¡Todos podemos!, ¿pero debemos? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Pablo Bernach   
Viernes, 17 de Agosto de 2018 13:19

 

Pablo Bernach.

 

La Constitución Mexicana establece que cualquier mexicana (o) que cumpla con los requisitos puede ser diputado, senador, presidente de la república, gobernador o presidente municipal y en ese contexto legal, la baraja pública se nos descompuso, ahora hasta nos quieren dejar a sus cónyuges en el hueso.

 

Todavía en la década de los noventa los grillos y los partidos políticos de oposición se medían y no lanzaban y o elegían idiotas inpreparados en busca del calcio, pero no faltó un primer ambicioso analfabeto funcional (con certificado sin conocimientos) para que la ambición desbordara la cordura y el sentido común. Y los mediocres después ver alguno de sus congéneres elegido, pensara ¿si X es, por qué yo no?

 

En efecto hubo un primer o una primera mediocridad andando señalada por el dedo o la elección y el escenario se descompuso. Un millón de premio a quien proponga una estrategia viable que no viole las garantías individuales y políticas del mexicano, para recuperar la capacidad, talento y liderazgo, para limpiar de grillos incapaces y corruptos nuestros gobiernos.

 

Pero llegaron las “innovaciones presidenciales” con los súper delegados federales de AMLO y las “consultas populares” del pueblo sabio. Los constituyentes de todos los países por siglos han estado conscientes que hay momentos en que el pueblo no sólo no es sabio, sino que se opone a lo que no comprende, sobre todo cuando lastima sus intereses o simplemente detesta u odia.

 

Por ello diseñaron mecanismos de excepción como las expropiaciones y la suspensión de garantías individuales, cuando el pueblo sabio obstaculiza el desarrollo y la modernidad o como en muchas comunidades en México, empieza a vivir de ingresos contrarios a la ley.

 

Los países exitosos construyen un balance entre las garantías individuales, los derechos sociales, la libertad y la equidad. Quien rompa tal frágil equilibrio, que se atenga a las consecuencias: caos, hambre, violencia, atraso y lo que se les ocurra.