Competencia PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Mauricio Islas   
Martes, 11 de Septiembre de 2018 10:30

 

Mauricio Islas.

 

Vivimos en una sociedad competitiva. Lo cual significa que, como en toda competición, el número de participantes es mayor que el de premios, pues si todos tuvieran premio y el mismo premio, no habría razón para competir. Por tanto, el número de insatisfechos es mayor que el de satisfechos. Si al principio todos comparten la misma ilusión, al final casi todos quedan desilusionados. Es una exigencia del sistema. Dígase lo que se quiera, lo importante no es participar, sino ganar, pues la competición se hace por el premio y no hay premio sino para los triunfadores. Y aparece la trampa: si ve que puede alcanzar el premio más fácilmente, aunque sea de modo antirreglamentario, se empeñará en conseguir la recompensa sin que le descubran los jueces.

Todas estas características se dan efectivamente en nuestra 
sociedad, que, por ello, ha recibido el nombre de sociedad competitiva. En esta sociedad, mientras se pierden las ganas de jugar -en el juego no hay rivales sino amigos- y el espacio y la ocasión para un juego limpio, se nos obliga a todos a participar en la competición como rivales. La propaganda y los medios de publicidad se encargan de aumentar las necesidades por encima de las satisfacciones, la demanda por encima de la oferta, para que haya más participantes que premios. En la familia, en la escuela, en la oficina, en la fábrica, en las carreteras... se nos incita a rivalizar con otros, a desear y luchar por algo imposible para todos.

 

El Clima