La Cantina, donde la palabra se humedece PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Fray Fernando   
Sábado, 22 de Agosto de 2020 12:14

Fray Fernando.

 

Escuelas y fantasmas.

 

Las historias acerca de fantasmas y espíritus chocarreros que se manifiestan en las escuelas de la ciudad abundan. Sobran: alumnos, conserjes, padres de familia, docentes y chismosos que narran experiencias aterradoras producto de apariciones fantasmales en los planteles.

 

Tal es el caso del niño que por las noches clama ser puesto a salvo de un encierro involuntario en los salones de la planta alta de la escuela Manuela Medina No 225 (Hoy Museo del Mamut) en la calle Juárez. Según el dicho de los informantes el pequeño desde un llanto pavoroso implora atención ante lo cual de inmediato se procura ponerlo a buen recaudo pero jamás se le encuentra, para nuevamente aparecerse en la madrugada siguiente.

 

Otra historia da cuenta de una joven madre que falleció en un jardín de niños a consecuencia de un infarto repentino y fatal. Al poco tiempo empezó a aparecerse una mujer vestida de blanco quien llama por su nombre a quienes acuden por las tardes a la escuela. La fantasmal aparición con voz cacofónica implora atención médica y ciertas medicinas. Al responder solo se escuchan pasos apresurados y una macabra risa que pone la “piel chinita”.

 

Una más, de las decenas de historias de fantasmas en escuelas, es la de la niña que súbitamente se aparecía en los antiguos baños de la escuela Centenario, en el Santo Niño. Caminaba según los testigos presenciales como si flotara mostrando una palidez cadavérica al tiempo que exigía atención a su ininteligible habla. Se decía que tal vez fuera la alumna de tercer grado que por 1915 murió al correr fuertemente en el patio y al caer se desnucó.

 

Otra, es la del misterioso charro que por las noches emerge de la escuela primaria en Robinson. Invariablemente se dirige rumbo al salón ejidal y los valientes que le han seguido, aseguran que se desvanece súbitamente. Jamás nadie le encontró.

 

Muchas más son las narrativas de espectros y fantasmas que según los testigos que aseguran haberlos visto rondan por los edificios que albergan a niñas y niños en jardines de niños y escuelas primarias y jardines de niños de la ciudad.

 

Todo esto va bien. Son historias que debieran ser recopiladas en un afán de documentar la memoria colectiva de muchas generaciones e incluso escucharlas en voz de abuelas y adultos resguardados en las cobijas caseras. El asunto se complica cuando se fomenta a través de estas narraciones ideas sobrenaturales y prejuicios bastante alejados de la realidad y de la ciencia.

 

Es cuando conviene recordar que: “Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”. ¿Por qué? Bueno, porque urge cumplir con las expectativas de educar a las nuevas generaciones libres de mitos, supersticiones y fanatismos que en nada abonan a la comprensión de un mundo que requiere urgente atención.

 

Respecto a los fantasmas de las escuelas, hoy fácilmente se puede comprobar que son experiencias alucinatorias como la de los sueños normales y casi el cien por ciento ocurren cuando se reduce la «luz del día» (input sensorial) mientras la “iluminación interior» (nivel general de excitación cerebral) sigue siendo «brillante» y las imágenes que se originan dentro de las «salas» de nuestros cerebros pueden ser percibidas (alucinadas) como si vinieran de fuera de las «ventanas» de nuestros sentidos”.

 

Las personas que he entrevistado para compilar historias de fantasmas en las escuelas de la ciudad, señalan que a ellos les contó la persona a la que se le apareció el espectro. Los pocos de primera mano siempre me dicen que su primera pregunta ante la aparición fue: ¿Me engañan mis ojos, u oídos, nariz o memoria? ¿O es que, real y verdaderamente, soy testigo de algo fuera de lo común digno del programa “La Mano Peluda”? ¿Debería callármelo, o decirlo?

 

Generalmente como dice el popular dicho, ante una experiencia así, cabe la expresión: “Es mucha mercancía para tan escasa bodega”, por lo que pronto sueltan su versión. Saben que quienes les escuchan son parte de una sociedad que se apresura a creer en fantasmas, y si bien, a espaldas tal vez tachen de loco o borracho al proveedor de la nueva fábula, este apuesta a que su cuento merezca aprobación e incluso prestigio. Por ello siempre se tiende a exagerar la narrativa para darle un aire más misterioso todavía.

 

Todo esto está bien, es agradable, pero entre otros, los maestros, debieran aclarar que tales narraciones de fantasmas con todo y su sabor cultural, no son más que sombras que la psicología, la ciencia neuronal y la vida real explican perfectamente.

 

Con todo quien tenga una historia de fantasmas mándemela a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla . Estoy elaborando un libro de narraciones espectrales en las escuelas de la ciudad de Chihuahua. No para fomentar la falsa creencia en seres sobrenaturales, sino para documentar una vertiente de la cultura popular de nuestro pueblo y cotorrear un poco con los muertos.