Política educativa y la cuarta transformación de los EUM PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Isaías Orozco Gómez   
Domingo, 04 de Noviembre de 2018 12:29

Isaías Orozco Gómez.

 

 

Plausible el trabajo que están realizando los diputados y senadores del Congreso de la Unión o  Poder Legislativo federal; y los diputados de los congresos locales o  Poder Legislativo de las 32 entidades federativas; pertenecientes, todos ellos, al Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). Al igual que el realizado por el Lic. Andrés Manuel López Obrador, Presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos (EUM); y, por supuesto, fundador del citado Movimiento, postulado por el mismo.

 

Destacable y trascendental el que por fin, se hayan exterminado –se espera que para siempre– las millonarias pensiones mensuales que se autoasignaron y disfrutaban inmoralmente, los expresidentes de la República en vida o sus descendientes al fallecer alguno de ellos. Sueldos o robos descarados al erario nacional, categorizados eufemísticamente como pensiones. En tanto que más de ochenta  millones de mexicanos, al término del tristemente célebre sexenio pripeñanietista, se encuentran sobreviviendo en total pobreza  con sus indignantes matices. Pero además, que en base a la Ley de Salarios Máximos y a la Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, ningún funcionario podrá ganar más que el Presidente de la República, por lo que ningún servidor público de ningún poder ni órgano autónomo podrá ganar arribar de os 108 mil pesos brutos mensuales que recibirá el ya próximo Presidente.

 

Magnífico, que en torno a la NO CONTINUACIÓN del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), se haya descubierto e informado de las tranzas, del robo a los dineros del pueblo, que no más de una decena de archimillonarios como Carlos Slim, Salinas de Gortari y otros del grupo Atlacomulco, tenían planeado y proyectado efectuar dentro de los terrenos pegados al NAIM, en el lago de Texcoco, para la construcción de un enclave residencial, comercial y turístico, al estilo del exclusivo y “agringado” complejo SANTA FE, ubicado entre la ciudad de México y la ciudad de Toluca, capital del Estado de México.

 

En ese comprobar que aun cuando AMLO hasta el ya próximo 1º de diciembre  tomará posesión como Presidente Constitucional de los EUM, está perfilándose como el presidente de México, que sí le va a cumplir al pueblo, que no nos va a fallar, dedicaremos el resto de la presente modesta colaboración, al rubro de mayor importancia histórica para toda la humanidad, como lo es la EDUCACIÓN.

 

Inaceptable no tener presente, que en la naturaleza, en la sociedad y en el pensamiento nada es estático, ya que todo se transformas, todo cambia. En esa axiomática afirmación, entra la más importante responsabilidad de todo Estado, sobre todo si éste es auténticamente democrático: la educación. Considerando que la Escuela, que la EDUCACIÓN más que reproductora social, es un poderoso factor de renovación permanente de la vida individual, familiar y colectiva. Así, la educación no sólo reproduce, sino que es fundamentalmente un proceso de cambio y de transformación que lleva a las nuevas generaciones conocimientos, saberes, usos y formas de vida superiores. Debemos entonces, EDUCAR PARA TRANSFORMAR. Educar más que para COMPETIR, para COMPARTIR.

 

¿Cuál sería entonces la política educativa que tendrá que seguir el próximo Presidente legal y legítimo de la República Mexicana, al emprender la “Cuarta Transformación de los EUM, si habla de tener como guías de su lucha política, social, económica y DEMOCRÁTICA a Don Benito Juárez García, a Don Francisco I. Madero y a Don Lázaro Cárdenas del Río?

 

En 1856 triunfa el partido liberal contra las fuerzas conservadoras, esa pléyade de liberales reformadores, convoca a un Congreso Constituyente, destacando y sintiendo la necesidad de reformar radicalmente la vida de todos los mexicanos, teniendo como principal medio la “la fe en el poder transformador de la educación”. Melchor Ocampo, Benito Juárez y otros destacados liberales planean la REFORMA, que después de la Revolución de Ayutla genera una nueva Constitución, la de 1857, con un indudable valor político. En ella se establece la libertad individual, la de enseñanza, la de imprenta, la de asociación y petición. Suprime el fuero eclesiástico y el MONOPOLIO DEL CLERO SOBRE LA EDUCACIÓN.

 

Aun con las Leyes de Reforma, el problema educativo era grave. Ignacio Ramírez, en su exposición de motivos a la Ley de Instrucción Pública de 1868, expuso lo siguiente: “Siete millones en completa ignorancia, 500 mil habitantes apenas sabiendo leer y escribir y muchas cosas inútiles; 400 milo con mejor instrucción, sin que ello se levante a la altura del siglo y cosa de 100 mil pedantes…”. En ese entonces la población mexicana era de 8 millones de habitantes.

 

A punto de caer Porfirio Díaz, y ya en “campaña política electoral” Francisco Madero, era mínima la atención que se le daba a la educación  popular, a grado tal que los hacendados no querían que en sus haciendas hubiera educación. Parece ser que el latifundista Terrazas, al respecto dijo: “Necesito trabajadores, peones y no abogados”. Por su parte gente como el “científico” conservador Francisco Bulnes, estaba convencida de la inferioridad racial de los indígenas, por lo que educar a los indios era algo más que imposible: eran inferiores, no merecían ninguna educación.

 

Es más, el propio Francisco Madero, en su libro “La sucesión presidencial”, habla de que la mayor parte de los mexicanos son borrachos, se dedican a pasiones vulgares y no les interesa lo que está pasando en el país. Había una opinión muy generalizada de la inferioridad de las etnias  originarias, de la inferioridad de las clases bajas y menesterosas; se sostenía que no había necesidad de educarlas.  

 

Aterrizamos con el gran estadista Presidente Lázaro Cárdenas del Río, para leer lo que sustentara un 18 de marzo, sobre el concepto y alcances de la escuela socialista: “Los enemigos de la Revolución han combatido la reforma educativa de la escuela socialista, siguiendo los pasos de quienes pugnaron por mantener el sojuzgamiento de las conciencias con la escuela confesional, y el privilegio de la cultura para las clases capitalistas, al amparo de la enseñanza laica. La Revolución reconoce que no basta el ejemplo de las generaciones reformadoras, ni es posible cimentar la organización de un nuevo orden social, más justo y más humano, sino se prepara a la niñez y a la juventud, para defender y continuar la obra emprendida. La escuela socialista es una institución de servicio social, y no de interés privado, que propugna por la capacitación integral de todos los individuos en beneficio de la colectividad. Anhela la verdadera libertad, porque busca la luz de la razón como norma de conducta, en lugar de la ciega obediencia al dogma, y trata por ello de explicar la vida a través de la comprensión de los fenómenos naturales y no del temor supersticioso. Enseña que el trabajo es fuente de riqueza y de bienestar, y no un anatema de servidumbre, que el esfuerzo productivo ennoblece y que no existen castas o razas predestinadas al privilegio y a la felicidad, a costa de las clases esclavizadas…”

 

Parafraseando aquella canción de J.A. Jiménez: ¿Cuál de los tres caminos será el mejor?  ¿O se optará por el eclecticismo?

 

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