Perfil humano. ¿Centralización o descentralización? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Eduardo Fernández   
Domingo, 26 de Agosto de 2018 12:02

 

Eduardo Fernández.

 

Dos propuestas del plan del nuevo gobierno de López Obrador han generado polémica no solo por lo innovadoras sino por las dudas que genera su implementación.

 

Una de ellas es la designación de delegados estatales que coordinen la aplicación de los programas federales en lugar de los usuales delegados de secretarías y organismos descentralizados. La objeción que le han hecho algunos gobernadores, entre ellos el chihuahuense, es que la concentración de facultades en un solo funcionario pondría en jaque al federalismo.

 

La figura de un “superdelegado” auxiliado por varios delegados regionales parece obedecer más a fines electorales y políticos que a los funcionales que tenían los delegados tradicionales.

 

Tal pareciera que se pretende crear una plataforma partidista con personajes políticos que después podrían aprovechar su puesto para obtener otros puestos. Al menos eso es lo que critican los opositores al proyecto de transformación del presidente electo.

 

La justificación del nuevo gobierno de esta concentración de poder en unos cuantos en vez de la gran cantidad existente es ahorrar y evitar el uso de los recursos federales para obtener ganancias personales así como su aprovechamiento en el proselitismo electoral.

 

El problema de esta centralización que afectará a los estados es sobre todo la funcionalidad práctica pues si usualmente la burocracia federal tendía a turnarle las decisiones a la ubicada en la Ciudad de México, ahora será complejo y difícil que un solo delegado pueda actuar en todos los campos especializados con eficiencia y eficacia.

 

La otra propuesta es la descentralización de las secretarías y demás instituciones que tenían su sede en la capital del país.

 

En primera instancia en una federación parece razonable que se desconcentren estas dependencias, sobre todo para beneficiar algunas entidades y evitar en parte la gigantesca aglomeración de población que padece la zona metropolitana de la Ciudad de México.

 

La cuestión es que las nuevas sedes de las secretarías y organismos descentralizados parece que caería en el otro extremo, la dispersión y la micro funcionalidad.

 

Si en la Ciudad de México fluyen las comunicaciones en algunas de las poblaciones propuestas, como Chetumal, es lo contrario. Además, se debe revisar el alto costo de movilizar a cientos de miles de burócratas y sus familias pues la mayoría de las ciudades propuestas no tienen la infraestructura ni los servicios suficientes para asimilar tal aumento de habitantes.

 

En sí las dos propuestas citadas no son tan malas si se realizan paulatina y racionalmente en coordinación con los estados. Por sus efectos nacionales deberían ambas someterse a una auténtica consulta pública para que seamos los mexicanos quienes examinemos y decidamos si son viables o no, así como si estamos dispuestos a pagar el costo de las mismas.