La Cantina, donde la palabra se humedece PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Fray Fernando   
Sábado, 13 de Junio de 2020 09:52

Fray Fernando.

 

Mascarillas.

 

Te fijas, ya casi nadie trae mascarillas

¿Para qué? No sirven para nada

¿Pero si se viene otro repunte? Eso, que vuelva de jodazo la enfermedad.

 

Ya veremos, por lo pronto yo salí de casa sin ponérmela. No respiro bien y no me entienden cuando hablo.

 

Este tipo de diálogo lo escuchamos en las calles de Chihuahua y efectivamente se nota que la gente sale masivamente del aislamiento y sin mascarilla. Muchos retoman sus espacios de trabajo, varios ocupan sus lugares de interacción social y deportiva, y otros, simplemente salen a la calle para reencontrarse con sus íconos que les despiertan recuerdos y les provoca catarsis sanadoras.

 

Desde el principio de la pandemia se puso a debate si servían de algo las mascarillas para evitar el contagio. Unos sostuvieron que para nada valía utilizarlas; otros alentaron su uso bajo el argumento de que el virus se transmite por gotitas y por contacto cercano y cuando se habla siempre salen gotas de la boca. Esas microgotas, se afirma, se esparcen a metros de distancia y pueden permanecer en el aire, sobre todo en sitios cerrados.También se dice que si alguien está infectado al caminar por la calle suelta un caudal contagioso de cinco metros de largo. Si se trata de un corredor deja un rastro de 10 metros. Cuanto más deprisa, más cola de microgotas.

 

En el debate no faltan voces que señalan: “Esta bien, me pongo el tapabocas, pero no olvido que la  máscara es el símbolo del bandido como en las películas de John Wayne, con las manos en alto, ladrones con un pañuelo en la nariz y en nuestro medio no confiamos en aquellos que cubren sus rostros”.

 

En tanto la gente sigue su vida cotidiana. Algunos sin mascarilla, otros a medias y los menos la usan acorde a las recomendaciones médicas y a querer o no, la pandemia alienta la incertidumbre y temor pese a criterios como: “el mal no existe, es un invento de políticos”; “aquí en Chihuahua apenas llega a 50 muertos ¿Qué son frente a más de un millón de habitantes? Con todo algo no se puede negar: la pandemia nos tiene a todos con los cabellos crispados y la entereza abatida.

 

Vienen días de apertura y cada vez se verá más gente en la calle en grupos y sin mascarilla. Seguramente los viejos hábitos reaparecerán y no será extraño ver quien escupa en el suelo, reírse con ganas en pequeñas tropas de jóvenes y en el transporte público habrá quien empareje su cara para observar mejor el paisaje poniendo sus narices a un lado de otras y generalmente sin mascarilla.

 

Aceptando, por un lado, que el uso de mascarillas suprime tal vez hasta en un 50 por ciento las posibilidades de enfermar, y por otro, que no resuelven de fondo el contagio pero si ayudan a rebajar el mismo, la conclusión es la conveniencia de usarlas. Sin embargo, una terrible realidad ensombrece esta sana práctica: las mascarillas normales no protegen solo a quien las usa sino a los demás del posible contagio de quien si la emplea. Es un sistema que se basa en la solidaridad y la corresponsabilidad: me la pongo para cuidar de ti ¿Sucede esto en nuestro medio? Claro que no. Tal vez habrá que decirle a “los valientes” Oye necio, te estoy cuidando has tú algo por los demás.

 

Ni modo, la dizque nueva normalidad vera dos caras de la moneda: gente responsable que usa mascarilla, y gente egoísta -tal vez mayoría- que sale a la calle y a otros lugares públicos sin estay que seguro son los mismos que:escupen en la calle, arreglan con mordida las infracciones de tránsito, agreden a sus parejas, son partidarios de “el que no tranza no avanza” y creen que irán a otra vida a la diestra del Señor.

 

En tanto las conversaciones persisten en la calle:

 

-Pues es que los que mandan siguen sin ponerse de acuerdo: en que si sirven o no las mascarillas, en que si ya es hora de salir, en que si los molestos mocosos vuelvan a la escuela, en que….” - Señala otro transeúnte.

-¿Y quiénes son los que tienen que ponerse de acuerdo?- Pregunta su acompañante.

-Pues yo creo que los sabios, los genios, los científicos y los políticos-, responde.

-Bueno, pues que a todos éstos los encierren en una habitación y no los dejen salir hasta que se pongan de acuerdo-.

- Pues no sé, por lo pronto, desde hace días yo salgo de casa sin los calzones puestos, porque así les dicen ahora a las mascarillas-.