En un informe se habla de hechos no de sueños PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Domingo, 01 de Septiembre de 2019 12:41

Mario Alfredo González Rojas.

 

Un informe de gobierno debe ser más que una declaración "verborreica" de lo que se pretende hacer, una manifestación de lo que se ha realizado. Qué caso tiene citar al mundo oficial para decirle que hay bonitos planes, si todos los días los gobernantes "se dejan caer", como se dice, con toda una serie de ofrecimientos sin medida.

 

Es el caso del presidente AMLO, el que con sus conferencias matutinas ante sus paleros, a diario hace y deshace con la oposición, y francamente no acaba de aterrizar sus fantásticos planes de hojalata. No tiene en este contexto, por qué correr la invitación para que lo vayan a ver lucirse con sus cantinflescas deducciones.

 

En lo económico estamos por los suelos, con un crecimiento económico (ya apoyado verbalmente por un empresario transa como Slim) de menos del 1 por ciento, lo que nos da idea del pobre desarrollo del país. Aunque en su pobre lógica (quién sabe dónde la aprendería), diga que hay desarrollo, y que eso es lo que importa.

 

Sabemos que para que haya desarrollo tiene que haber crecimiento, dinero, centavos, billetes, de lo contrario con qué pagamos la educación, la ciencia, la salud, etc.  Se requieren muchos renglones para analizar lo económico, y lo político y social, no se diga...

 

Definitivamente, en el casi un año de este sexenio "pasamos de Guatemala a Guatepior", porque nomás no se ve el cambio, y aunque digan sus seguidores que estamos juzgando antes de tiempo, ya se sabe para dónde marca la brújula. Dice el Peje que México ya no es el corrupto de los neoliberales, pero sigue la cosa que arde. Con decretos no se acaba el mal. Constantemente dice, por poner un ejemplo entre cientos, que ya se va a vender el avión presidencial, que constituyó una de las lacras de Peña Nieto, pero no tiene para cuándo; y se sigue paga y paga el estacionamiento de dicho avión, toda una millonada.

 

No queremos promesas, no queremos que hable de lo que dice que se va a hacer, que hable de lo hecho, ¿está claro? Sus monólogos tipo Echeverría ya nos tienen cansados, igual que su populismo clientelar. Que ya se ponga a gobernar como un estadista, es decir como un jefe de Estado, basta de discursitos de clown, las palabras no son mágicas, menos sus risitas y sonrisitas.

 

Que haga aunque sea poco, pero que sea real, basado en datos reales, que es de donde debe partir para gobernar, nada de que "yo tengo otros datos". Se ha escapado de la realidad y eso es sumamente grave, como lo es también violentar la Constitución con la mayor facilidad del mundo, tal como lo acostumbra. El Estado laico (ya para terminar), le vale un cacahuate, no obstante decirse juarista, lo que es un imperial escupitajo a nuestros grandes valores históricos. Él, como Donald Trump, se siente dueño del escenario, arropado con un público amaestrado.

 

Desafortunadamente, como suele suceder en cada sexenio, no se corrigen las cosas a tiempo, sólo se descarga la sociedad de sus lamentos cuando este ya ha llegado a su fin.