Despidos y desempleo PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Jueves, 01 de Noviembre de 2018 19:25

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

 

Con los recortes de personal que se han venido dando en la administración estatal de Javier Corral, y con los que se pretenden llevar a cabo en la próxima administración del gobierno federal, aunados a los de la iniciativa privada (como es el caso de diferentes instituciones bancarias que han anunciado despidos masivos de personal), el panorama para esos trabajadores y para sus familias resulta sumamente desalentador.

 

El tener que prescindir de la fuente de empleo en la que se ha estado laborando por años -incluso por décadas-, además de complicar la obtención del ingreso económico para satisfacer las diferentes necesidades básicas de la familia y, en su caso, para el pago de la hipoteca de la casa y del crédito del vehículo utilizado para el traslado al trabajo y a la escuela, también representa un acto de ingratitud hacia esos miles de trabajadores que nada tienen que ver con los mencionados excesos en la administración pública y, que en múltiples ocasiones, han dejado su vida -literalmente- en el servicio público.

 

Después de años de entrega a su trabajo, simplemente llega alguien al que se le ocurre efectuar recortes de personal a diestra y siniestra, sin una estrategia que no perjudique a las propias instituciones públicas y, por su supuesto, a los servidores públicos que como personas son sujetos de derechos humanos, pisoteando a todas luces su derecho a un empleo estable y a una jubilación. ¿A quien demonios y con qué propósito se le ocurrió la existencia de la figura de los trabajadores de confianza y de honorarios? Una verdadera estupidez. Por otra parte, no es un secreto que posteriormente se contrata a otras personas hasta con sueldos  más altos, algunos de ellos para servir a intereses insanos.

 

Esas personas son quienes con sueldos y prestaciones limitadas, han venido sorteando las dificultades derivadas de una economía nacional históricamente adversa para el pueblo, soportando las poses y los caprichos de sus jefecillos acomplejados. A lo mejor no han sido químicamente puros, pero nada que ver con esos pillos que han timado a programas tan nobles como el del “Jardín del Abuelo”, entre otros.

 

Pretender hacer ajustes en las instituciones públicas con motivo de los ancestrales excesos cometidos por quienes han detentado el poder, de inicio suena lógico, máxime si el erario se encuentra en condiciones deplorables. No obstante, si lo que se busca con la implementación de medidas de austeridad es traer un beneficio a la sociedad en general, no se puede decidir a rajatabla, el llevar a cabo un recorte considerable de personal, si no se tiene previsto qué pasará con esas personas y con sus familias.

 

Si el Presidente de la República, el Gobernador del Estado o cualquier Presidente Municipal o funcionario de alto nivel, estuviera en la condición de dejar su trabajo con el que mantiene a su familia ¿estaría conforme? Claro que no, hay que ponerse en los zapatos de esos trabajadores para saber la gran angustia de ya no tener la posibilidad de llevar un solo peso a casa.

 

Los despidos, de suyo, representan una situación grave, pero al no haber oportunidades de empleo (principalmente para aquellas personas con cuarenta años de edad o más), lo hace todavía más complicado. Si el gobierno y la iniciativa privada despiden ¿a dónde pueden recurrir esos despedidos? ¿a realizar actividades ilícitas?

 

Pero independientemente del afán indiscriminado de “cortar cabezas” y de sentirse satisfechos por haberse “chingado” a más de tres ¿no sería mejor reubicar personas y establecer una verdadera planeación estratégica para optimizar recursos?

 

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