Los grandes beneficios ocultados por el tiempo y el egoísmo PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Mario Alfredo González Rojas   
Lunes, 16 de Noviembre de 2020 15:16

Mario Alfredo González Rojas.

 

Un día leí un libro, bueno, en unos días, y por cierto no recuerdo su nombre ni el del autor. Pero lo consideré de grandes enseñanzas, entre ellas la de la paciencia, que significa mucho para cualquier persona.

 

El autor no era de los muy reconocidos en ese campo del esoterismo, como son los nombres de Helena Blavatzki, Annie Bessant, Mabel Collins, entre otros de amplia consideración. Trata el libro, de la búsqueda que hacía un joven por distintos rumbos de India, de la persona más sabia; una mañana por fin el joven encontró a alguien de quien decían lo era, y el que sólo le dijo: sígueme.

 

Pasaron años y un día, el maestro le manifestó tener mucha hambre, y que como estaban a unos metros de una fiesta de bodas, lo conducente era que fuera él, a pedir algo de alimentos. Confundido el discípulo, obedeció, pero al no ser un invitado, no pudo entrar al jolgorio y de pasada obtuvo una buena tanda de golpes, por atreverse a entrar sin permiso. En otra ocasión, el alumno recibió la orden de arrojarse al suelo, el que estaba lleno de insectos, para que pudiera pasar el sabio. Sumiso cumplió la orden el requerido para ello, ante una gran molestia por las picaduras de las sabandijas.

 

Luego de 22 años de andar y andar los caminos, y sin que hubiera una sola palabra de enseñanza, al llegar a una playa, el maestro se quitó una de sus sandalias y con ella le pegó levemente en la cara al otro, para alejarse enseguida. Perplejo el aprendiz, cuando se retiró su preceptor, alcanzó a comprender que la paciencia había anidado en su ser.

 

El conocimiento es poco y se sabe tan poco de su existencia. Así como tarda años en descubrirse, hay quienes lo esconden por estrategia didáctica, egoísmo, o por cálculo. Vista desde lejos esta película de la vida, un observador diría que la trama se acabaría en un santiamén y que no tendría ningún atractivo, ver cosas ya solucionadas. Ahora, con motivo de la pandemia han aparecido productos aquí y allá, de los que se dice que podrían ser la cura. Uno de ellos que está, vamos a decirlo, de moda, es el dióxido de cloro, pero según se comenta, no lo han dado por bueno las autoridades, porque se les acabaría el negocio a los laboratorios, que están en proceso de sacar la vacuna salvadora.

 

Lo mismo se ha dicho de los remedios contra el cáncer, disque ya existen, pero sería el mismo caso de la curación del coronavirus 2. A usted le ha pasado que al ir al médico, no recibe muchas indicaciones, sobre dietas y cuidados específicos para acabar con su mal. Usted tiene que sujetarse a la receta de medicinas del médico, y no andar con que el tomate es bueno para la próstata, el ajo para la digestión, el vino tinto para conciliar el sueño, la zanahoria y los arándanos para la vista, etc. No, nada de eso hay que decirle al médico. Salvo en contadísimas ocasiones, el galeno le recomendará adicionales remedios, o asentirá con los que usted le sugiera.

 

Cada quien tiene su oficio, su profesión, una manera de ganarse la vida, y salir con claves de la "receta", es acabar con las posibilidades de continuar luchando por el sustento. Recibí ayer un wattsApp, que trata de investigaciones actuales de israelitas acerca de la cura del Alzheimer; de diferentes tipos de cáncer; para detectar el cáncer de colon con un simple análisis de sangre; cómo curar el Mal de Parkinson; hasta cómo se elimina el acné. De encontrarse los resultados salvadores, tendríamos la posibilidad de vencer estos males.

 

Pero, ¿cómo doblegaríamos la resistencia humana a compartir por compartir, o en un plan comercial justo  y ético, las cosas buenas de la vida, sin un sentido calculador y mercenario?