Nuevamente la zozobra por los despidos PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Viernes, 07 de Septiembre de 2018 19:07

 

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

Cada cambio de gobierno federal, estatal y municipal, tradicionalmente viene acompañado de distintas propuestas de mejora y/o de consideración de colaboradores afines a los intereses de quienes detentarán el poder (pago de facturas políticas, correligionarios, serviles, etc.), con los consecuentes despidos para generar las vacantes necesarias.

 

Como parte de las medidas de austeridad que se están proponiendo llevar a cabo una gran mayoría de legisladores federales (diputados y senadores) que acaban de asumir el cargo y de quien el primero de diciembre rendirá protesta como Presidente de la República, se encuentra la relativa a reducir en un 70 por ciento todo el personal de confianza, no nada más del Poder Ejecutivo, sino también de los poderes Legislativo y Judicial, así como de los órganos autónomos. Un plan de austeridad a nivel Estado y no sólo de gobierno, según lo ha manifestado el presidente electo Andrés Manuel López Obrador.

 

Ante los vergonzosos y humillantes excesos que durante décadas ha tenido la clase política-gobernante con cargo al patrimonio de todos los mexicanos, el estar en contra de la implementación de medidas de austeridad para acabar con ese lastre sería del todo reprochable y absurdo, completamente contrario con el bienestar social. No obstante, lo que sí resulta muy pertinente es conocer y analizar los términos en que se pretenden llevar a cabo tales medidas.

 

La propuesta de reducir el personal de confianza en un 70 por ciento, implica realizar un estudio profundo sobre el particular, del que entre otras cosas se desprenda en cada oficina y respecto de cada trabajador, las actividades que realiza y la forma en cómo se ha venido desempeñando, su antigüedad, si justifica su permanencia y en su caso si debe ofrecérsele una reubicación a alguna otra área, etc., sin que importe en que época o gobierno ingreso al servicio público, pues se supone que con una medida así no se estarían buscando revanchismos políticos, sino una mejora para el pueblo del que, por cierto, esos trabajadores forman parte.

 

Debe privilegiarse que permanezcan en su trabajo aquellas personas (hombres y mujeres por igual) que han demostrado capacidad y responsabilidad en favor de la sociedad, y no aquellas personas que han sabido servir -y trascender en los sexenios y trienios- a los propósitos corruptos de los demagogos de diferentes colores que siguen ocupando algún cargo en los tres niveles de gobierno.

 

También habrá que reflexionar del por qué afectar al 70 por ciento de los trabajadores de confianza. ¿Acaso son ellos quienes ganan esos altos salarios o quienes disfrutan de los privilegiados seguros de gastos médicos mayores, de retiro y de separación individualizada? ¿Son quienes tienen a su servicio un teléfono celular o un vehículo oficial para uso particular? ¿Cometieron algún delito o algún pecado para que se les pretenda dejar sin trabajo?

 

De lo que si debemos estar ciertos, es que son esos trabajadores de confianza quienes han tenido que soportar los abusos de sus jefes al exigirles favores o comportamientos indebidos de diversa índole (acoso sexual, trabajos personales y fuera del horario de labores, participación en campañas electorales en contra de su voluntad, etc.), y que ante cada cambio de administración han tenido que estar con el temor de ser despedidos.

 

Asimismo, no hay que dudar que gran parte de esos trabajadores apoyaron con su voto a quienes obtuvieron la mayoría de los triunfos el pasado primero de julio, precisamente con la esperanza de que haya un cambio positivo en el país, incluso en sus centros de trabajo.

 

Lo paradójico aquí será, que esos trabajadores que han estado soportando malos tratos y que a su vez han estado anhelando la llegada de condiciones laborales más favorables –o menos perjudiciales-, ahora se encuentren sufriendo la zozobra de quedarse sin trabajo y sin el sustento familiar, con la visión de que dada la edad de muchos de ellos, inequívocamente engrosarán por años las filas de los desempleados. ¿También se les considerará para una beca como “ninis”?

 

Habrá que estar en los zapatos de tales trabajadores para conocer la humillación y el estrés al que inmerecidamente son sometidos cada vez que llega un nuevo jefe, pues como suele ocurrir, no faltará el compañero patán y servil que se encargará de atemorizarlos con que se encuentran en la lista negra y pronto serán despedidos. Espero equivocarme y, que, de darse tales despidos, sean plenamente justificados y con un trato digno en todos los aspectos.

 

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