Crisis institucional y polarización en Latinoamérica PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Eduardo Fernández   
Domingo, 01 de Diciembre de 2019 17:59

 

Eduardo Fernández.

Perfil humano

La huelga general y protestas en Colombia reflejan la inestabilidad política en Latinoamérica, la cual oscila entre etapas de tranquilidad y explosiva violencia como ha sucedido en este año.

La crisis institucional global pero sobre todo en nuestro subcontinente es obvia y obedece a múltiples causas. Una de las principales es la crisis de las instituciones democráticas, las que están siendo superadas por el regreso de un populismo autoritario tanto de izquierda como de derecha que ha detonado una polarización social como sucedió en épocas pasadas.

La guerra fría no concluyó con la caída del muro de Berlín hace treinta años ni con la creación de la Unión Europea por lo que parece ser que solo invernó y ahora vuelve a ser una amenaza latente para la paz mundial.

Al menos en nuestra región latinoamericana algunos conflictos parece ser que serán resueltos por medio de las instituciones democráticas. En Chile el gobierno llegó a un acuerdo para modificar el año entrante la constitución política heredada por el pinochetismo y en Bolivia el congreso votó en forma unánime para que se lleven a cabo las elecciones presidenciales sin Evo Morales.

Argentina a pesar de sus problemas económicos pudo celebrar comicios sin enfrentamientos y el presidente Macri reconoció el triunfo de su oponente Alberto Fernández.

En Brasil liberaron a Lula Da Silva y por el momento no hay todavía choques de sus partidarios y los del actual presidente Bolsonaro.

Ecuador también se tranquilizó después de que su presidente Lenín canceló el alza a los hidrocarburos y aunque continúan en crisis en Venezuela como en Nicaragua no se han dado enfrentamientos violentos en los últimos meses.

La cordura parece haber vuelto a los dirigentes políticos latinoamericanos, lo cual también se espera suceda en México y se regrese a una concertación adecuada entre los partidos para enfrentar los serios problemas que aquejan al país, sobre todo el de la inseguridad pública.

Una constante inquietante que se ha dado en los anteriores conflictos ha sido la militarización de los gobiernos para enfrentar las agresivas movilizaciones populares. Al reinar la anarquía y la destrucción ocasionada por grupos radicalizados tiene que entrar en acción el ejército ante la incapacidad de las policías para mantener el orden y la paz.

Los actuales regímenes latinoamericanos, sean de derecha o izquierda, emplean a los militares en labores policiacas y de otra índole que no son de su incumbencia, lo cual no deja de ser un riesgo para la democracia al alentar la tentación de un golpe de estado e instalar dictaduras como en los años setenta cuando el 80 por ciento de los gobiernos eran de este tipo.

Latinoamérica todavía se encuentra en una inestable transición democrática después de padecer autoritarismos despóticos, por lo que se deben proteger sus instituciones así como los derechos humanos de sus habitantes.

Tal deberá ser la tarea prioritaria de sus gobernantes así como de sus ciudadanos para resolver sus crecientes problemas regionales en paz y evitar la violencia destructiva que a nadie beneficia más que a los oportunistas de siempre.

 

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