Una auténtica alternancia con López Obrador PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Jueves, 28 de Junio de 2018 05:34

 

Mario Alfredo González Rojas.

 

La alternancia en el poder siempre ha sido tonificante para la vida de un país, al menos siempre resulta esperanzador, porque se trata de otras personas las que dirigirán su rumbo. En el año 2000 la fe del pueblo de México estaba puesta en el gran cambio, en la caída de un coloso engreído y autoritario. Sin embargo, muchos veíamos en Vicente Fox, el candidato fuerte opositor al PRI, que no reunía los requisitos para encabezar una gran cruzada de redefinición nacional.

 

El panista, era mal hablado, inculto, simplón y creído. El hartazgo de los mexicanos tocaba a la puerta de la gran oportunidad, pero con una persona de esa calidad, no había nada que esperar de alentador. Francisco Labastida, el candidato priísta iba arriba en las encuestas aunque no con un margen tan amplio como ahora López Obrador lo ostentó a lo largo de toda la campaña. Recuerdo que un día antes de las elecciones, comentó el que a la sazón era el presidente del PAN en el estado, ante un amigo y el que escribe, que francamente no se le veían posibilidades de ganar al señor Fox. Lo dijo en un tono tan convincente, lo que venía a reafirmar el punto de vista que compartíamos los dos amigos. La breve plática fue en el hall de El Heraldo de Chihuahua, en la avenida Universidad. Yo no pensaba en una sorpresa, y no por las encuestas, sino porque con el hartazgo y todo, Labastida era un mejor candidato.

 

Fox se había hecho popular por sus botas, su modo ranchero de hablar y por haber dicho, "hoy, hoy, hoy", cuando al suspenderse un debate, no recuerdo por qué razones, se les preguntó a Cárdenas, a Labastida y a él, cuándo creían que sería la mejor fecha para realizarlo. Los otros dos aspirantes expresaron que otro día, y entonces Vicente como disco rayado y en un tono circense insistió con las palabras aludidas. Y luego, hacía burlas del ex gobernador de Sinaloa y salía con ocurrencias disparatadas, como esa de que el problema de la guerrilla del subcomandante Marcos, la arreglaría ya siendo presidente en sólo 15 minutos. Así, no se podía tomar en serio a una persona, la que más bien parecía un clown; nada más le faltaban las pintarrajadas del típico payaso de carpa.

 

Se aprovechó del cansancio de los mexicanos. Muchos nunca creímos que daría el gran salto hacia la fama.  El que había sido director de la Coca cola a un alto nivel, traía su cuento, aunque a tontas y a locas. Llegó a darle el Premio Nobel de Literatura a Carlos Fuentes, cuando comentó que no tenían por qué pensar que era un inculto, sino que era sencillo, del pueblo, pero contaba con cultura y había tenido ocasión de conversar con gente prepara y de altos vuelos. El guanajuatense presumió de haber platicado con reyes, príncipes, con escritores, incluidos entre estos algunos ganadores del Premio Nobel, como Carlos Fuentes, el que tuvo que haber sido el primer sorprendido al saberse ganador de dicha presea. En estas condiciones, pensando con sensatez, no podía uno creer que Fox pudiera llegar a sentarse en la silla presidencial. Pero como el voto es ciego, como a veces o casi siempre lo es el amor, sucedió lo que tenía que suceder.

 

El hartazgo ya no oye razones, lo que quiere es un arreglo y por eso hubo alternancia en el 2000. El caso de AMLO es distinto, él ha sabido capitalizar dicho hartazgo con otro estilo, dando otras señales. En la historia se habla de caudillos, los que junto con el pueblo que los sigue, hacen la historia, valga la redundancia.

 

Como decían en los tiempos del socialismo naciente, cuando están las condiciones dadas, estalla el movimiento social, dirigido por un líder, antes no. Y con Andrés Manuel se presentaron las condiciones para un explosión pacífica. Tiene experiencia el tabasqueño, esperó muchos años el momento y ahora es cuando. No es buen orador, nunca lo ha sido, es cierto, pero convence, tiene con qué convencer. El voto para él, es un voto convencido, no a ciegas.

 

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