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Opinión - Luis Javier Valero
Escrito por Luis Javier Valero Flores   
Domingo, 28 de Junio de 2020 08:26

Luis Javier Valero Flores.

 

Hay distintos no’s en la vida, como es lógico suponer; hay unos que pesan más que otros; algunos duelen hasta el alma, otros pasan sin dejar huella; unos más se olvidan, los hay inolvidables; de otros no nos perdonamos y de algunos quisiéramos culpar a la humanidad.

 

Seguramente el gobernador Javier Corral, como todos, habrá recibido muchos no’s, pero el propinado por la mayoría del Congreso del Estado el pasado jueves será uno que recordará por mucho tiempo; podrá superarlo, pero será uno de los episodios más dolorosos, porque lo sufrió a manos de quienes creía estaban obligados a acatar, sin más, sus propuestas y elucubraciones.

 

Pero que una parte importante de los dirigentes y actores destacados de tu partido (para los que son militantes añejos) te digan tajantemente que no comparten algún proyecto que consideras esencial para tu administración estatal, justamente cuando ya se avizora el término de la gestión; y que esa decisión impacte seriamente (o pueda impactar) en tu futuro político, sí que debe ser extremadamente doloroso.

Eso le ha ocurrido al gobernador Javier Corral con su propuesta de elecciones primarias.

 

Empeñarse, primero, en proponerla, y luego, en insistir en que se aprobara cuando todos los indicios evidenciaban que no existía el ambiente propicio, lo develó, aún más públicamente, como el dirigente o funcionario terco en sacar adelante sus propuestas y proyectos a contrapelo de sus compañeros de ruta o de ambiciones.

 

Corral seguirá siendo gobernador, pero su fuerza política y su papel como líder del panismo chihuahuense sufrieron un duro golpe en la sesión del Congreso en la que dos terceras partes de los diputados votaron en contra de su propuesta.

 

Es una derrota aplastante. En la historia reciente de Chihuahua, nunca, un mandatario local había sido derrotado tan contundentemente en el Poder Legislativo.

 

A este revés deberá sumarle -por la importancia y el carácter- el hecho de que bajo su mandato la Suprema Corte destituyó, por vez primera en la historia nacional, al presidente de un Tribunal Superior de una entidad. Todo porque la primera legislatura, ante su terquedad, le había aprobado las reformas al Poder Judicial.

 

Así ahora.

 

Su propio partido lo ha desautorizado, precisamente en el tema que más les interesa, a los militantes del PAN y al gobernador, la sucesión.

 

Los panistas tendrán plena justificación para exigirle se aparte del proceso sucesorio; hará bien en hacerlo, y no solo declarativamente pues no solamente se le opusieron varios diputados, sino el grupo más influyente al interior del PAN en este momento, que no es cualquier cosa, gobierna el municipio de la capital.

 

Peor, la declaración del senador Gustavo Madero, en la que deplora amargamente la decisión del Congreso develó, para los que no creíamos, que las verdaderas intenciones del gobernador Corral eran influir determinantemente en la designación del candidato panista.

 

Vamos, Madero, ya destapado plenamente en busca de la candidatura, hasta pone fecha para las elecciones internas de su partido, para “continuar el proyecto ganador del gobernador Javier Corral”, afirmó en sus redes sociales el viernes, “nos vemos el 14 de marzo”.

 

Nada como este episodio revela nítidamente al gobernante del nuevo amanecer.

 

En medio de un baño de sangre, sumida la administración pública en una severa crisis, previa a la generada por la pandemia, las finanzas comprometidas hasta las cachas; con el incremento, lento, pero firme, de los casos de COVID 19, pero el gobernador tenía su mente en otro lado.

 

Nada de aquello ocupaba su atención, no, el futuro mediato es el importante, el de cuando deje de ser el gobernador de Chihuahua y busque convertirse en el dirigente nacional del partido, y de ahí a la disputa por la presidencia de la república.

 

Tan no está su atención en lo que ahora vivimos, que su propuesta, de aprobarse, significaría elevar los gastos del proceso electoral en más de 800 millones de pesos, en un momento en el que los recursos públicos escasean.

 

No ocupaban lugar importante estos problemas en la ruta crítica del gobernante para los años próximos, lo que importaba era despejar el camino, realizar las elecciones primarias y, como se pudiera, influir en la designación de los candidatos, no solo de su partido, sino en el resto de los de la verdadera competencia, Morena y los independientes.

