La inclusión es una responsabilidad de todos que no se resuelve con dádivas PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Lourdes Díaz López   
Jueves, 16 de Enero de 2020 11:23

Lourdes Díaz López.

En Chihuahua, en México y en el mundo, la discapacidad permanente, temporal, adquirida o desde el nacimiento es una realidad que la sociedad pasamos inadvertida e indiferente. Tan solo en esta entidad, de acuerdo con información del INEGI, hay 268 mil 482 personas con alguna discapacidad. Sin embargo, desconocemos que todos tenemos muy altas posibilidades de quedar sin poder caminar, de perder la vista, el oído, de tener una discapacidad motriz, perder la memoria o que llegue a nuestra vida alguna otra enfermedad, pues la mayoría de los problemas de salud son adquiridos por accidentes automovilísticos o por la edad avanzada y ¿qué hacemos por este grupo minoritario de la población?, ¿cuándo fue la última vez que le dimos la mano a alguien cuya condición física o intelectual no es tan afortunada como la nuestra?.

En México las discapacidades desde el nacimiento son apenas el 16.3% de los casos, el resto, son adquiridas en 39.4% don por enfermedades, 23.1% por la edad avanzada, en un 15% por accidentes y el 7.6% por alguna otra causa y según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las mujeres, los adultos mayores y la población que vive en pobreza tiene mayores riesgos de vivir en la discapacidad en algún momento de sus vidas.

Durante un año, me tocó liderar a un grupo de cien jóvenes universitarios del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) campus Chihuahua, desarrollando un proyecto inclusivo que resolviera algún problema de este grupo de la población. En la primera etapa, 50 estudiantes convivieron durante cinco meses con personas con distintos tipos de discapacidad, gracias a que se nos abrieron las puertas del Gimnasio de Deportes Adaptados de Chihuahua, donde los alumnos pudieron conocer en lo cotidiano a las personas que asisten a este espacio en busca de una recuperación ya sea física o emocional y en la mayoría de los casos, ambas.

Los estudiantes participaron en los diferentes deportes que ahí se desarrollan, clases de zumba, terapias en el gimnasio, con el objetivo de desarrollar la primera etapa de investigación del método científico: la observación, se definió cuáles eran algunos de los más frecuentes problemas de este grupo de la población de los cuales destacan: el desempleo, falta de un transporte público adaptado que les permita moverse sin depender de alguien más, espacios recreativos, espacios o alternativas para resolver problemas de autoestima y la discriminación cotidiana de la que son víctimas.

El desempleo no es un problema que estudiantes universitarios puedan resolver, pero vale la pena difundir para conocimiento de los empleadores sobre los beneficios que tiene emplear a este grupo de la población, además de las condonaciones fiscales, la estabilidad laboral que trae consigo una persona con discapacidad, gracias a que cuidan de sobremanera su empleo y se convierten en trabajadores estables y sin rotación.

El transporte tampoco lo podrían resolver los alumnos, pero vale la pena señalar y resaltar la existencia del problema, ¿cuántas personas son necesarias para que al momento de comprar autobuses del transporte público se opte por adaptarlos?. ¿Cuánto resolvería un gobierno el problema de fondo si diera la posibilidad a personas con alguna discapacidad de ser autosuficientes y productivas?.

Hablar de ancianos, de discapacidad motriz, de algún problema intelectual, no es ajeno a cualquiera de nosotros que tenemos posibilidad de llegar a vivir en alguna de estas condiciones. Hasta dónde podemos nosotros empezar a resolver nuestra propia condición futura.

De los más de 1700 parques que tiene la ciudad de Chihuahua entre públicos y privados, no hay ni uno solo acondicionado para personas con discapacidad y no porque no se haya intentado, sino porque los pocos columpios y juegos para silla de ruedas que se han colocado terminan destruidos por personas sanas, porque en lugar de dejarlo para que una persona en silla de ruedas ante el amplio espacio, lo usan diez niños sanos y lo rompen.

Los jóvenes universitarios al final del proyecto inclusivo se que desarrollaron, pudieron trabajar en distintas actividades recaudatorias para dejar tres columpios para silla de ruedas en el Gimnasio de Deportes Adaptados, un sube y baja y algo de equipamiento para terapia. Sin embargo, los juegos que  inicialmente se pretendían instalar en parques públicos de la ciudad, debieron ser colocados en una zona protegida y no abierta al público para garantizar que no se destruyan.

Esta acción es apenas un granito de arena que ya arrancó sonrisas a esos niños que nunca se habían subido a un columpio, pero el camino para llegar a la inclusión verdadera y absoluta es largo y sinuoso, sin la parte empleadora, el gobierno y la sociedad, no se conseguirá jamás una inclusión integral.

Es necesaria la participación de todos para lograr empleo, transporte digno, espacios recreativos y la no discriminación. ¿Por qué podríamos empezar? por algo que solo cuesta voluntad y trato digno a estas personas.

Hace un año viví durante seis meses en una ciudad inclusiva: Salamanca, España. Donde toda, pero toda, cada rincón, cada calle por lejana que ésta sea, cada callejón, cada banqueta está acondicionada para personas con discapacidad motriz, visual y auditiva. Su transporte público todo está adaptado con rampas y espacios especiales, todo, no hay unos autobuses para silla de ruedas y otros no, todos tienen acceso a ellas y espacios especiales en su interior.

¿Porqué en México no podemos tener lo mismo?, hoy por hoy, no tengo duda que no es por razones económicas. España está por debajo de México en economía. Existe unas sola razón: falta de voluntad, respeto y empatía. Las prioridades en este país deben cambiar de orden y realmente que ese discurso de ayudar a los que menos tienen pase a la acción.

Se debe empezar que esa ley que obliga a las empresas que rebasan los 100 empleados, incluir a personas con alguna discapacidad se cumpla y que en cada ciudad mexicana, haya mínimo, pero mínimo un parque adaptado que contemple a niños en silla de ruedas en zonas recreativas. ¿Acaso los niños con discapacidad no tienen derecho a divertirse?.

Todos podemos aportar algo a la inclusión y no solo señalar las fallas, empecemos por ser respetuosos y brindando un trato digno a quien vive con limitaciones en su cuerpo, a ser empáticos con el que batalla más en la vida que nosotros. La cortesía no nos cuesta nada y está más ausente que presente en nuestra sociedad. Que si nos toca en un lugar de toma de decisiones tengamos en mente siempre a este grupo de la población.

Ayudar a una persona con discapacidad no se reduce a dar una moneda cuando alguien la pide, la solución es contribuir a que este grupo de la población tenga oportunidades de trabajo, de transporte, que reciban trato digno, que haya espacios para que superen sus emociones negativas, para sus terapias físicas, que haya políticas públicas que consideren sus necesidades especiales pero que también, se vigile que las leyes que están para atenderlos se cumplan y que haya presupuestos dignos para los distintos programas que los atienden.

 

El Clima