El ocio como actividad recreativa PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Carlos Almanza   
Martes, 29 de Diciembre de 2020 11:12

Carlos Almanza.

 

Autores: Dr.C Carlos Raúl Almanza Rodríguez, Dra Karina Denisse Moguel Torres, MAPE. Karla Juanita Montes Mata

 

Este enfoque se mueve en dos vertientes fundamentales. La primera, definiéndolo mediante un listado de actividades u ocupaciones que cumplen con una serie de características. La segunda a través de una sentencia general que se basa en una serie de aspectos que deben de tener las actividades. En el primer caso, se nos presenta un nivel lógico puramente clasificatorio, mientras que en el segundo, el proceso de la definición se realiza a partir de una inferencia inductiva de corte empírico.

 

En realidad, el primer acercamiento debido a sus limitaciones gnoseológicas ha sido una fase inicial superada en un corto tiempo. Para Zamora y García (1988) citado por Jasso (2003) desde el punto de vista lógico, es un estadio clasificatorio muy elemental que se sustenta en conceptos de clase, que permite la discriminación de los elementos y los conjuntos. Estos conceptos de clase son las propiedades que deben cumplir las actividades para ser consideradas en una lista o conjunto propiamente llamado de ocio. Pérez Sánchez (2010) considera que este primer escalón conceptual posee imprecisiones y ambigüedades, ya que el ocio como actividad, ha sido también un acercamiento popular que ha servido para sobrepasar la complejidad de la definición, pues este enfoque resulta cómodo si se desea plantear un catálogo preciso de actividades, pero tiene la limitación de decidir qué actividades pueden ser ubicadas en él.

 

Por las razones anteriores se desarrolla otro enfoque, que sobre una base conceptual similar, trata de soslayar los problemas mencionados. Se trata de un intento de sintetizar la definición, procurando proponer una generalización empírica sustentada en la noción de actividad. Esta transición de un primer enfoque a otro la apreciamos en la definición de Dumazedier (1968), una de las principales y más utilizadas en nuestro ámbito de conocimiento. Dicha definición presenta una concepción de este significativo autor, basada en una definición empírica a nivel de la sociología descriptiva de la vida cotidiana y como consecuencia de estudios empíricos y análisis teóricos sobre el desarrollo tecnológico, el aumento de la productividad y la reducción de la jornada laboral.

 

Así, Dumazedier (1968, p. 18) parte, en su definición del ocio, de lo vivido por la mayoría de los trabajadores urbanos, como un elemento que en su totalidad e integrado en el conjunto de la vida cotidiana, se encuentra en un momento de evolución. Bajo este enfoque el ocio es concebido como:

 

 ...el conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede entregarse con pleno consentimiento, ya sea para descansar o para convertirse, o para desarrollar su información o su formación desinteresada, su voluntaria participación social o su libre capacidad creadora, cuando se ha liberado de (todas) sus obligaciones profesionales, familiares y sociales.

 

De la anterior definición, que posteriormente será criticada y actualizada por el mismo Dumazedier (1971), hay que decir que ha marcado toda una época en la re-flexión sobre el ocio, principalmente porque logra sintetizar los aspectos más importantes que éste ha desarrollado y de ella se desprenden algunas consideraciones importantes y oportunas susceptibles de ser retomadas.

 

En primer lugar, un elemento fundamental es el carácter objetivo de la definición que venimos tratando, debido a que concibe al ocio como un conjunto de ocupaciones. Estas actividades pueden estudiarse con todo detalle y planificarse convenientemente. En segundo lugar, el ocio requiere como tal, y como una de sus condiciones más importantes, que el individuo que lo vive lo realice voluntariamente en las distintas actividades que lo ocupan, que se obre individualmente con pleno consentimiento, lo que marca así el lado subjetivo del actor. En tercer lugar, se especifica el hecho de que el ocio se manifiesta después de haberse liberado el individuo de sus ocupaciones, cumpliendo para quien lo disfruta tres funciones básicas, que le dan sentido y utilidad.

 

Estas tres funciones: descanso, diversión y desarrollo, las famosas «tres D» son consideradas como aquellas que compensan, complementan y superan las limitaciones del trabajo. Finalmente, el ocio implica también un problema temporal para este autor, en su opinión, éste únicamente lo encontramos cuando se ha producido una liberación del trabajo y de todas las demás obligaciones, sean del tipo que sean.