Trastornos mentales y discriminación PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Lunes, 07 de Septiembre de 2020 15:46

 

Benito Abraham Orozco Andrade.

         De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos mentales en general se caracterizan por una combinación de alteraciones del pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás. Entre tales padecimientos se encuentran la depresión, el trastorno afectivo bipolar, la esquizofrenia y otras psicosis, la demencia, las discapacidades intelectuales y los trastornos del desarrollo, como el autismo.

 

         Para quienes padecen tales enfermedades, así como para sus familias, no les es sencillo sobrellevar una vida de interacción con otras personas, pues ante la presencia de esas conductas que son propias de dichos pacientes, principalmente cuando resultan muy marcadas en relación con el comportamiento “normal” de cualquier persona, es común que exista el rechazo hacia ellas y, de la misma manera, el autoaislamiento.

 

         Para muchas otras enfermedades y/o condiciones que limitan las capacidades, que son más visibles o evidentes, se ha venido teniendo un sinnúmero de consideraciones, lo cual es positivo y ojalá y se siga avanzando más en ello; sin embargo, para las relativas a los trastornos mentales, todavía falta mucho camino por recorrer, y estamos lejos de que haya una sensibilización de la sociedad para que quienes las padecen, puedan tener una participación colectiva sin restricciones.

 

         ¿A poco a una persona con bipolaridad o con trastorno límite de personalidad se le contrata para un empleo sin mayor problema? ¿A cuántos niños se les rechaza y se les etiqueta de por vida como problemáticos, cuando su condición tiene que ver con una enfermedad? ¿Cuántas personas no buscan un refugio en las adicciones de diferente naturaleza (hasta en la ludopatía), como un alivio para su insatisfacción interna? ¿Se les debe condenar a la marginación permanente?

 

         Loco, estúpido, rebelde, irresponsable, etc., son parte de los incontables calificativos que indebidamente se utilizan para referirse a ellos, sin detenerse a pensar en la causa de sus comportamientos diferentes. Cuántos familiares, amigos o conocidos, no irán cargando con inestabilidades o sufrimientos que no depende de ellos resolverlos, sino del apoyo de un médico especialista, y al desconocerse tal posibilidad, se les priva desde la infancia de una vida más llevadera.

 

         Algunos datos significativos que ofrece la OMS respecto de los trastornos que nos ocupan, son los siguientes: aproximadamente, 1 de cada 5 niños y adolescentes tiene un trastorno mental; la depresión afecta a 264 millones de personas y es una de las principales causas de discapacidad; cerca de la mitad de los trastornos mentales aparecen antes de los 14 años; cada año se suicidan cerca de 800,000 personas, siendo esta la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años de edad, y; la economía mundial pierde cerca de 1 billón de dólares al año en productividad, debido a la depresión y a la ansiedad.

 

         Por otra parte, el mencionado organismo internacional refiere que las tasas de profesionales de la salud mental oscilan entre menos de 2 por cada 100,000 habitantes en países de ingresos bajos, y más de 70 por cada 100,000 habitantes en países de ingresos altos (una diferencia abismal, e insuficiente en ambos casos). Asimismo, señala que menos de la mitad de los 139 países que disponen de políticas y planes de salud mental, afirman que estos se ajustan a las convenciones de derechos humanos.

 

         Las cifras en cuestión resultan sumamente preocupantes e incitan a actuar en consecuencia -o al menos eso deberían-, por esos hijos, padres, amigos, etc., que tienen que ir soportando sufrimientos que les son inexplicables, y que provocan de una u otra forma el rechazo de quienes les rodean, hasta de sus propios familiares.

 

         El anterior no es un tema menor, y debería estar en la agenda de la salud pública nacional como una prioridad para educar a la sociedad en general sobre el particular, pero ante todo, para allanarles una vida de calidad a quienes padecen esas enfermedades imperceptibles e intolerables para muchos.