Polarizaciones peligrosas PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Lunes, 09 de Diciembre de 2019 13:17

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

Como una expresión más de parte de los movimientos feministas, desde el pasado mes de noviembre se ha venido interpretando en distintas ciudades del mundo el performance “Un violador en tu camino”, iniciativa del colectivo femenino chileno Las Tesis, el cual hace alusión al machismo y a la violencia contra las mujeres.

 

Tales manifestaciones han sido objeto de burlas y de actitudes desafiantes de quienes no están de acuerdo con ellas, lo que ha generado nuevas inconformidades en los grupos feministas. Pudiera decirse que, en múltiples casos, de manera irreflexiva se ha estado minimizando y ridiculizando el propósito de los videos que dan cuenta de las citadas expresiones, pero coincidiendo o no con su contenido, si tuviéramos una mínima madures y sensibilidad como sociedad, como individuos, nos detendríamos a conocer y a tratar de entender qué es lo que piensan y lo que pretenden.

 

Por otra parte, hay que decirlo, esas expresiones que no necesariamente se pueden decir son de la mayoría y, por el contrario, en muchos casos representan a evidentes minorías (lo cual no implica que no tengan la razón en determinadas cuestiones o que no deban ser consideradas), generalmente van acompañadas de intolerancia hacia quienes no piensan igual, y el sólo disentir de ellas, con todo el derecho que tenemos a pensar y a ser diferentes, lo interpretan como una agresión.

 

En el artículo “La cruzada intolerante que quiere cambiar España” de David Jiménez, publicado el pasado 5 de diciembre en la edición digital del The New York Times, refiere que con la emergencia de la extrema derecha de Vox como la tercera fuerza política en España, ha surgido un movimiento que promueve el odio y la exclusión, por lo que esa tolerancia que en el país europeo había encontrado hasta ahora un consenso general más allá de ideologías o partidos políticos, se ve amenazada.

 

Dicha publicación señala que “El momento de rebatir el discurso del odio es ahora, porque si algo ha demostrado el virus de la intolerancia es su capacidad de contagio”, y cita como ejemplo el de un centro de menores migrantes del barrio madrileño de Hortaleza que fue atacado con una granada, después de que Vox lo vinculara a un aumento del crimen sin aportar un solo dato.

 

Por otra parte, el artículo en cuestión menciona que “No hay en España un solo impedimento para formar una familia tradicional, llevar una vida heterosexual o mantener comportamientos todo lo conservadores que se quiera. Pero cuando la defensa de esas opciones degenera en intolerancia hacia otras igualmente legítimas, una sociedad democrática tiene el deber de oponerse”. Tal deber de oposición debe tenerse claro en ambos sentidos, tanto para quienes se asumen como progresista, como quienes lo hacen como conservadores, pues la intolerancia no es compatible con un régimen que se asume como democrático.

 

Efectivamente, esa capacidad de propagación del “virus de la intolerancia” es por demás preocupante y peligroso, pues a ultranza se defienden causas que muchas veces ni siquiera conocemos, ni mucho menos entendemos. Recibimos mensajes en las redes sociales que denotan un alto grado de intolerancia hacia tal o cual ideología o persona, y sin más ni más lo replicamos pretendiendo ganar más simpatías hacia esa animadversión.

 

Escuchando en alguna ocasión a Mons. Willie Peña, prestigiado sacerdote boricua-cubano, mencionaba su enojo por el maltrato que sufrió su padre bajo el régimen de Fidel Castro, llegando a desearle a este personaje grandes males; sin embargo, dada su fe en Dios, optó mejor por la oración hacia el dirigente caribeño. Igualmente, en un evento distinto (esperando no equivocarme en los términos de lo narrado), el referido sacerdote comentaba de una ocasión en la que dos personas homosexuales ingresaron a misa, lo que provocó el rechazo generalizado de los feligreses, pero de parte de él hubo la invitación para que ambas personas pasaran a los asientos de adelante, explicando que la iglesia no tiene por qué rechazar a persona alguna, sino en todo caso acogerles. Grandes muestras de lo que debe ser un verdadero cristiano, y una gran lección para quienes nos decimos ser católicos, así como par cualquier persona en general.

 

Desde una cegada postura, difícilmente estaremos en condiciones de convencer a alguien de que tenemos la razón, pues si no ofrecemos a los demás esa posibilidad de que ellos también pudieran tenerla, ningún sentido habrá en involucrarse en “diálogos” en los que nadie escucha y todos condenan.

 

Hagamos un llamado a la prudencia para evitar que los ánimos se desborden, y no tengamos que llegar a extremos tan lamentables como la situación que vivieron los menores del barrio madrileño de Hortaleza.