Humariza, paraíso perdido PDF Imprimir E-mail
Cultura - Arte y Cultura
Escrito por Redacción   
Jueves, 28 de Mayo de 2020 11:02

Comunidad con paisaje espectacular con rastro de actividad agropecuaria.

 

La comunidad de Humariza se encuentra a 14 kilómetros de la cabecera municipal: Nonoava. Para llegar existe un camino de terracería que cruza por algunas sierras secas, siempre a la vera del rio Nonoava. El paisaje es espectacular, lleno de vestigios de otras épocas, ruinas de viejas casas de piedra y rastros de actividad agropecuaria, pero rara vez se encuentra en el camino a otras personas. Para llegar hacen falta aproximadamente una hora y media.

 

El Centro INAH Chihuahua, se ha encargado de investigar esta comunidad a través de su área de antropología y de bienes muebles, a cargo de César de la Riva que nos recuerda que, como ranchería tarahumara, Humariza data de 1641,  pero como misión jesuita  no fue establecida sino hasta después de 1678. El visitador Ortiz informó que el Partido misional consistía en  un pueblo de cabecera  que era Nonoava y un pueblo de visita que era Paguarichic,  pero que  había un “buen número de gentiles que piden el bautismo  en un lugar llamado Humarisac, donde ellos piden la ayuda del señor y esperan establecer un pueblo cristiano”.

 

Según los datos que proporcionar Roca, Humariza pudo haber sido fundado como pueblo de misión después de la visita de Ortiz. Y Jáquez,  quien escribió una  historia  del partido 66 años más tarde, mencionó que Humariza había sido organizado por el Padre Ignacio  de Loyola.   Roca también afirma que Luis González Rodríguez mencionó que el pueblo fue cristianizado por Francisco Arteaga, el cura de Nonoava y Bernardo Rolandegui. Sin embargo, también afirma que Rolandegui solo estuvo aquí brevemente y que Humariza no  tuvo nunca un clérigo residente, al grado  que en la primera parte del siglo XIX se reportó como nunca visitada por los misioneros.

 

Diversas minas fueron descubiertas en la periferia del  poblado en 1695, lo que probablemente ocasionó, al decir  Roca, un probable  crecimiento poblacional.  En 1725, se reportó la existencia de 100 familias asentadas  junto a una pequeña capilla construida por Arteaga, Rolandegui o Loyola,  además  de  una iglesia de buen tamaño que  se encontraba en construcción.  Sin embargo, al  momento de la visita del Obispo Pedro Tamarón y Romeral se certificó la existencia de un poblado constituido por 60 familias compuestas por  cuatrocientas veinte personas.

 

El inmueble fue restaurado en el año 2016 por Misiones Coloniales A.C. y FOREMOBA. Una inscripción en una de las vigas habla de otra intervención que se realizó en el año de 1830 por el gobernador indígena José Ventura. La inscripción dice textualmente “GOBERNADOR; JOSE; BENTURA; MAMARE; MZO: 3. D.1830”, pero no dice si la intervención fue obra mayor, o fue solamente la decoración de las vigas, hecha con la misma pintura de la firma. Aunque la decoración ha desaparecido de casi toda la techumbre, hay rastros de un diseño sencillo en colores rojo, negro y blanco.

 

En el interior del templo se resguardan objetos históricos, entre ellos, esculturas y bienes inmuebles por destino. Los objetos son de factura diversa, dos piezas parecen ser las más importantes para la feligresía, se trata de un par de esculturas pequeñas que la comunidad guarda con celo y respeto, una Inmaculada Concepción, ubicada en el muro testero, sobre una cornisa, al lado de  otra pequeña escultura que no pudimos identificar por tema. La escultura de la Inmaculada es de un material muy liviano, tal vez caña, su estilo y decoración está alejada de las proporciones clásicas, lo que nos parece que la pieza tenga más interés porque la ubica en su lugar, un lugar muy lejos de la cultura clásica, que presenta otras perspectivas y otras proporciones. Otro aspecto a destacar es el parecido que tienen las piezas con otras esculturas que se identificaron en otras comunidades lejos de Humariza, pero que tienen las mismas condiciones históricas, nos referimos a la comunidad de Arisiachi, en el municipio de Guerrero.  Lo que nos lleva a preguntarnos si esas esculturas tan livianas y pequeñas fueron traídas por los misioneros jesuitas, o franciscanos, que tuvieron contacto con esas comunidades, o fueron hechas en la región por algún artista local que trabajó en sitio y surtió algún tipo de demanda de imágenes cristianas en la región.

 

Todas estas imágenes están ya dentro del catálogo de bienes muebles del Centro INAH Chihuahua, para su preservación.

 

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