Marcha del hambre indígena PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Isaías Orozco Gómez   
Domingo, 06 de Septiembre de 2020 12:59

Isaías Orozco Gómez.

         Nada más oportuno que este “Mes de la Patria” para recordar una de las más trascendentes obras revolucionarias de la guerra independentista de México, como lo siguiente: El 14 de septiembre de 1814, se realizó el Congreso de Chilpancingo, convocado por el General José María Morelos y Pavón, en el cual presentó a la asamblea, en 23 puntos, su histórico y avanzado documento titulado: “Sentimientos de la Nación”, exponiendo genialmente sus concepciones políticas y sociales al mismo tiempo que la interpretación más fidedigna de los deseos y aspiraciones del pueblo explotado, destacando entre otras, también de suma importancia: “…que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben de ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejoren sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto… [Así mismo propone] la abolición de la esclavitud y de la distinción de castas, quedando todos iguales y debiendo distinguir a un americano de otro, sólo el vicio y la virtud”.

         Más de dos siglos han transcurrido desde la fecha en que Morelos expuso lo anterior, y la realidad que siguen “viviendo” las etnias originarias que habitan el estado de Chihuahua como la rarámuri, y las más de sesenta restantes que pueblan el territorio nacional sigue siendo de explotación de su fuerza de trabajo, en algunos casos cuasi esclava, de saqueo de sus milenarias riquezas naturales (tierras, bosques, aguas, minerales, zonas arqueológicas y turísticas…); y, lo más grave, siguen sumidos en esa ancestral HAMBRE, DESNUTRICIÓN  y graves enfermedades como la TUBERCULOSIS. Esperanzadas, la mayoría de esas etnias indígenas a lo poquito que siembran –en su mayoría–  de temporal y a unos cuántos raquíticos ejemplares de sus animalitos de ganado menor.   

         En tal sentido, en los umbrales del S. XXI las regiones con mayor marginación, las nueve regiones que más mostraron,  y desgraciadamente siguen mostrando la historia del olvido social y objetivamente de los gobiernos en turno, son: La Tarahumara, de Chihuahua; la Laguna, de Coahuila; la Montaña y Alto Balsas (Guerrero), la Sierra Gorda (en Guanajuato, Hidalgo, Querétaro y San Luis Potosí, más parte de la Alta Huasteca); la Sierra Norte Otomí Tepehua (en Puebla e Hidalgo); la Sierra Negra Mazateca-Zongolica (en Oaxaca, Puebla y Veracruz), Campeche, Campeche, los Altos y la Sierra de Chiapas.

         Penosa y frustrantemente, Chihuahua, una vez más, vuelve a ser noticia local, nacional ¿y mundial? de la situación económica y social que impera entre los cuatro grupos originarios asentados en nuestra entidad federativa, sobresalientemente los Tarahumaras, ya que “Los gobernadores indígenas de más de 40 comunidades de la Sierra de Chihuahua se reunirán hoy [domingo] para definir las estrategias y pormenores de la MARCHA DEL HAMBRE (mayúsculas mías), la cual se realizará el próximo domingo 20 de septiembre del presente año, comentó Luis Carlos González Fierro, coordinador de la actividad.

         “Agregó que los gobernadores indígenas son de comunidades de los municipios de Bocoyna, Urique y Guachochi, quienes definirán cómo se realizará la marcha, además de confirmar la cantidad de rarámuri que participarán, por lo que esperan más de mil.” (Bernardo Islas, El Diario, domingo 6 de septiembre de 2020).

         En esa misma nota se informa que la MARCHA DEL HAMBRE iba a iniciar este martes 8 de septiembre desde la comunidad de San Juanito, Bocoyna, en donde se quedaron la vez pasada; sin embargo, se tuvo que cambiar para el 20 de septiembre, debido a que no se ha conseguido alimentos y agua para los participantes en el recorrido.

         Por lo que se ve y se escucha. Muy lamentablemente ni el gobierno de la Cuarta Transformación, ni el Gobierno del Estado, ni los presidentes municipales respectivos, ni lo diputados locales, ni los diputados federales y senadores de la República, han interpuesto sus “valiosos y dignos servicios” para librar de esa  tan precaria “vida” en que por siglos han subsistido no sólo las etnias originarias sino también miles y miles de familias mestizas que habitan esas mismas regiones.

         Por lo pronto, mucho serviría para apoyar (que no regalar, ni dar caridad) de momento, mientras se recompone la presencia de la Madre Naturaleza con su bienestar lluvioso, que esos miles de millones de pesos que se van a entregar a los partidos políticos para sus campañas, se utilizasen para solucionar las graves carencias que sufren “nuestros hermanos” indígenas.

         Que definitivamente se respeten sus tierras, sus bosques, sus aguas, sus minerales, sus zonas recreativas y turísticas; que ellos sean los únicos usufructuarios u organizadores y administradores de sus riquezas naturales y del producto de su trabajo. Protegerlos al máximo, de la presencia de la delincuencia organizada, de los capos de las drogas.

         Para que sea motivo de una iniciativa de ley estatal o federal, que con el propósito de que  se tenga un “capital” para sortear oportuna, suficiente y eficientemente esas duras temporadas de HAMBRUNA, DESNUTRICIÓN y MISERIA de nuestras etnias originarias, se establezca que todos los trabajadores aportemos SOLIDARIAMENTE un día de salario (no un salario mínimo) por año, para auxiliarlos de diversas formas.