La Cantina, donde la palabra se humedece PDF Imprimir E-mail
Opinión - Columnas
Escrito por Fray Fernando   
Martes, 29 de Diciembre de 2020 12:31

Fray Fernando.

 

Historias del Movimiento urbano Popular

 

- ¿Ya está lista compañera?

 

- Claro, como cree que voy a faltar a las comisiones, hoy es miércoles, día de ir con los méndigos funcionarios a exigirles que resuelvan los problemas del pueblo.

 

Estos comentarios se escuchaban cuando miles de mujeres y hombres pertenecientes al Comité de Defensa Popular se reunían semanalmente para dirigirse a diversas oficinas gubernamentales a gestionar solución a variadas necesidades de sus colonias: servicios públicos, escuelas, dispensarios médicos, titulación de terrenos y decenas de reclamos a las autoridades.

 

Marchaban en varios contingentes para dirigirse a: Junta de Agua, oficinas municipales, oficinas federales, comandancia de policía y otros. Lo hacían estratégicamente puesto que en reuniones previas habían planeado tanto oficinas que visitar como demandas que plantear.

 

Así, unas dos centenas se dirigían a palacio de gobierno coreando y señalando el edificio con el dedo índice: “Ahí están, esos son los que irán al paredón”. Otras columnas entraban a las oficinas de la Junta de Agua gritando con vigor: “Todo sube y nada baja y el pelón a viaja y viaja” (se referían al presidente Salinas de Gortari). En tanto otro numeroso contingente llegaba a la sede de Desarrollo Urbano del Estado reclamando: “Soto Ponce, gallina, sal de la cocina.

 

De esta forma las comisiones llegaban a las oficinas e invariablemente eran recibidos por la secretaria del jefe, misma que con cara de pocos amigos les cuestionaba:

 

- ¿Qué se les ofrece?

 

- Con usted nada, con su jefe muchas cosas-respondían- ¿Podría usted decirle que si puede atender una comisión del Comité de Defensa Popular?

 

- De momento no, el esta atendiendo una reunión con el personal e inmediatamente que termine tiene una conferencia telefónica con el señor gobernador.

 

La respuesta de la empleada de ninguna manera satisfacía al grupo demandante por lo que de inmediato y señalándola le endilgaban: “Momia, escucha, el pueblo está en la lucha, Momia, escucha, el pueblo está en la lucha”. La secretaria generalmente aguantaba a pie firme, refrendando su respuesta inicial de no molestar a su jefe y era cuando los solicitantes cambiaban bruscamente de táctica de convencimiento.

 

Resulta que a estas alturas los cientos de hombres y mujeres habían recorrido muchos kilómetros antes de llegar a la oficina correspondiente y sobre todo en tiempo de calor el sudor causaba estragos en la humanidad de los colonos por lo que los líderes aprovechaban tal circunstancia para dar línea de combate:

 

-Compañeros, esta momia no entiende, entonces ¡ todos a quitarse los zapatos!!

 

Acto seguido, blandiendo el calzado alzaban el tono de su demanda, situación que la momia en turno no soportaba e iba con su jefe a casi suplicarle que atendiera a los “roñosos del CDP”.

 

Hoy, los pocos fundadores del Movimiento Urbano Popular que repuntó en 1968 con la fundación de la colonia Francisco Villa recrean esta y otras experiencias de lucha. Lo hacen tal vez desde el legado de Milán Kundera o sea sus comentarios, anécdotas y recuerdos no son otra cosa que la lucha de unos hombres contra el poder. Es la lucha de la memoria contra el olvido.

 

A sus recuerdos le acompaña permanentemente la risa como alternativa para solucionar sus conflictos interiores. Tal vez aprendieron que es muy difícil controlar el mundo exterior pero que a través de la memoria como arma contra el olvido les ayuda a actuar en el eterno presente.

 

Recrean lo que escribió José Saramago, “Somos la memoria que tenemos. Sin memoria no existimos”.