No escribo para que me quieras PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Javier Félix Muñoz   
Jueves, 25 de Junio de 2020 14:20

Javier Félix Muñoz.

 

“El mundo no es conducido ni arrastrado por las maquinas, sino por las ideas” Victor Hugo (1802-1885)

        

Escribo para que me quieras, decía Carlos Monsiváis, en mi caso como casi siempre escribo de política y de economía, algunos posiblemente me quieren y otros seguramente me odian.

 

Yo no escribo para que me quieran ni para que me odien, si quisiera sembrar algunas ideas respaldadas por hechos, para cultivarlas, contrastarlas, mejorarlas entre muchos, para entre todos, construir, la más grande mayoría posible en torno a un proyecto de nación.

 

Decía Monsiváis que el pueblo de México en su mayoría, no es de izquierda ni de derecha, la mayoría que votamos por Andrés Manuel, los 30 millones, somos mayoría en la votación, pero si nos comparamos con la totalidad de la población de México: 90 millones, somos la minoría más grande.

 

Un segmento de la población acusa a Andrés Manuel y a la 4T de dividir a los mexicanos, los mexicanos estamos divididos desde hace mucho tiempo, sería ingenuo pensar que el 100% de los mexicanos podemos unificarnos en torno a un proyecto de nación, la historia de la humanidad nos enseña que en toda sociedad hay minorías y mayorías.

 

Lo que sí podemos reclamar a la 4T, y a la oposición, no solo al Presidente de la República, es que en 2 años no se han generado las condiciones para propiciar un dialogo civilizado, entre las diferentes posiciones genéricamente denominadas conservadoras y transformadoras.

 

En lugar de esto, lo que tenemos salvo honrosas y muy raras excepciones, es un intercambio de insultos, descalificaciones, carencia de argumentos y exceso de adjetivos calificativos.

 

En la parte de la 4T, debemos reconocer que no somos los buenos contra los malos, que en lo más bueno hay algo de malo, en la parte contraria, debemos reconocer que en lo más malo hay algo de bueno.

 

La oposición debe entender que, no basta estar en desacuerdo con todo, se requiere proponer ideas y políticas publicas mejores, en beneficio de la mayoría.

 

El debate necesario, civilizado, entre 2 bloques de ideas, de intereses económicos y políticos, jamás se podrá dar si prevalece la actitud salinista: a ustedes ni los veo ni los oigo. Cantinflas con su sabiduría popular diría: a ustedes ni los ignoro.

 

El caso de Chumel, el paisano humorista racista y clasicista, con impacto no solo en la clase rica, como muchos pudieran suponerlo, ilustra el momento en que vivimos.

 

El mofarse de un hijo menor del Presidente de la República le causó su salida temporal, no sabemos si definitiva, del canal HBO.

 

En materia de respeto a derechos humanos, en este caso a derechos de la niñez, no importa si la persona es o no es hijo del Presidente de la República, lo que importa es que es un menor de edad,independientemente que su padre sea un personaje importante o no lo sea.

 

La CONAPRED, Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación, invitó a Chumel a un debate, el resultado fue la renuncia de la Directora de la CONAPRED ante críticas del Presidente de la República por haberlo invitado, se dijo: es como si se invitara a un torturador a un debate sobre derechos humanos.

 

Las ideas se comprenden mejor cuando se contrastan, se confrontan con las ideas contrarias, de lo que se trata en el fondo no es el lucimiento personal en ninguno de los 2 extremos.

 

El próximo año tendremos elecciones en la mitad de la República, con la mitad de Gobernadores, Congresos de Estado, Presidencias Municipales y sobre todo, se renovarán los 500 Diputados del Congreso de la Unión, es una oportunidad para que el INE organice verdaderos debates y no los reduzca a su mínima expresión, simulando que cumple con su deber.

 

La importancia de este debate es unificar al mayor número posible de mexicanos en torno a un proyecto de nación.

 

No se gana la batalla de las ideas evitando la confrontación de ideas, el debate entre ideas contrarias debemos propiciarlo, no eliminarlo.

 

Quien gana las batallas de las ideas, tarde o temprano gana la batalla del poder.