Retomar la sensata política exterior mexicana PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Viernes, 01 de Febrero de 2019 15:39

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

“México no tiene intereses directos de carácter político, territorial, estratégico o siquiera económico allende sus fronteras, como ocurre con todas las grandes potencias…” Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa

 

Después de décadas de haber ejercido una prestigiada política exterior, en los anales de las relaciones internacionales de México quedará el desafortunado “comes y te vas” de Vicente Fox Quesada hacia Fidel Castro, así como la invitación que hizo Enrique Peña Nieto al misógino y xenofóbico otrora candidato presidencial de EEUU Donald Trump (acérrimo antimexicano).

 

De igual manera quedará en la memoria histórica la declaratoria de persona non grata que el gobierno de Peña Nieto hizo en septiembre de 2017 al embajador de Corea del Norte en nuestro país, otorgándole un plazo de 72 horas para salir del territorio nacional, aduciendo que con dicha acción diplomática estaba expresando el rechazo absoluto a la actividad nuclear que el país asiático estaba llevando a cabo.

 

Lo anterior evidencia parte de las posturas erradas que el gobierno mexicano ha tomado en su política exterior (sobre todo en los últimos sexenios), y que a todas luces denotan un vergonzoso servilismo hacia los intereses del gobierno estadounidense.

 

Las recientes muestras de neutralidad y de su ofrecimiento como interlocutor en el conflicto que se está viviendo en Venezuela, son signo de que México va retomando la observancia de los principios constitucionales que rigen su actuar en el ámbito internacional, los que por largo tiempo le sirvieron para promover la armonía mundial y para llevar a cabo una notable defensa de los pueblos oprimidos.

 

En relación con los principios señalados, Emilio O. Rabasa estableció que los mismos “no han sido producto ni del talento ni de la imaginación de los esforzados servidores del quehacer internacional de México, sino, esencialmente, una consecuencia de la historia patria”, refiriendo además que esos principios que se encuentran plasmados en el artículo 89, fracción X, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos son “…la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de las controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones jurídicas internacionales, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo y la lucha por la paz y seguridad internacionales” (ensayo “La política exterior de México en sus constituciones”  en la compilación Los siete principios básicos de la política exterior de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, México, 2005).

 

Entonces, el que México no se haya sumado al acuerdo del Grupo de Lima para rechazar al gobierno de Nicolás Maduro no es un despropósito, sino un apego a los mencionados principios constitucionales.

 

No creo equivocarme al afirmar que muchas personas estarán repudiando al gobierno venezolano sin tener un conocimiento informado y reflexivo sobre el origen del conflicto y de las carencias que está padeciendo su pueblo, y que en las mismas condiciones estarán deseando la intervención del gobierno de Trump en un problema que sólo atañe al país sudamericano que se dice cuenta con las mayores reservas de petróleo en el mundo.

 

Si en aras de la defensa de los derechos humanos se ha emprendido ese rechazo hacia al gobierno de Nicolás Maduro, pues se han tardado en hacer lo mismo hacia el gobierno de Estados Unidos, el que históricamente con sus intervenciones -disque en favor de la democracia- ha saqueado un sinnúmero de países, matando a diestra y siniestra a inocentes e imponiendo gobiernos serviles a sus intereses mezquinos.

 

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