 

A este propósito lo vinieron a develar las insólitas declaraciones de Víctor Quintana, ex secretario de Desarrollo Social del amanecido gobierno, en las que da cuenta de la cuasi aprobación del gobernador Corral a sus aspiraciones: “Él (el gobernador) me preguntó si estaba en la 4T, yo le dije que a nivel nacional sí, cuando Javier (Corral) me dijo si me interesaba ser candidato (a la gubernatura) le respondí que sí, establecimos entonces la fecha de salir del Gobierno del Estado en febrero o mayo, mismo que cumplí. No era conveniente para él ni para mí”. (Nota de Heriberto Barrientos Márquez / El Diario, 27 junio de 2020).

 

Luego, sin pausa, afirmó que “esa alianza (con Corral) terminó cuando yo dejé el Gobierno”, lo que deja abierta la conclusión, que la alianza terminó en el momento en el que va a iniciar el siguiente proceso electoral y se ha lanzado a buscarla casi con la anuencia del mandatario.

 

Pero eso solo forma parte de las verdaderas preocupaciones de Corral, quien no encontró otra cosa en qué emplear su tiempo y esfuerzos y se aferró a la aprobación de las elecciones primarias.

Vamos, ni siquiera se podría argumentar que la propuesta reflejaba su prolongado tránsito por las sedes legislativas: exlíder del Congreso local, influyente integrante de la Cámara de Diputados y de la de Senadores en varias ocasiones.

 

Al contrario, mostró impreparación e ignorancia de los procedimientos legislativos, de las técnicas jurídicas, del marco regulador del Estado de Derecho y del ámbito jurídico.

 

Su propuesta adolecía de serias deficiencias jurídicas, tantas, y de tal calado, que sus propios compañeros legisladores locales las evidenciaron contundentemente en el razonamiento del voto emitido de Georgina Bujanda, Rocío González, Patricia Jurado, Marisela Terrazas y Jorge Soto, leído por este último.

 

La propuesta es notoriamente inconstitucional; el Congreso local no puede legislar cosa contraria a lo establecido en una ley general, le dijeron propios y extraños; de ese tamaño es la falla de Javier Corral.

Tal y como lo hizo a lo largo de la gestión, el maltrato, la lejanía, la intolerancia para aceptar opiniones contrarias a las suyas, se reflejaron en esta iniciativa y la manera en que intentó fuera aprobada.

 

Incapaz de establecer relaciones políticas entre iguales, a sus compañeros diputados les dio tratamiento de simples correas de transmisión de sus deseos.

 

El resultado es hasta lógico, las diputadas Marisela Terrazas, Patricia Jurado y Georgina Bujanda, a quienes se les ubicaba como allegadas a Corral, votaron en contra y Jorge Soto y Rocío González, a los que podría catalogarse como más institucionales, formaron parte de la “insubordinación”, aunque bien podría asentarse que González tiene numerosas ligas con el grupo panista de la capital.

 

Develadas varias incógnitas quedan ahora muy claros los motivos para proponer las elecciones primarias.

 

Queda para la especulación que Corral la quería, además de designar candidato en el PAN, para promoverse, luego, ya superada la difícil aduana del gobierno de Chihuahua, como el arquetipo de la democracia participativa y sepulturero de los partidos políticos, tal y como los conocemos hoy.

 

Irónicamente, la derrota legislativa del gobernador Corral fortalece internamente a su partido, pero no a su grupo, al contrario, ha unido a la mayoría del panismo en su contra.

 

Serán meses muy difíciles para la dirigente Rocío Reza, plenamente identificada con el corralismo.

 

Pero las aportaciones a la picaresca nacional no quedan ahí, sorpresivamente, el diputado de la fracción parlamentaria de Morena, Gustavo de la Rosa Hickerson (Pichú) hizo las suyas.

 

Después de argumentar que no se podía legislar contra la Constitución, en plena votación pretendía que se modificara el dictamen pues, arguyó, ya no se podría discutir en un año las reformas a la elección de regidores, pero usando tal argumento votó a favor de las elecciones primarias.

 

Fue el único diputado del grupo de Morena que lo hizo en ese sentido, con ello destapó las críticas internas en Morena a su actuación pues con ello confirmó, aseguran, una supuesta alianza del delegado del gobierno federal, Juan Carlos Loera, (sobrino suyo) con el gobernador Corral, quien también había aprobado la celebración de las elecciones primarias.

 

Muchas cosas deberán explicar en el futuro inmediato porque la contienda electoral ya inició, el principio lo marcó el declive del poder y fuerza del mandatario en turno.

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