Dr. Eduardo Mendoza Fuentes y otros médicos más PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Benito Abraham Orozco Andrade   
Lunes, 23 de Noviembre de 2020 19:05

 

Benito Abraham Orozco Andrade.

 

De una implacable presencia ha resultado el nuevo coronavirus, y entre los lamentables casos de personas que han fallecido a consecuencia de su contagio, el personal que atiende en los centros de salud se encuentra en primer orden dado el contacto directo -o muy próximo- con los enfermos de dicho padecimiento.

 

Desafortunadamente, tanto en el personal de salud, como en cualquier otra persona en general que ha sido contagiada o, en su caso fallecido, con motivo del letal virus antes mencionado, están pasando a ser estadísticas, simples cifras que día a día van engrosando los informes que las autoridades sanitarias nos comunican. Tal parece que nos estamos acostumbrando a que familiares, amigos y conocidos se vean afectados por ese flagelo, incluso llegando hasta perder la vida.

 

Pretendiendo que la labor de esos hombres y mujeres que día a día ponen su mejor esfuerzo en beneficio de la salud de los demás, no quede en el anonimato o en la indiferencia, sobre todo de aquellos que se han visto afectados por la pandemia que actualmente permea en todo el mundo, como un modesto homenaje me permito hacer referencia al lamentable deceso en estos días del Dr. Eduardo Mendoza Fuentes (médico ortopedista), Dr. Julián Sánchez Tarando (médico pediatra) y Dr. Héctor Joel Rico Ramos (médico hematólogo).

 

Cabe señalar que de los tres médicos, a quien tuve la oportunidad de conocer fue al Dr. Mendoza Fuentes y a su familia, con quienes se ha tenido una relación que si bien, no de mucha cercanía, sí muy grata en la convivencia que se ha llevado a cabo. Primeramente, junto con mi esposa e hijas, entablamos relación con uno de sus hijos, de donde derivó la interacción con sus otros hijos, así como posteriormente con su esposa. Una familia muy estimada de amplios valores.

 

En múltiples ocasiones, una de mis hijas fue invitada a jugar boliche con el Dr. Mendoza y con sus hijos, pues eran clientes asiduos de un lugar de ese giro que se encuentra en el periférico de la Juventud de la ciudad de Chihuahua. Según referencias de mi hija, él era un excelente padre, cariñoso y de buen trato no sólo con sus vástagos, sino también con ella, por lo que dada la cercanía que se fue dando entre ellos, mi hija lo llegó a llamar también “papi”. 

 

Al Dr. Eduardo Mendoza lo conocí posteriormente en el ejercicio de su profesión, cuando atendió y operó en dos ocasiones a mi esposa (y después a otros familiares), donde pude constatar su excelente preparación y experiencia, pero sobre todo su calidad humana. Previamente tuve referencias de que era un buen médico, consciente de las condiciones precarias de algunos de sus pacientes, a quienes no sólo no les cobraba la consulta, sino que además les proporcionaba gratuitamente los medicamentos de que disponía.

 

De acuerdo con las referencias que la apreciada Dra. María Guadalupe Martínez Fernández amablemente me proporcionó sobre el Dr. Mendoza Fuentes, en virtud de que ambos fueron condiscípulos en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), él era una persona muy alegre y servicial, siempre atento a las necesidades de los demás. Como experiencia personal en tiempos de estudiantes, comenta que en virtud de que el Dr. Mendoza disponía de un vehículo para trasladarse a la Universidad, no le importaba levantarse temprano para pasar por otros compañeros (entre los que se encontraba ella) y poder llegar todos a tiempo.

 

Por otra parte, me platica la estimada Dra. Martínez que el galeno multicitado, junto con otros compañeros y ella, en el año de 1985 se vinieron a la ciudad de Chihuahua a hacer el internado en el Hospital Morelos del IMSS, y unos años después, coincidieron nuevamente en dicha población los dos y otros compañeros de la UAG, estableciéndose definitivamente en dicha población y reuniéndose periódicamente el grupo para convivir. Además, agrega que el Dr. Mendoza fue un médico muy dedicado, de noble corazón, habiendo tenido la experiencia ella, su esposo, sus hijos y sus padres, de haber sido atendidos por él, con resultados muy gratos.

 

Indudablemente existen muchos médicos, enfermeras, personal de intendencia, etc. (como el Dr. Eduardo Mendoza Fuentes y como los doctores Julián Sánchez Tarando y Héctor Joel Rico Ramos), que merecen el reconocimiento y el respeto de los demás, principalmente en esta época aciaga que está viviendo la humanidad y en la que ellos se encuentran gravemente expuestos.

 

Mi más sentido pésame y un abrazo solidario con el afecto y el respeto de siempre para la Sra. Graciela Álvarez y para los jóvenes Eduardo, Graciela, Oswaldo y Andrés, esposa e hijos del Dr. Eduardo Mendoza Fuentes.

 

En paz descansen tan prestigiados médicos.