡Mayoría calificada -o casi- en la Cámara de Senadores!

 

A su vez, de acuerdo con la empresa Mitofsky, en la Cámara de Diputados ocurre cosa semejante, aunque menor en los alcances, pues Morena y sus aliados alcanzarían la mayoría simple en ese órgano legislativo, con un máximo de diputados de ¡262 de 500 existentes!

 

Esas cifras, y las movilizaciones, además de los estudios que obligadamente deben estar realizando, ha llevado a la cúpula dirigente a tal grado de ansiedad, que explica la iracundia de sus posturas, lo que, por otra parte, lleva a López Obrador a actuar de la manera como está ahora conduciendo su campaña, a unos cuantos días del segundo y crucial debate, no tanto por los puntos que pudiera perder, sino por los que alcanzara Anaya, fruto del desplome de los otros, en especial del ahora sí plenamente candidato del PRI, José Antonio Meade.

 

Y es que éste ya adquirió carta de naturalización priista: Siendo un simpatizante del PRI resolvió ¡Quitar al presidente del Comité Nacional del partido que lo designó candidato!

 

“Yo lo decidí”, dijo.

 

¡Válgame! ¿Qué diferencia hay entre este candidato y aquel presidente que quitó a 6-7 presidentes del PRI y a 15 gobernadores?

Y luego se enojan porque el socarrón tabasqueño les llama “la mafia del poder”.

 

Ni cómo defenderlos, aunque quisiéramos.

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