El elector y los que están, los que se van y los que vienen PDF Imprimir E-mail
Opinión - Devenir
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Lunes, 20 de Julio de 2020 15:45

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

No como se quisiera, pero poco a poco los ciudadanos van involucrándose cada día más en los asuntos públicos. Ya no se circunscriben a acudir a votar y luego a observar cómo se nos beneficia o se nos perjudica desde el ejercicio del gobierno. De una u otra manera manifiestan sus inconformidades y sus exigencias.

 

No hay que perder de vista que ese limitado involucramiento no sólo pudiera obedecer a una apatía social, sino también a la resistencia de quienes detentan el poder público a ser cuestionados sobre su desempeño, aún y cuando en el discurso dicen tener una total apertura a la crítica y a reconsiderar el rumbo de su gestión. Su intolerancia conlleva represalias en múltiples casos, y por ello son contados quienes se animan a denunciar irregularidades y el incumplimiento de promesas.

 

Las redes sociales han servido para que las personas expresen su punto de vista sobre determinados temas o repliquen el de los demás, pero no pudiera afirmarse que en general lo hacen de manera informada y, en consecuencia, responsable. Tratándose de cuestiones políticas, a ciegas defienden a quienes por el motivo que sea son de su preferencia, y de idéntica forma atacan a quienes no lo son. La objetividad y la buena fe desafortunadamente aquí no son consideradas y, el interés por el bienestar común, es desplazado por el “frenesí” de tirios y troyanos.

 

Pero a quienes vemos difundiendo por doquier mensajes hasta enfermizos en contra de determinadas personas que ocupan algún cargo público (independientemente del partido político del que éstas provengan), muy difícilmente los veremos interponiendo una denuncia ante la autoridad correspondiente y sosteniendo su dicho con las pruebas a que haya lugar. No se trata de acallar expresiones, pero debemos ser muy honestos con nosotros mismos y con los demás, e informarnos y asegurarnos de la veracidad de lo que manifestamos. Debemos aspirar a la cohesión social, no a enconos.

 

Si en lo colectivo realmente nos fijáramos como objetivo primordial el bienestar de todos, llegaría el momento en que, incluso, nos sinceraríamos y reconoceríamos una mala elección en las urnas y, sin cortapisa alguna, exigiríamos el correcto desempeño de quienes nos gobiernan. En similares condiciones, se apoyaría un buen gobierno por el que no se votó.

 

Frente a las elecciones que habrán de celebrarse en todo el país el próximo año, y en las que se renovarán un sinnúmero de cargos entre federales, estatales y municipales, quienes estamos -y estarán- en condiciones de participar en ellas, si bien ya deberíamos ir razonando nuestro voto con los elementos que tenemos y vayamos teniendo a nuestro alcance, también tenemos otra responsabilidad no menos importante, como lo es la de prever que no se presente alguna “sorpresa” con quienes todavía continuarán y con quienes concluirán su gestión.

 

En esa pasarela de personajes poco o nada pulcros que hemos estado observando de unos años a la fecha, y en la cual no ha habido distinción de colores y de género, nos hemos percatado de que la hipocresía cada vez está más presente en la política y en las ofertas electorales.