Perfil humano. La Guardia Nacional, ¿policiaca o militar? PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Eduardo Fernández   
Lunes, 31 de Diciembre de 2018 19:02

Eduardo Fernández.

 

La polémica sobre la legalización de una guardia nacional propuesta por el presidente López Obrador causó la división entre los legisladores al grado de que decidieron posponerla para el año entrante y mejor concentrarse en sacar adelante el presupuesto de egresos del 2019.

 

Aunque AMLO prometió durante su campaña regresar a los soldados a los cuarteles la condición crítica de la seguridad lo nacional lo obligó a rectificar y continuar con la militarización del país, cuestionada fuertemente en los dos sexenios anteriores.

 

La intervención de los militares en tareas de combate al crimen organizado no es nueva pues se llevaron a cabo desde la década de los setenta con la Operación Cóndor. Antes el ejército había actuado en contra de civiles y estudiantes en Tlatelolco además de batir a grupos guerrilleros en diversos estados del país, sobre todo en Guerrero.

 

Es en el gobierno de Felipe Calderón cuando de facto los militares encabezaron la guerra contra las drogas con un saldo sangriento de más de cien mil muertes. La batalla en contra de los narcotraficantes continuó con Peña Nieto y al final de su sexenio la cantidad de homicidios en el país superó a la de su antecesor.

 

El alto costo en víctimas y violaciones a los derechos humanos hizo atractiva la oferta electoral de mandar a los soldados de nuevo a los cuarteles pero la cruda realidad obligó a López Obrador a continuar con la militarización del territorio nacional.

 

Ahora bien, la propuesta de una guardia nacional consiste en tener un cuerpo de seguridad intermedio entre las policías y los militares, lo cual en teoría no está mal pues así ha funcionado con buenos resultados en otros países, esto es contar con cuerpo policiaco con formación militar.

 

Sin embargo, en la implementación es donde surgen las dudas de las organizaciones civiles que le apuestan a que solo sean las corporaciones policiacas las que se encarguen de combatir a la creciente delincuencia, la que cual plaga se ha extendido y amenaza convertirse en algunos municipios en un poder sustituto del estado.

 

En Chihuahua los crímenes de todo tipo continúan afectando a la población, sobre todo en las zonas rurales. Municipios del noroeste y de la sierra son controlados desde hace años por grupos que se ostentan de ser parte de los cárteles de la droga.

 

Las policías estatales y municipales no han podido con estas gavillas bien armadas que además corrompen a sus agentes para obtener la libertad de circular e imponer su ley.

 

La militarización del país es un mal necesario y por ello la amenaza de retirar al ejército por parte del secretario de seguridad y respaldada por el presidente si no se logra legalizar su participación a través de la Guardia Nacional obliga a los gobernadores y alcaldes a darle su respaldo o tendrían que asumir directamente la responsabilidad por la inseguridad.

 

La promesa de que la Guardia Nacional solo estaría cinco años bajo el mando militar y después pasaría a depender de la secretaría de seguridad parece una buena alternativa si se cumple en ese periodo con el adiestramiento adecuado de sus nuevos integrantes.

 

La guardia nacional cuando está bajo el mando y la vigilancia de las autoridades civiles funciona bien como se ha probado en otras naciones, aunque también puede ser utilizada para reprimir a los ciudadanos como sucede en Venezuela.

 

La grave situación de la seguridad nacional requiere la coordinación de policías y militares para pacificar al país. En el futuro es deseable que sean las corporaciones policiacas las que se encarguen de perseguir a los delincuentes por lo que la Guardia Nacional podría ser un intento positivo de transición, siempre y cuando se legalice adecuadamente con los controles necesarios para que cumpla con su función de proteger la vida y propiedades de los mexicanos.

 

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