Ganan la pura plata, no sigan enseñando el cobre PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Isaías Orozco Gómez   
Domingo, 29 de Marzo de 2020 12:07

Isaías Orozco Gómez.

 

         Leyendo a Francisco Cruz Jiménez y a Marco Antonio Durán nos encontramos con que desde 1946 en que el presidente de la República, en turno, Manuel Ávila Camacho decidió transformar el Partido de la Revolución Mexicana (PRM) en Partido Revolucionario Institucional (PRI), hasta el 2018 los pobres de la ciudad y del campo han sido el principal negocio de los poderosos dueños del capital de México.

         Negocio, clientelismo electoral –entre otros graves abusos– en que estuvieron involucrados desde el presidente del país, del momento, el Ejército, la Marina-Armada, las diversas policías, gobernadores, senadores, diputados federales y locales, alcaldes, jueces, notarios públicos, ministros y secretarios de Estado; quienes, en la mayoría de las ocasiones lograban esa PRIvilegiada posición por su cercanía con el jefe del Poder Ejecutivo federal y por estar muy bien parados con el “partidazo”.

         Así las cosas. Según cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) hasta abril de 2017, de los 52 millones de personas ocupadas: seis de cada diez trabajadores no contaban con ningún sistema de pensiones. Y según estadísticas de 2016 de analistas privados y el INEGI (Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática), 7.5 millones ganaban apenas un salario mínimo; 13.6 millones recibían hasta dos y tres salarios mínimos por día. De tres a cinco salarios mínimos los recibían 6.9 millones de empleados, principalmente urbanos. Y de cinco salarios en adelante, sólo 3.2 millones, también y sobresalientemente del sector citadino.

         Y bajo el lema de “revolución y justicia social”, del total de población económicamente activa ocupada, apenas 19.4 millones “gozaban” de prestaciones. Y de los 52 millones que contaban con empleo, 62.5 por ciento carecían de acceso a instituciones de salud; en otras palabras, al menos 32.5 millones de trabajadores (hombres y mujeres) se encontraban en esa situación.

         Al llegar al 1 de julio del 2018, las estadísticas oficiales mostraban que al menos 36 millones de personas con trabajo tienen ingresos muy inferiores a los que dicta la CPEUM, que deben ser suficientes para satisfacer las necesidades normales y vitales del trabajador y su familia en el rubro material, social, cultural, y para asegurar la educación obligatoria de la prole en todos los niveles del Sistema Educativo Nacional. (Francisco Cruz-Marco A. Durán, “Los depredadores, la historia oscura del presidencialismo en México”, TEMAS DE HOY, Editorial Planeta Mexicana, México, 2017).

         Para fortuna de millones y millones de mexicanos, esencialmente para los trabajadores de la ciudad y del campo y sus respectivas familias, parece ser que con el régimen de la Cuarta Transformación, que tiene como principal responsable de su puesta en marcha al Presidente Constitucional de los EUM, licenciado Andrés Manuel López Obrador, su situación precaria de casi un siglo,  se torna promisoria, aun cuando LOS DEPREDADORES de la Nación, de la Patria Mexicana y adláteres no acaban de convencerse de que llegó al momento de los verdaderos cambios, en bien de los más pobres, de los más fregados que con su nobleza y fuerza de trabajo humana,   han engrandecido a México.

         Penosamente, la contingencia sanitaria que llegó con el CORONAVIRUS (Covid-19), vuelve a situar en una realidad difícil a la clase trabajadora que habita todo el territorio nacional. Pues como siempre, así sea artificial o natural la contingencia sanitaria, meteorológica…  los pobres, que son la inmensa mayoría de los mexicanos, se llevan la peor parte.

         No obstante, esa nobleza, esa solidaridad y espíritu de colaboración que por siglos ha distinguido a todos los mexicanos bien nacidos, en los momentos más urgentes, se hace presente. Tal es el caso de la Senadora de Morena MINERVA CITLALLI HERNÁNDEZ MORA, que el 26 de marzo próximo pasado, ante la Mesa Directiva del Senado de la República, presentó una propuesta o punto de acuerdo, llamando a los legisladores federales y locales, gobernadores y funcionarios públicos, titulares de organismos autónomos y a partidos políticos, a donar el 50 por ciento de sus sueldos para atender los efectos sanitarios, económicos y sociales causados por la pandemia CORONAVIRUS (Covid-19).

         Sugiriendo que la cantidad a donar deberá corresponder a los meses de abril, mayo y junio. Además, propuso que los organismos que componen la Administración Pública Federal, en la medida de sus posibilidades, concienticen e inviten a las y los funcionarios, cuyo sueldo mensual sea mayor a los 50 mil pesos, a que donen el 20 por ciento de su ingreso mensual de esos mismos meses.

         Señaló que esta contingencia sanitaria debe mostrar lo mejor del servicio público y ejercicio del poder, QUE ES SOBRE TODO, PONERSE AL SERVICIO DE QUIENES MÁS HAN PADECIDO LA DESIGUALDAD EN MÉXICO. (Nota de Laura Arreola, Políticomx, viernes 27 de marzo 2020).

         Ahí está pues el exhorto hecho por la senadora de Morena Minerva Citlalli Hernández Mora. Ahí está la gran oportunidad de demostrar que independientemente de banderías político-ideológicas-partidistas, nuestra conciencia de HUMANOS, nuestros valores como hombres y mujeres de buena voluntad, nos dice que por el bien de México, primero los pobres.

         Eso y más esperamos los chihuahuenses de usted señor Gobernador Javier Corral Jurado, de usted alcaldesa de Chihuahua, Maru Campos Galván, de todos esos “servidores públicos” del gobierno del Estado y de los 67 municipios, diputados locales (preeminentemente los de MORENA) que ganan en promedio mensual  arriba de los 100 mil pesos, o más de lo que gana mensualmente el jefe del Poder Ejecutivo federal.

         Total, son tres meses los que aportarían “voluntariamente” las cantidades propuestas. Seguramente no resentirán mucho lo donado, pues ustedes ganan la pura plata, ayudarán mucho y no seguirían enseñando el cobre por sus actitudes mezquinas.