A 60 años de la revolución cubana PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Viernes, 04 de Enero de 2019 12:42

 

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

“¡Primero de Enero!

Luminosamente surge la mañana.

Las sombras se han ido. Fulgura el lucero

de la redimida bandera cubana”

Jesús Orta Ruíz, poeta cubano.

                                                            

En su discurso del primero de enero de 1959 en Santiago de Cuba, el comandante Fidel Castro señalaba que “la Revolución empieza ahora, la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros…”. Con ello, advertía las consabidas complicaciones por las que ha transitado el pueblo cubano desde el inicio de la Revolución -más no del triunfo de la misma, como lo refería Castro-.

 

Ese suceso caribeño marcó no sólo la historia y el futuro de la propia Cuba, sino de diversos países de la región y de otros lugares del mundo. La isla caribeña ha sido inspiración para muchos pueblos oprimidos en busca de su libertad, e indiscutible estorbo para el imperialismo estadounidense. Un país de claroscuros para muchos.

 

Hace unos días, en su artículo “Cuba y Yeidckol”, el periodista Sergio Sarmiento retoma algunas opiniones opuestas en relación con el 60 aniversario de la Revolución Cubana, refiriendo que “los simpatizantes presentan al régimen cubano como un ejemplo. Dicen que tomó un país pobre y sometido a Estados Unidos para hacerlo próspero e independiente. La alfabetización casi universal y un excelente sistema de salud lo ratifican. Los problemas del país son producto del embargo impuesto por Washington”.

 

Asimismo, escribe que “Cuba, sin embargo, no era particularmente pobre en 1958. Su producto interno alcanzaba los 4 mil 255 dólares (de 2011) por persona, 30% más que México, con 3 mil 256 dólares. Para 2015 el producto cubano había subido a 7 mil 889 dólares, pero el mexicano casi lo duplicaba ya, con 15 mil 766 dólares (Proyecto Angus Maddison). Dicen los simpatizantes que el ingreso cubano está mejor distribuido, y quizá tienen razón, pero hay una aristocracia en Cuba, de funcionarios y miembros del Partido Comunista, con un nivel de vida muy superior al resto de la población”.

 

Inocente no lo es, y el querer presentar parcialmente una realidad no es lo más honesto. ¿Acaso en aquel entonces cada cubano disfrutaba de esos 4 mil 255 dólares o cada mexicano de los citados 3 mil 256 dólares? ¿Y en el 2015 de las jugosas cifras que refiere? El comparativo que utiliza definitivamente no es el mejor respecto de cada individuo, pudiendo serlo en cuanto a lo que representa cada economía nacional en sí.

 

Si bien pudiera existir esa aristocracia cubana, habría que ver hasta qué punto cometen excesos. De cualquier manera no sería correcta una casta así en un país socialista. Sin embargo, ya que se hace el comparativo con nuestro país, hay que referir la corrupción vulgar y desmedida que por décadas han cometido los gobernantes mexicanos, la cual ha sido complacida y orquestada por muchos, incluyendo a no pocos medios de comunicación.

 

Por otra parte, Sarmiento refiere que “Raúl Castro, quien heredó el poder de su hermano Fidel, entendió que la prohibición de transacciones económicas privadas tenía enormes costos. Por eso liberalizó algunos aspectos de la economía cubana, permitiendo, por ejemplo, la actividad de los cuentapropistas, personas que trabajan y comercian por cuenta propia. La apertura, sin embargo, ha sido demasiado tímida para impulsar un verdadero despegue económico…”.

 

Lo que no ha entendido el periodista mencionado -y los demás detractores de la Revolución cubana-, es que no se le debe abrir la puerta de par en par al enemigo. Estados Unidos no sólo ha provocado golpes de Estado en diversos países del mundo, sino que además ha financiado movimientos contrarrevolucionarios en otros tantos. Por ejemplo, no hay que olvidar el apoyo incondicional a Edén Pastora (conocido como comandante Cero) en contra de la Revolución sandinista en Nicaragua, ni en el ataque a la bahía de Cochinos en la propia isla caribeña.  

 

Evidentemente Cuba ha hecho significativos esfuerzos para ir armonizando con la realidad económica global, pero de ahí a que esté obligada a sumirse en la voracidad del neoliberalismo, hay una gran diferencia e inconveniente. La esencia de la Revolución cubana, así como el presente y el futuro deseable de los cubanos, no es el que se les quiera imponer desde el exterior con el auspicio de los grandes capitales que quieren volver a saquear a ese noble pueblo, sino lo que ellos mismos decidan. Sus problemas no son los que la propaganda capitalista ha venido manejando tendenciosamente.

 

Si fueran ciertas las afirmaciones que hacen múltiples medios de comunicación en contra de la supuesta “desgracia” del pueblo cubano, y atendiéramos a las especulaciones desinformadas que a los ciudadanos “de a pie” se nos ocurre realizar sobre el particular, entonces nuestro país que se dice democrático debería ser severamente cuestionado ante los millones de mexicanos que viven en la pobreza (que por cierto rebasan por mucho a la población cubana compuesta de poco más de 11 millones de habitantes) y que, además, se encuentran muy distantes de tener los satisfactores a los que cualquier cubano sí puede acceder.

 

Con mucha dignidad, el pueblo cubano sigue dando muestras de su gran heroísmo ante las limitaciones impuestas y/o provocadas desde el exterior.

 

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