Un once de enero, fiesta masiva en la Ciudad de México PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Miércoles, 09 de Enero de 2019 13:52

Mario Alfredo González Rojas.

 

El 15 de junio de 1861entró Benito Juárez a la capital de la república, luego de 3 años de la sangrienta Guerra de Reforma. Pobres de nuestros abuelos, cuánto hubieron de padecer, por culpa de tantos intereses en contra. Desde que sonaron las campanas en Dolores, convocando a la guerra contra "el mal gobierno" del virreinato, no dejaron de escucharse gritos, llantos, balazos en nuestro inmenso suelo patrio, durante todo el siglo XIX.

 

Después de la Independencia, vinieron los grandes movimientos sociales, mezclados con invasiones extranjeras, la Reforma, la Intervención Francesa, etc. El gobierno de Porfirio Díaz, Madero y todo el relajo que le siguió, etc. ¿Cuál paz, cuál tranquilidad?

 

Cuando se acabó la Guerra de Reforma, regresó don Benito Juárez, a la Ciudad de México, el día 11 de enero de 1861, siendo recibido por una población que convivió por tres años con los conservadores, pero que abrió sus brazos al presidente, quien a los pocos días convocó a elecciones. Y el 15 de junio, tomaba posesión el Benemérito, de la primera magistratura del país. El Monitor Republicano, había reseñado en sus notas el 2 de enero pasado, la entrada triunfal un día antes del general Jesús González Ortega, a la capital del país, luego de derrotar definitivamente a los conservadores en la batalla de Calpulalpan, con lo que se sellaba el fin de esa guerra.

 

González Ortega, un fiel soldado de la república, que no tenía estudios de militar, había derrotado a Miguel Miramón, el experimentado guerrero de las mil batallas del ejército conservador. Muchos se preguntaban sobre la buena estrella de González, el que fuera un humilde escribiente en un pueblo cercano a la Ciudad de Zacatecas, mismo que tenía toda la confianza del presidente Juárez, para asumir altas responsabilidades dentro del ejército liberal.

 

La Guerra de los Tres años surgió por el propósito de los conservadores y de la Iglesia, de no perder sus antiguos privilegios, que les serían mutilados al promulgarse la Constitución de 1857. Con esta, los liberales querían enterrar para siempre toda herencia colonial, buscaban la separación del gobierno y la Iglesia, así como la nacionalización de los bienes acaparados por dicha institución religiosa. Además, los juaristas buscaban el establecimiento de una república representativa, federal y popular.

 

Por estas razones, se armó la contienda entre los dos grupos, por eso Félix Zuloaga lanzó el Plan de Tacubaya, cuya idea central era desconocer la Constitución del 57. Después del arribo de Juárez a la Ciudad de México, vendrían nuevos problemas, como la exigencia por parte de Inglaterra, Francia y España, del pago de la deuda externa, que el mismo presidente anunció suspender por un tiempo, para esperar la recuperación de la hacienda pública.

 

Del gusto y la alegría por el fin de la Guerra de Reforma, se pasaría pronto a la angustia de la población mexicana por la invasión de los franceses, alentados por los conservadores y la Iglesia, en el afán de recuperar el poder económico y político perdido.

 

Llegó muy pronto, otra vez, el olor a pólvora.

 

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