La Cantina, donde la palabra se humedece PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Fray Fernando   
Lunes, 29 de Junio de 2020 15:45

Por: Fray Fernando.

Trabajo educativo y pandemia.

La Cantina recibió con gusto la opinión de un maestro en torno a la situación que viven los profesores, alumnos y sus familias en ésta época de coronavirus. La compartimos:

Trabajo en una escuela primaria de la ciudad ¿Nombre, sistema? Es lo de menos, ante la situación provocada por la pandemia todas son iguales. El virus democratiza hasta los planteles de educación básica.

La igualdad se refleja en un agotamiento general situación en la que nos acompañan las familias de nuestros alumnos. Estos también están cansados pero todos hemos realizado un esfuerzo inimaginable en un contexto de carencias y poca comprensión de otros sectores sociales.

Nada más piensen en las jornada diarias de maestras y maestros que hemos enfrentado el reto de suplir la educación presencial por la virtual, muchos de nosotros sin formación en competencias digitales. La responsabilidad ha derivado en largas jornadas y gastos extraordinarios porque hemos tenido que contratar líneas de Internet y llamadas ilimitadas desde nuestros teléfonos celulares y desde nuestras, no siempre muy eficientes, computadoras, tablets y laptops. Todo desde los recursos personales.

La verdad, aparte de apasionante porque así es el compromiso de educar a niñas y niños, el trabajo ha sido fatigoso en la medida en que los padres de nuestros alumnos debieron ajustar vida familiar, escolar y laboral, concordancia sumamente difícil. Imagínense para alumnos, padres de familia y maestros la dificultad de entrar a la plataforma designada por la autoridad educativa, a correos electrónicos, a descargar aplicaciones sin formación informática, a contar con Internet, a tener suficiente número de teléfonos celulares, saldo, etcétera. Entonces, la conciliación de vidas ha sido bastante fatigosa.

Especialmente para nuestros alumnos el contexto en que se vive provee de grandes dificultades como han sido el encierro y los conflictos propios de un entorno familiar no siempre ecuánime; los trabajos no siempre entendidos propuestos en la versión de educación virtual, pero sobre todo la perdida de lo que más les gusta: su escuela, sus aulas, los patios, el recreo, la convivencia con sus amigos, las bromas, las graduaciones, las discusiones, los abrazos.

El contacto permanente con mis alumnos y sus familias me permite asegurar que la mayoría ha enfrentado la situación solo con un teléfono celular con saldo escurridizo. Imagínense 3 o 4 pequeños intentando: bajar una app, ver videos, ejercicios, explicaciones y tareas. Reto a los que con todo y que cuenten con experticia en estas expresiones informáticas a que lo intenten

Hace días se puso en el congreso local a debate la ley de educación y me pregunto: ¿los legisladores toman en cuenta las reales necesidades de los docentes y circunstancias específicas como las que estamos viviendo? No veo que sea así. Vivimos tiempos de cambio profundo y parece ser que a muy pocos interesa una educación fiable y digna para nuestros niños.

Creo que esto debe considerarse, y hoy que un amplio sector de la población empieza a sumergirse en acciones de lo que va a ser la elección del 2021, debieran tomar en cuenta que importan más soluciones viables, y menos propuestas políticas en busca de votos que seguramente, con todo y manipulación de emociones propias de estas campañas pocos creerán.

Por lo pronto un amplio reconocimiento a mis alumnos, a sus padres, a sus familiares que con todo y la difícil conciliación de vida laboral, familiar y escolar han estado en la trinchera educativa de este tiempo.

¡¡Gracias a todos!!