Los datos oficiales del coronavirus son otros, ¡pero no importa! PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Lunes, 29 de Junio de 2020 11:55

Mario Alfredo González Rojas.

 

Aunque es fundamental estar bien informado sobre el curso de la pandemia del coronavirus, por conveniencia propia, resulta secundario el ajustarse plenamente a las noticias vacilantes, dudosas, tendenciosas que circulan en los medios sobre este mal. El responsable de transmitir los pormenores de la enfermedad, no se pone de acuerdo consigo mismo, y así no podemos confiar ciegamente en esos vaivenes.

 

Hay directrices que nos han quedado muy claras y con eso basta: la sana distancia, lavarnos las manos, evitar aglomeraciones. Esa es la síntesis que tenemos que obedecer. Y lo del cubre bocas, pues ya queda a elección personal, aunque hay que ponérselo en ciertos lugares, porque si no, no entramos. Punto.

 

Existe mucha historia de las grandes epidemias y algunas de estas, convertidas en pandemias y de esta información quedan recomendaciones concretas, como las que mencioné. Y de que hay que cuidarse, hay que cuidarse. A propósito de historias de epidemias, lo que nos muestra que no son cuentos para asustar y que pueden llegar a impactar, estos días pasan en la televisión una serie sobre Sor Juana Inés de la Cruz, la originaria de Estado de México y que forma parte de los exponentes del Siglo de Oro Español, ya que fue una excelsa poeta y prosista. Pues ella murió el 17 de abril de 1648, víctima de peste. Cuentan que ayudaba a sus hermanas en la tarea de atender a enfermos.

 

También una epidemia de viruela azotó a Tenochtitlán en plena guerra contra los españoles, y por diversas fuentes sabemos, que gracias a esta enfermedad que trajo un negro que venía con Pánfilo de Narváez, el emperador mexica Moctezuma falleció en 1521. Otros aseguran que fue de una pedrada que le dieron, por su flaqueza mostrada ante los conquistadores comandados por Hernán Cortés. Tal vez ni una de las supuestas causas de la muerte del tlatoani sea cierta, pero las epidemias sí fueron reales.

 

Decía que la historia, la que se nos olvida que es la gran maestra, contiene instrucciones que conviene no olvidar. Fíjese, que hasta Mahoma, el pastor que llegó a ser un profeta, predicador, guía del Islam, hablaba de los cuidados para no infectarnos ante una pandemia. Murió  el 8 de junio de 632 en Medina a los 63 años, pero no por la enfermedad. Recomendaba, el lavado de manos, la sana distancia y estar encerrados. ¡Lo mismo!

 

Vamos a hacer a un lado los "reborujos" de López- Gatell en torno al coronavirus, y sus contras con las autoridades de salud de los estados, los ex jefes de Salud del gobierno federal, con la OMS, con medio mundo. En esta vida hay que ser prácticos y más que todo objetivos, así es que hay que sacar nuestras conclusiones derivadas de la historia y del sentido común. Mientras Gatell informa de 27 mil muertos, don Raúl Rojas, de la Universidad de Berlín, matemático, estudioso, que sabe de proyecciones como las que se hacen con los datos referentes a la población que maneja el INEGI, por caso, manifestó hace días, que ya deben pasar de 65 mil muertos. Sabe usted, que por ejemplo si cada diez años, el número de habitantes aumenta, digamos, 13 millones en México, para este 2020 seremos unos 127 millones, ya que en el 10, éramos 114 millones. Son las proyecciones, las que pueden fallar en precisión, pero son aproximaciones muy cercanas a la realidad, y que en el caso de la pandemia nada tienen que ver con las mentiras de Gatell.

 

En México empezamos tarde a cuidarnos, porque el gobierno federal indicaba que era cosa de "pasadita", y a estas horas ya estamos entre los primeros países en el mundo con más muertos, a pesar de los ocultamientos de datos. Pero eso que nos valga, hay que trabajar, estudiar, divertirse. Y hay que cambiar el miedo por precaución, hombre prevenido vale por dos.

 

Nuestra libertad, nos faculta para interpretar los malabarismos oficiales, los cálculos políticos. A estas horas ya sabemos lo que hay que hacer, es uno de los frutos del confinamiento. 

 

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