Dióxido de cloro, peligroso y no sirve contra COVID19: UNAM y OPS PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Viviana Mendoza   
Lunes, 03 de Agosto de 2020 14:44

Provoca efectos adversos a la salud, como cambios en la actividad eléctrica del corazón.

 

El dióxido de cloro, comercializado como solución mineral milagrosa y opción para el tratamiento de la COVID-19 y otros padecimientos, provoca efectos adversos a la salud, como cambios en la actividad eléctrica del corazón, que puede llevar a ritmos cardíacos anormales, así como baja presión arterial; insuficiencia hepática aguda, vómitos y diarreas severas; estas reacciones dependerán de la cantidad de sustancia ingerida, alertó Carlos Rius Alonso, académico del Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Química.

 

El dióxido de cloro es un gas inestable y lo que venden es una solución de clorito de sodio con un ácido (clorhídrico, cítrico, láctico o cualquier otro): “Puede ser comercializado como dos soluciones, por un lado, de ácido clorhídrico al 3 por ciento y, por otro, una solución de clorito de sodio disuelto en agua al 25 por ciento; al mezclarse ambos, se forma el dióxido de cloro”.

 

Al respecto de su forma de empleo, Rius Alonso comentó que recomiendan tomarlo, pero al ingerirse elimina bacterias del esófago, y al ser un fuerte agente oxidante, destruye células del organismo, pero no al virus.

 

“Si se toma un cultivo de virus y bacterias, y se le añade esta sustancia, en efecto se van a destruir, porque se agrega un fuerte agente oxidante. Es diferente hacerlo in vitro (en un ambiente controlado fuera de un organismo) que in vivo (en un organismo), explicó el académico.

 

Una explicación de las empresas para consumir el dióxido de cloro es que genera oxígeno y, por lo tanto, oxigena la sangre. Sin embargo, detalló, “poco a poco oxida al hierro y baja el conteo de hemoglobina, es decir, el conteo de glóbulos rojos, con ello la función de la respiración disminuye poco a poco. El dióxido de cloro oxida parte del hierro de la hemoglobina, lo que impide transportar oxígeno de los pulmones a otras partes del cuerpo”.

 

Este compuesto, añadió el universitario, se empezó a utilizar en la década de 1940 como desinfectante para agua, pues elimina virus y bacterias que pueda contener dicho líquido: “Se utiliza para esterilizar algunos espacios como quirófanos, pues el dióxido de cloro es un gas que llega a varios lugares, oxida y destruye cualquier patógeno”.

 

El dióxido de cloro también es recomendado equivocadamente para tratar enfermedades como malaria, cáncer y hepatitis, entre otras, y su precio oscila entre 100 y 2 mil pesos: “Mucha gente lo consume, pero habría que alertarlos, pues no está comprobada su efectividad y no hay estudios concluyentes. Lo único que aporta a quienes lo ingieren es un efecto placebo”, expresó.

 

Asimismo, dijo que quienes ofertan esta solución argumentan que la industria farmacéutica no quiere darlo a conocer, al ser una opción con un costo accesible, lo cual podría eliminar muchos fármacos, incluso los utilizados en el tratamiento contra la COVID-19.

 

Al respecto, el docente sostuvo que esto es infundado, pues “en México cerca del 80 por ciento de los medicamentos vendidos son genéricos, los cuales tienen precios hasta 10 veces menos que los de las compañías farmacéuticas y, por lo tanto, pensar en un complot de éstas no es un argumento sólido”.

 

Esto cuadra con lo expresado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) no recomienda utilizar productos a base de dióxido de cloro o clorito de sodio por vía oral o parenteral en pacientes con sospecha o diagnóstico de COVID-19, ni en ningún otro caso, porque no hay evidencia sobre su eficacia y la ingesta o inhalación de estos productos podría ocasionar graves efectos adversos.

 

El dióxido de cloro y el clorito sódico reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y, si se ingieren pueden causar irritación de la boca, el esófago y el estómago, con un cuadro digestivo irritativo severo, con la presencia de náuseas, vómitos y diarreas, además de graves trastornos hematológicos (metahemoglobinemias, hemolisis, etc.), cardiovasculares y renales.

 

La disminución de la presión arterial puede dar lugar a síntomas graves como complicaciones respiratorias debido a la modificación de la capacidad de la sangre para transportar oxígeno (FDA, 2020; ATSDR, 2004). Adicionalmente, la inhalación a través de nebulizadores puede generar edema pulmonar, broncoespasmos, neumonitis química y edema de glotis e incluso producir la muerte si se las exposiciones están por encima del valor límite de exposición profesional (OMS y col., 1994; OMS, OIT, 2000). La exposición prolongada puede dar lugar a bronquitis crónica y erosiones dentales. Las concentraciones elevadas pueden ocasionar efectos adversos en distintos órganos (Peck, B. et al., 2011).

 

El dióxido de cloro es un gas de color amarillo o amarillo-rojizo utilizado como blanqueador en la fabricación de papel, en plantas públicas de tratamiento de agua y en el proceso de descontaminación de construcciones. Al reaccionar en agua, el dióxido de cloro genera iones clorito. Ambas especies químicas son altamente reactivas, por lo cual cuentan con capacidad de eliminar bacterias y otros microorganismos en medios acuosos (Agency for Toxic Substances and Disease Registry [ATSDR], 2004).

 

 Este gas se ha utilizado como desinfectante, en bajas concentraciones para la potabilización de agua (OMS: 2008, 2016) y en ensayos clínicos de antisepsia bucal (National Library of Medicine, 2020).

 

El hipoclorito de sodio es un producto de desinfección para uso en superficies inanimadas, comercializado como lejía o lavandina con diferentes concentraciones. 

 

FUENTES:

http://www.unamglobal.unam.mx/?p=87927&fbclid=IwAR2EAisqMowRTmuiTFh7uhyg8tG_Fo6XxLWIt48mmmnqFhaebksF-jJlm-A

https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/52484/OPSIMSPHECOVID-19200040_spa.pdf?sequence=5&isAllowed=y